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OPINIÓN - MIÉRCOLES, 14 DE MAYO DE 2008

 

OPINIÓN / EL MAESTRO

El gran olvidado
 


Andrés Gómez Fernández
andresgomez@elpueblodeceuta.com

 

Con aquellas entrañables Enciclopedias nos quedaron grabados hechos históricos de gran relieve. Para nosotros, los ceutíes una fecha: 2 de Mayo de 1808, significó el reconocimiento de nuestro héroe en la llamada Guerra de la Independencia: el Teniente Ruiz, que junto a los capitanes de Artillería Daoíz y Velarde, inmolaron sus nombres.

Ahora, con el bicentenario, se presenta una nueva oportunidad de volver la vista a aquel levantamiento distorsionado por la leyenda, por la épica y las odas de grandes poetas: “Oigo Patria tu aflicción/ y escucha el triste concierto/ que forman, tocando a muerto/ la campana y el cañón”. (Bernardo López García).

El primer cuerpo a cuerpo de las Españas que atraviesan la Modernidad, sin consumar ésta, siempre bajo el epitafio recurrente de Larra: “Aquí yace media España; murió de la otra media”. Esa es la lección de la Historia abierta, dos siglos después.

Para el historiador Fernando García de Cortázar, “La guerra contra los franceses fue la que a un pueblo aparentemente disperso lo transformó en comunidad nacional por el valor y la exaltación de su respuesta unánime al extranjero. Fue un seísmo patriótico, nacional, que diluyó las viejas barreras históricas y culturales y fusionó todas las regiones españolas en una respuesta común contra el ejército imperial… Porque es, en Mayo de 1808, cuando el pueblo real, el pueblo llano, se adelanta al primer plano de la historia y se empeña en actuar de altavoz y protagonista…”

Para el también historiador, Ricardo García Cárcel “Hubo reacciones patrióticas de signo defensivo, integristas, de exaltación de los valores más reaccionarios. Pero todavía es cierto que la invasión francesa propició el despegue liberal, la apuesta por el cambio necesario y posible, la apertura de la Modernidad. A la postre, en las Cortes de Cádiz y en la Constitución de 1812 se impuso este patriotismo moderno…”

Se ha rendido homenaje a los alcaldes de Móstoles, Andrés Torrejón y Simón Hernández, que con el bando que dictaron, hace 200 años, llamaron a todos los españoles a levantarse contra los invasores al grito de ¡la patria está en peligro!, prendieron la mecha de la Guerra de la Independencia, en la que el pueblo español logró vencer al Ejército más poderoso del mundo: el de Napoleón.

Se ha montado una magna exposición en Madrid, con el título “2 de Mayo, Madrid 1808-2008. Un pueblo, una nación”, abierta desde el 26 de Abril al 28 de Septiembre de 2008. En el cine nos encontramos con reposiciones de gran número de películas, ambientadas en el 2 de Mayo, desde “El 2 de Mayo”, cinta muda del santanderino José Buchs (1927), hasta “Orgullo y pasión” de Stanley Kramer (1957), con Frank Sinatra, Cary Grant y Sofía Loren.

En distintos periódicos nacionales, suplementos, revistas, libros… he recogido aquellas situaciones donde nuestro héroe, el Teniente Ruiz, no es ni mencionado; en otros, tímidamente nombrado, lo cual nos hace pensar sobre la “importancia” que tuvo su aportación en esta llamada “Guerra de la Independencia”. Nuestro reconocido héroe, ha pasado de puntillas.

Hago una síntesis de informaciones donde omiten al teniente Ruiz:

“Los capitanes de Artillería Daoíz y Velarde, se inmolan en Monteleón. Repartieron armas del Parque de Artillería, entre el pueblo llano y lo defendieron hasta la muerte, sufriendo, entre los defensores, bajas…”

“Las noticias corren como reguero de pólvora: Daoíz y Velarde figuran entre los muertos, además de numerosos paisanos de todos los pelajes y fortunas, como Manuela Malasaña, una joven bordadora. El primero de los militares, acribillado a bayonetazos por la escolta del general Lefranc; el segundo, por un disparo de pistola que le atravesó la espalda…”

“En uno de los periódicos consultados, en su Vox Populi, recoge varios personajes de la confrontación, incluyendo a los capitanes Daoíz y Velarde, así como a Manuela Malasaña, la joven bordadora, que regresaba de su trabajo, portando unas tijeras, y encontró la muerte”. De nuestro héroe, nada.

“En el caso de Daoíz y Velarde, ambos pasarán a la historia por organizar la lucha armada del pueblo contra los franceses en el Parque de Artillería”.

Según la escritora Ángeles de Irisarri, autora de “La Artillera”, “Clara del Rey, una dueña honrada, ni siquiera llegó a saber quien era Daoíz, y quien Velarde –los dos militares de graduación que dirigían la defensa del cuartel- … Los españoles que pudieron salir por su pie lo hicieron, llevándose a los heridos, a Velarde y a Daoíz, entre otros, y a sus muertos”. ¿Qué sería del Tte. Ruiz?

En esta información, sí que encontramos al Teniente Ruiz: “Sólo el Parque de Artillería de Monteleón, tomado con veintidós artilleros a cargo de los capitanes Daoíz y Velarde, y el Teniente Ruiz de Mendoza, ofrecieron resistencia organizada. Al anochecer esa jornada, Velarde había muerto por un disparo de fusil y Daoíz a bayonetazos. Ruiz, moriría días más tarde en Badajoz a causa de las heridas sufridas”.

Nuestro héroe en el libro “Paseando por Ceuta”, por el Maestro Nacional, Jesús Aparicio Marcos. “Jacinto Ruiz Mendoza, nació en Ceuta. Era Teniente de Infantería y se hallaba en Madrid el día 2 de Mayo de 1808, cuando las tropas de Napoleón segaban con sus descargas la vida de los madrileños. Ruiz, enfermo, salió a la calle dispuesto a la pelea. Junto con el capitán Velarde y el también capitán Daoíz, ambos de Artillería, dieron entrada al pueblo para armarse. Ruiz desarma a los franceses, y el pueblo lo aclama. Llegados más tarde tropas enemigas, comienza una lucha desigual. Ruiz, al frente de un cañón, hace retroceder al enemigo. Poco después, caen en la lucha Daoíz y Velarde. Nuestro paisano, herido en un brazo, sigue combatiendo como un león, hasta que otra bala penetra por la espalda y sale por el pecho. Se le cree muerto, pero se mueve y se le hace una cura desesperada. Luego, escondido en una casa, siguió su curación hasta reponerse en parte. Trasladado más tarde a Badajoz, para seguir luchando, fallece en Trujillo, Cáceres, a consecuencia de sus heridas…”
 

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