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OPINIÓN - MARTES, 3 DE JUNIO DE 2008

 

OPINIÓN / EL MAESTRO

Paro por agresión profesional
 


Andrés Gómez Fernández
andresgomez@elpueblodeceuta.com

 

Una huelga no beneficia a nadie. En la Enseñanza, el principal perjudicado es el alumno, que deja de percibir su diaria “ración” de aprendizaje. Se entiende que esa situación no la desea nadie y, cuando se tiene que tomar esa decisión, es porque los negociadores no han llegado a ningún acuerdo.

En este caso, en Andalucía, se ha llevado a cabo el pasado día 22 de los corrientes, una jornada de paro. Por lo visto, miles de profesores de todos los niveles de enseñanza, se echaron a la calle para pedir la retirada del Plan de Calidad y Mejora del Rendimiento Escolar, los conocidos “incentivos” de 7.000 euros.

Como siempre suele ocurrir, la Patronal, en este caso, la Junta, ha restado importancia al paro, asegurando que se trataba de una concentración que partía de sindicatos minoritarios y, por supuesto, con la consiguiente maquillación de cifras: 65% según los manifestantes y 12,2 % según la Junta.

El sentimiento que predominaba entre los manifestantes eran las críticas a un Plan que, según los convocantes, no es más que un intento de que los profesores “maquillen las cifras y los datos del fracaso escolar”. Y también la reiterada petición a la Consejería de Educación para que retire el Plan. Criticaban el escaso talante negociador de la nueva Consejera de Educación “que no ha sido capaz de hablar con nosotros ni para parar la huelga, aunque se ha pedido por activa y por pasiva”.

Los responsables sindicales piensan que lo que pretende la Junta de Andalucía, con esta orden, es “mercantilizar la enseñanza “dando un plus” de productividad a los enseñantes y “echándolos a pelear entre ellos”, es decir, de lo que se trata es de un intento de pagar a los enseñantes que aprueben más, que la citada orden no habla de reducción de la ratio en los colegios ni el aumento de plantillas de los profesores. La orden sólo dice que “los que aprueben más se les da más dinero”.

¿De qué forma se llevaría esta distribución? Teniendo en cuenta que sobre un grupo-clase, en todos los niveles, Primaria, Secundaria y Bachillerato, actúan varios maestros o profesores de las distintas asignaturas, ¿se les aplicaría el incentivo a todos? ¿Se beneficiaría sólo el tutor, que es el que tiene que certificar las actas? Pienso que esto es un gran galimatías, en el supuesto que el Plan siga adelante.

Apoyándose los Sindicatos en que el Plan sólo ha sido aprobado por un 35% de los centros y que, según se dice “es una agresión a la demostrada profesionalidad y buen hacer de los maestros, se ven fuertemente fortalecidos y no piensan dar marcha atrás.

Pero por parte de la Consejería de la Junta, tiene muy claro que no procede cambiar de política: “los cambios bruscos no son buenos en Educación”. La Ley de Educación de Andalucía es la herramienta apropiada para lograr “una educación de calidad y en igualdad de oportunidades. Además, el Plan es “voluntario” y no persigue “comprar al profesorado” con 7.000 euros.

Por otro lado hay un elemento que no se tiene en cuenta en este problema: los funcionarios de la Junta cobran hasta el 26,01 % menos que sus homólogos en las administraciones autonómicas que mejor pagan, por ejemplo, Canarias y País Vasco. Las diferencias son notables en los cinco grupos del funcionariado y superan 549 euros en el personal del Grupo A. La diferencia negativa porcentual más alta se da en los funcionarios del grupo D.

Si lo anterior es un signo diferenciador del resto de Autonomías, la inversión por alumno es más preocupante: “El país vasco es la comunidad con mayor gasto por alumno no universitario, con 8.858 euros, mientras que Andalucía invierte menos de la mitad, 4.211 euros por alumno y año, lo que la sitúa en el último lugar en el conjunto de todas la autonomías.

La media nacional de inversión por estudiante de centros públicos es de 5.299 euros anuales, según los últimos datos disponibles correspondientes a 2005 y publicados por el Ministerio de Educación en la actualización estadística de 2008.

El Ministerio advierte en su informe que los datos se refieren a la educación no universitaria en su conjunto calculados de acuerdo con la metodología de OCDE. Es decir, incluye todo el gasto público en educación salvo las becas y la formación ocupacional. Cualquiera que sea la administración que lo financie. Esto implica incluir la inversión en educación de las administraciones no educativas y distribuir territorialmente el gasto de las cotizaciones sociales imputadas.

Retomando el tema de esta colaboración, el problema no se resuelve como se ha querido solucionar con el consabido Plan.

Conviene recordar el Informe Pisa, dado a conocer hace unos meses, donde nuestra vecina Comunidad había obtenido los peores resultados de nuestro país: sólo tres de cada diez alumnos que fueron seleccionados para participar, pasaron de curso con las asignaturas aprobadas, lo que demuestra que el problema es grave. Y lo más importante es asumirlo. Pero con mayor inversión y disponiendo de unos profesionales que sean remunerados como es debido y estimulando su gestión.
 

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