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OPINIÓN - MIÉRCOLES, 28 DE MAYO DE 2008

 

OPINIÓN / EL ESQUINAZO

Ibarra en su línea
 


Jesús Carretero
jesuscarretero@elpueblodeceuta.com

 

Y pocas veces ha estado en la cordura que debe tener un primer espada de uno de los grandes partidos del país.

Quienes le hemos conocido allá por los años del comienzo de la democracia, sabemos que su semblante estuvo siempre más cercano a lo montaraz que a lo prudente. Nunca fue discutido en su partido, en Extremadura, es cierto, pero ya hubiéramos visto su talante “democrático” si un día hubiera estado fuera del gobierno, en la mera oposición y sin poder manejar, como él lo manejó, todo el entramado de Extremadura.

En Extremadura tuvo tirón, y el tirón que tenía en Extremadura le hizo que en Madrid no se discutiera su liderazgo, aunque él, en más de una ocasión no compartiera otros liderazgos de Madrid.

Ahora, parecía ya apartado, totalmente, de la política, tras haber sufrido un infarto hace un par de años.

Sin embargo, por aquello de que “la cabra tira al monte”, no ha hecho más que aparecer en público, en la visita de Rodríguez Zapatero, a la localidad de Alange, y a las primeras de cambio ya “tiró las patas encima de la mesa” y comenzó a zarandear a propios y extraños, con la única razón, de su “casi sin razón”.

Y aquí se ve quien es quien, y aquí se ve quien tiene talante democrático sereno, y quien actúa llevado por los impulsos de su corazón alterado (nunca mejor dicho) hacia cualquier parte sin temple ni cordura.

Que a estas alturas el ínclito Ibarra hable de intentos en el PP para romper el sistema democrático, es como para sentarle, de una vez por todas, taparle la boca y dejarle contemplar, únicamente, los puntos más altos de lo que él consideraba “su” Extremadura, en la que ya no manda nada.

Es un insulto a la democracia que personas como esta puedan abrir la boca, en presencia de su correligionario, presidente del Gobierno de España. Y es un insulto al propio PSOE, en el que cada vez hay menos montaraces del calibre de Rodríguez Ibarra, y en el que el temple, con aciertos o sin ellos, es la tónica que más intenta predominar.

Hace un par de días comentábamos con verdadera alegría el hecho de que la vicepresidenta primera del Gobierno se había mostrado sincera y segura de sus palabras, al afirmar que tanto más sana será una democracia, cuanto más fuerte sea la oposición que tenga el partido en el poder.

Pues bien, el señorito Ibarra, en Alange, cerca de la capital de Extremadura se escandaliza de las palabras de María Teresa Fernández de la Vega y se escandaliza porque la democracia que propugna Rodríguez Ibarra es la democracia de “esto se hace por mis ... y el que no esté a gusto que se aguante”.

Uno que algo de eso de democracia debe entender, al menos en teoría, aunque sólo sea por los años que pasamos en la universidad en Ciencias Políticas, quiere ver la democracia propugnada por Ibarra en aquellas democracias populares que, afortunadamente, fueron cayendo una vez que cayó el muro de Berlín.

Y si Rodríguez Ibarra tiene como modelo de democracia eso es que todavía le faltan años para comprender, entender y defender lo que son la democracias occidentales, de corte liberal burgués. Por ahí no parece entrar el ex de Extremadura, pero poco importa eso porque él hoy es únicamente “la voz que clama en el desierto” y aparece, cada vez menos ya. Los tiempos van dando paso a otros.
 

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