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OPINIÓN - MIÉRCOLES, 14 DE MAYO DE 2008

 

OPINIÓN / SNIPER

Israel: 60 años de guerra impuesta
 


José Luis Navazo
jlnavazo@telefonica.net
 

Hoy, hace sesenta años, veía la luz el naciente Estado de Israel, dispuesto a compartir en paz asiento dentro de la Comunidad de Naciones. En vano. Ben Gurión proclamaba la Independencia, amparada por la Resolución 181 de las Naciones Unidas que el 29 de noviembre del año anterior decidían partir la Palestina histórica (hasta el fin de la I Guerra Mundial perteneciente al Imperio Otomano y desde entonces bajo Protectorado del Reino Unido) en dos estados; uno judío y otro árabe. Israel aceptó la legalidad internacional; los palestinos y los estados árabes, no…., aprestándose inmediatamente sus ejércitos a invadir el estado hebreo con la consigna de arrollar a sus habitantes y arrojarlos al mar. Con la implícita cobertura diplomática y logística de la URSS (el decisivo apoyo norteamericano vendría más tarde) que permitió el envío a través de Checoslovaquia de vitales suministros militares, Israel logró sobrevivir contra todo pronóstico aun pagando un durísimo precio, firmando un armisticio provisional con los países atacantes en enero de 1949. El otro estado que debería haberse levantado pacíficamente a su lado, el palestino, perdió la batalla viendo hipotecado su futuro por los turbios y espurios intereses de sus pretendidos “hermanos” árabes. Así se escribió la historia.

Con el correr de los años Israel logró en 1978 firmar un tratado de paz con el poderoso Egipto, mientras mantiene con el Reino de Jordania (de hecho y en lo que respecta al 80% de su población un estado palestino) amistosas relaciones. Quizás muchos ignoran que los acuerdos de Camp David, base del tratado de paz egipcio-israelí, fueron discutidos en tierra marroquí y bajo los auspicios del fallecido Hassan II por el mítico general israelí Moshé Dayan y el palestino Hassan Touhami, precedidos por varios encuentros en Ifrán, sin olvidar que su heredero el joven soberano Mohamed VI (más inclinado a la resolución de los problemas interiores que a la diplomacia exterior) sigue siendo, aun discutido por la intransigente Arabia Saudí, presidente del Comité “Al Quods” (Jerusalén) y teniendo finalmente en cuenta que, demográfica y políticamente, la comunidad judía de origen marroquí juega un sobresaliente papel en la realidad israelí. Más de uno pensamos que la implicación más directa de Marruecos (así como de España) en el contencioso de Oriente Medio podría impulsar algunas soluciones. En julio de 1999 y durante el funeral de Estado de Hassan II en Rabat, Yasser Arafat, presidente de la OLP y el general Ehud Barak, Primer ministro israelí, bien pudieron haber aprovechado la ocasión para conseguir un ventajoso y justo acuerdo para ambos pueblos.

Actualmente Israel, que pese a sesenta años de guerra impuesta ha sabido labrarse un exitoso presente, afronta una turbia guerra de desgaste atizada en Gaza por el extremismo islamista de Hamás y al norte, en el vecino Líbano, por las milicias filoterroristas de Hizboláh, armadas y equipadas por la República Islámica de Irán que no ha dejado de amenazar (con la callada por respuesta de las Naciones Unidas) con su destrucción total. No hay marcha atrás. Israel es un estado como otros, con sus luces y sombras, aciertos y errores. Ya es hora que el fanatismo propio permita al sufrido pueblo palestino crear, en paz, un estado viable al lado de Israel.
 

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