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OPINIÓN - SÁBADO, 10 DE MAYO DE 2008

 

OPINIÓN / EL OASIS

Micrófonos ocultos
 


Manolo De la Torre
manolodelatorre@elpueblodeceuta.com
 

En algunas alianzas, los participantes se dan palmaditas en la espalda tanto tiempo que acaban haciéndose daño. La cita es de alguien que tiene un nombre rarísimo. Pero que me viene como anillo al dedo para referirme a la alianza que, hace ya varios años, proclamaron Juan Vivas y Pedro Gordillo en una sala del Casino.

Aquella noche, me parece recordar que de una primavera lluviosa, ambos presidentes, debido a que sonaban tambores de guerra en el partido, escenificaron lo que se querían y cómo estaban dispuestos a unir sus fuerzas contra cualquiera que osara romperles el buen rollo que existía entre ellos. Y a partir de ahí nunca cesaron las ya reseñadas palmaditas de quienes se habían jurado lealtad hasta el fin de sus días en la política activa, y sobre todo en momentos donde se atisbaba que el tan cacareado acuerdo de no traicionarse parecía pasar por momentos complicados.

Hace pocos meses, ambos dirigentes, es decir, el presidente de la Ciudad y el del partido, con vistas a las próximas elecciones que tendrán que celebrar los populares de Ceuta, volvieron a las andadas: se juraron amor eterno y se dieron un abrazo donde los tableteos de espaldas parecían sacado de un cuadro de la dictadura representando un cambio de ministro.

Y se decían cosas como te prometo ayuda, Pedro... Y la respuesta agradecida de éste no se hacía esperar: Sé que Vivas está de mi parte... Y todo ello en medio de un ambiente festivo protagonizado por los hinchas de ambos políticos. Convencidos de que esa juntera les viene que ni pintiparada para evitar que quienes están en contra de las actuaciones de tales mandamases se abstengan de ir más allá que de criticarlos a escondidas.

Pero, últimamente, las palmaditas entre Vivas y Gordillo parecen más bien latigazos. Hasta el punto de que se están haciendo daño. Y comienza a generarse entre ambos una desconfianza que a buen seguro habrán de cortar de raíz cuanto antes.

Y todo porque el vicepresidente del Gobierno trata por todos los medios de cubrirse las espaldas manteniendo relaciones más que amistosas con personajes que suelen maltratar a Vivas todos los días y fiestas de guardar. Y hay más tela que cortar entre ambos. Averiguar quién es la persona que cuenta en sitios donde no debe todo lo que piensa Vivas respecto a ciertos asuntos. Puesto que si no son capaces de desenmascarar al chivato, día llegará en que el presidente de la Ciudad sea aún más desconfiado de lo que ya es y decida mirar hasta debajo de la mesa de su despacho antes de abrir la boca. O bien termine comiéndose el marrón, en un momento determinado, cualquier asesor de pacotilla o bien un funcionario que pasaba por allí.

Vivas, cuya capacidad de adelantarse a los acontecimientos es buena, no debe olvidar lo que le ha ocurrido a Jenaro García-Arreciado. Quien en el último suspiro se ha visto sorprendido por una maniobra de quien le venía jurando lealtad a raudales. Y ha tenido que lamentarse por medio de unos versos que podrían cantarse como fandango de Alorno.

Cierto que la situación de Vivas es muy distinta y su poder es el que le conceden los ciudadanos con verdadera devoción. Aunque tampoco es menos cierto que comienzan a perderle el respeto en ciertos medios. Y, además, tengo la impresión de que le han instalado micrófonos ocultos en su despacho.
 

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