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OPINIÓN - DOMINGO, 20 DE ABRIL DE 2008

 

OPINIÓN / EL OASIS

Entre militares


Manolo De la Torre
manolodelatorre@elpueblodeceuta.com
 

El jueves pasado coincidí en el Hotel Parador La Muralla con José Antonio Rodríguez, consejero de Gobernación. Esperaba él la llegada de varios comensales que iban a rendirle, así lo entendí, un homenaje a Luis Manso: ese coronel a quien desde hace muchos años le tengo ley. Tal vez, debido a una mezcla de egoísmo y vanidad, porque jamás me escatimó elogios. Sobre todo en momentos donde me eran muy necesarios.

Conversábamos Rodríguez y yo acerca de la reducción de tropas y de otros asuntos candentes de la ciudad, cuando apareció Fernando Carbonell; quien fuera segundo jefe de la Comandancia General de Ceuta. Tras la presentación pude pegar la hebra con el general. Ya que nunca antes había tenido la oportunidad de hacerlo. Y debo decir que no hizo sino confirmarme todo lo que de él me habían contado. Por lo tanto, no me extraña que haya dejado huella en esta tierra.

A la tertulia improvisada, bien pronto se sumó Fernando Jover Cao de Benos y de Les. Semejante apellido, obliga a mucho. ¿Verdad, Fernando?... A propósito, a ver el día que alguien decide encabezar la petición de un homenaje para el director del Centro Asociado de la UNED en Ceuta. Jover me pone al tanto de que el coronel Manso va a ser premiado con el escudo de oro de la Universidad a Distancia. La máxima distinción de Ésta.

Durante unos minutos se sucedieron las bromas y surgieron las anécdotas. Tiempo suficiente para que el grupo se viera incrementado. El grupo estaba atendido por Pedro Fernández Olmedo, director del establecimiento. Quien está empeñado en conseguir que El Muralla vuelva a reverdecer sus lauros. Pedro, según me han dicho, es persona sencilla, constante, eficaz, y que no necesita de levantar la voz para hacerse notar.

A punto ya de marcharme, puesto que no acepté la invitación para quedarme, hizo su entrada Luis Manso. Mi estimado coronel. A quien cuesta lo indecible, al menos para mí, darle ese abrazo que él siempre ofrece. Debido a que este militar es también enorme de cuerpo. Se le veía radiante. Y contagiaba optimismo.

Lamento mucho, de verdad, no poder nominar aquí a las otras personas que estaban en esa reunión donde se hablaba de todo y se estrechaban lazos de amistad. Porque no me fueron presentadas; quizá porque se tenía la certeza de que yo conocía sus nombres. Y no era así. De modo que lamento no poder hablar de ellas. Sin embargo, y aunque se me tache esta semana de repicar sobre la misma persona con monotonía de cigarra canicular, tengo que destacar la labor de José Antonio Rodríguez.

El consejero de Gobernación asumió ese papel representativo que tan bien cumple en tales actos. Moderado en sus intervenciones, conciso en su hablar y atento a cuanto acontecía, supo mostrarse afable, educado, etcétera, y trató por todos los medios que la fiesta no decayera en ningún momento.

Gracias a él, y a sus conocimientos adquiridos en el deambular por la calle, la antesala de la comida, homenaje al coronel Manso, se mantuvo en un estado de creciente interés. En cuanto a mí, ese rato de charla, al cual accedí por casualidad, me sirvió para cerciorarme de que Fernando Carbonell, general que fuera segundo jefe de la Comandancia General de Ceuta, es tal y como me lo habían descrito.
 

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