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OPINIÓN - MIÉRCOLES, 7 DE MAYO DE 2008

 

OPINIÓN / LAS NOTAS DEL QUIM

Cambios que yo sabía
 


Quim Sarriá
quimsarria@elpueblodeceuta.com

 

Estoy esperando entrevistarme con un importante cargo de la Ciudad, de tres veces que he acudido a la sede gubernativa local, las tres veces lo he encontrado tan ocupado que no ha sido posible. No me molesta en absoluto no poder encontrarlo libre ya que tengo todo el tiempo del mundo a mi favor y además las personas encargadas de las gestiones de seguridad de las dependencias de la Ciudad son magníficas y comprensivas. Todo un mérito que achaco a la humanidad de éstas personas.

Recordarán Vds. algunos artículos de opinión míos acerca de la política del PP en su estrategia de la crispación y del papel que jugaban los tres mosqueteros y d’Artagnan en la cúpula del partido, Recordarán Vds. que el plan que llevaban adelante no entraba dentro de la más mínima lógica cuando se trataban de asuntos del Estado, con los que no se juega ni se debería jugar. Recordarán Vds. que afirmaba que esa postura, la de crispación y ataques continuados al Gobierno, pasaría factura después de las elecciones al principal partido de la oposición… en definitiva que recordarán Vds. que tenía razón en el 99,99 % de mis opiniones, dicho sea sin presunción ni soberbia, dentro de la más estricta humildad que uno puede demostrar física y moralmente.

Hoy, aquella cúpula de la crispación hace aguas y el propio d’Artagnan (José María Aznar) ha declarado o a dado a entender que se equivocó con Mariano Rajoy. Eso demuestra que el PP nunca podría ser un partido auténticamente democrático si designa a sucesores y herederos de esa manera, como un designio copiado de los manejos del inefable cardenal Richelieu en su insistencia por mantener el trono bajo su yugo. ¿Qué me dicen de la “espantá” de Acebes? Yo no digo nada. Ya lo dije antes. Esperemos a junio.

Cambiando de vía, el paseo que me he dado hoy, por el lunes, por la ciudad ha sido gratificante. Tíos rubios y gorditos con el torso desnudo paseando por la Gran Vía, turistas anglófonos parándose en escaparates sin decidirse a comprar nada, comentando, de paso, que en Gibraltar valen la mitad. Turistas cargados con botellas de agua porque, es un suponer, le han aconsejado que en África no beban agua indígena por eso de infecciones estomacales…

En mi juventud los turistas eran otros, eran marines norteamericanos que desembarcaban cada dos por tres y vaciaban las tiendas de tabaco, whisky y quesos; además de llevarse por delante algunas prostitutas de Hadú en peleas con legionarios barbudos y tozudos. Coches jeeps, sin matrículas, con soldados PM norteamericanos recorriendo la ciudad como si fuera suya, metiendo de vez en cuando las narices en casas particulares y llevándose a veces algún marine totalmente borracho y desplumado, sobre todo del blanco gorro en forma de magdalena con envoltorio liso incluido.

Poco después aparecieron turistas de verdad, ingleses, franceses y de otras nacionalidades que recorrían la ciudad en dos horas y se largaban a Marruecos, no sin antes llevarse media tienda a cuestas con lo que los comercios empezaban a pujar hacia arriba y cada día no pasaba sin que apareciera una nueva tienda, regentada en su mayoría por hindúes y judíos. Los únicos musulmanes que se veían por el centro de ciudad eran vendedores callejeros de quincallas y huevos, además del consabido lechero con sus grandes lecheras a cuesta, Leche pura y auténtica, llena de bacterias, que olía a cien metros a la redonda.

La época de las vacas gordas pasó en el momento que hicieron desaparecer el servicio militar obligatorio y la época de las vacas flacas dura hasta ahora, empeorando cada día más de la cuenta ante la previsible inapetencia de nuestras autoridades por actualizar sus previsiones de cara al futuro económico de la Ciudad. De subvenciones no se vive eternamente, está claro ¿no?

Y mira que lo llevo escribiendo un montón de veces. No es bueno, nunca, dormirse en los laureles y ello va también por quienes prefieren usar el conservadurismo de por vida… llegará el momento en que la última vaca flaca exhale, precisamente, el último aliento. De nada sirve estar cara al sol si luego tenemos que estar todos los lunes al sol.
 

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