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OPINIÓN - VIERNES, 2 DE MAYO DE 2008

 

OPINIÓN / PERSONAL Y TRANSFERIBLE

Trazos y caracteres
 


Domingo Ramos
domingoramos@elpueblodeceuta.com

 

Nos hace recordar Manuel de la Torre en un artículo referido a que “seria conveniente que la gente supiera a que dedica Gordillo su tiempo cuando está Yolanda Bel en posesión de la palabra”, la costumbre de aquel jefe que tuvimos en tiempos que, cuando terminaba una reunión de las convocadas para cualquier asunto relacionado con su departamento, mandaba recoger y que le entregaran los papeles que se habían quedado en la mesa y, a través de los monigotes que en los mismos habían plasmado los asistentes, descifraba en qué habían ocupado su pensamiento durante la reunión. Aparte de ello, posteriormente, en sesión privada, nos comentaba con cierta sorna la personalidad del titular de lo escrito o dibujado habiendo adquirido así argumentos para el estudio psicológico a través de los gráficos que iba obteniendo de los mismos. Y queremos recordar que le tenía verdadera aversión a aquellos que pintaban o escribían y posteriormente tachaban, muy visiblemente, todo lo plasmado en el papel. Esos, según él, no habían estado pendientes para nada de lo que se hubiera tratado en la reunión y carecían de personalidad y de las características o cualidades que deben distinguir a unas personas de otras. A quienes dibujaban con trazo firme un pequeño paisaje, un barco en una mar en calma, o una solitaria casa en la ladera de un monte sin mas vegetación que el verde follaje, los consideraba personas prudentes, cuerdos o de buen juicio, aun cuando muy sensibilizadas con el bienestar y la tranquilidad personal, poco dadas, por tanto, a la atención al prójimo. A quienes firmaban con nombre y apellidos, con inclinación de la grafía hacia arriba, con letra clara, los tenía por ambiciosos y prestos a adquirir poder, dignidades o fama. Distinguía entre los que plasmaban su firma en línea horizontal (persona sin interés en comprometerse en nada ni con nadie); si su letra era legible (persona de carácter abierto y de buen trato); si las encerraban en círculo (individuos introvertidos que se abstraen de las cosas importantes); si las “adornaban para no caerse” con un trazo debajo de ellas (personas de firme decisión); si obviaban la puntuación de la “i o plasmaban toda su firma en letras minúsculas (personas descuidadas o, como ahora se dice, “pasotas”). O sea, poseía tal infinidad de versiones para describir a cada cual que serian imposibles de recordar ni, por supuesto, enumerar aquí y, a decir verdad, según los conocimientos que de cada personaje disponía, los catalogaba, por lo que a carácter y manera de ser se refiere, de forma muy acertada.

Hay que convenir, por otro lado, que tal como Maquiavelo reconocía en Savanorola (fraile que predicaba sobre la Apocalipsis) una integridad moral y una amplia doctrina con la que logró persuadir al pueblo de Florencia, aquel jefe intentaba inducirnos a creer sus opiniones sobre las características o cualidades de ciertas personas que, dicho sea de paso, atendimos solo por lo que de pintoresco nos parecían. Nosotros, en esto de interpretar a través de trazos, y ya en tiempos muy posteriores al referido, nos hemos quedado siempre con los pequeños “monigotes” que en cada reunión pintaba el profesor José Abad (algunos de los cuales aun conservamos), quien fue Director Provincial de Cultura, y que nos demostraban su carácter afable, sereno y bondadoso y la capacidad de creación de tan genial artista.
 

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