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cultura - DOMINGO, 29 DE JUNIO DE 2008


Elena Laverón. cedida.

ENTREVISTA / ELENA ALVÁREZ LAVERÓN
 

«Esto del arte es una lotería»

La ceutí Elena Laverón recuerda su andadura
vital por Marruecos, España, Francia y Alemania, siempre ligada a su pasión, la escultura y la pintura, un oficio que cree que nunca ha estado más “mercantilizado”

CEUTA
Rober Gómez

ceuta
@elpueblodeceuta.com

Pregunta.- ¿Qué supone para usted que su ciudad natal la reconozca con el Premio de las Artes y la Cultura?

Respuesta.- Estoy muy orgullosa y satisfecha. Ha sido una sorpresa, muy agradable. Querían que estuviese en julio en Ceuta para recoger el Premio, pero tenía compromisos y ya estoy un poco mayor para coger tantos aviones y barcos. Hemos quedado en que después de la Feria de Agosto, a mediados, viajaré a Ceuta y me harán entrega del galardón.

P.- Para una persona que ha vivido en lugares del mundo tan diferentes como el rif marroquí o Alemanía, ¿qué le supone su ciudad natal, Ceuta?


R.- Ceuta supone mucho para mí. Yo siempre digo que nací en Ceuta por elección, porque mi madre estaba en Ketama y decidió darme a luz en Ceuta. Además, he tenido un hermano en la ciudad, que murió hace un par de años. De joven, cuando vivía en Barcelona, fui bastante de vacaciones y luego dí también clase en el Instituto de Ceuta durante cuatro años: del 59 al 63. Luego ya me fui para Alemania y me casé.

P.- ¿Le marcó en algo su temperamento artístico haber pasado su infancia en Marruecos?

R.- Hasta los 14 años prácticamente viví en Marruecos. La cultura árabe me marcó mucho, aunque estábamos siempre deseando ir a la península. Realmente la ciudad que me impresionó mucho fue Gerona. Me entusiasmó. Prácticamente no había salido de Marruecos y para mí algo exótico era una ciudad románica con muchas catedrales e iglesias. No obstante, luego empecé a añorar Marruecos y Ceuta. Todavía hoy en día añoro Ceuta. Pasé buenos momentos de mi juventud allí. Un tiempo precioso. Pinté mucho en Ceuta en mis primeros años creativos.

P.- ¿Cree que Ceuta está lo suficientemente abierta al arte y la cultura en general?


R.- Yo creo que sí. No estoy demasiado enterada. Quizás hay poca divulgación de Ceuta hacia fuera. No se habla en otros periódicos de fuera sobre Ceuta. Habría que tratar de influir un poco más y darlo a conocer.

P.- ¿En qué se basó para crear su ‘Monumento a la convivencia’ de Ceuta?


R.- Es un monumento a las cuatro culturas, es decir, a la convivencia, el diálogo. De hecho, son cuatro personajes enlazados charlando animosamente, con las manos expresivas y las bocas abiertas.

P.- ¿Está de acuerdo con el cambio de ubicación del monumento de la plaza de los Reyes a las Puertas del Campo?

R.- Pues la verdad es que no. No me gustó. Ya lo dije en principio. Ahora está colocado de cualquier forma, al lado de una farola enorme. Dijeron que lo cambiarían y espero que lo hagan. Me lo han prometido que lo harán cuando remodelen Ceuta, que está toda en obras, por lo visto. Yo creo que se puede volver a colocar perfectamente donde estaba, en el centro de la plaza o en un ángulo. En fin, eso es cuestión de que le guste o no al arquitecto.

P.- ¿Por qué se decantó por la escultura ?

R.- Siempre me gustó desde niña tanto la escultura como la pintura e hice las dos cosas. En la Escuela de Bellas Artes de Barcelona llegué a hacer una pequeña trampa junto a dos compañeros. Nos matriculamos en las dos cosas aunque no estaba permitido. Lo fuimos trampeando, pero al final nos cogieron. Luego me decanté por la escultura y la pintura se ha quedado para mí, como descanso o como hobby. Me encanta pintar cuando estoy harta de la escultura.

P.- ¿Qué pasó cuando les pillaron matriculados en las dos clases?

R.- Ya casi al final del curso, el director, Federico Marín, nos cogió. Las clases solían ser de dos horas y había veces que coincidían pintura y escultura. Iba una hora a una y una hora a otra. Un día entró el director de la escuela en la clase de pintura y me preguntó: “¿Usted qué hace aquí”. “Pues ya ve, pintando”, contesté. “No se pueden hacer las dos cosas”, dijo. “Soy la mejor del curso en las dos cosas, ya ve usted que no sólo se puede hacer, sino que me enriquece”. Se quedó un poquito fastidiado y casi me suspende.

P.- ¿Cuáles son sus fuentes de inspiración a la hora de esculpir?


R.- De todo: el ser humano, animales, un grupo, una figura... Yo busco hacer una escultura con un tema, desarrollar unos volúmenes, una composición que tengo en mente. A veces lo simplifico, otras lo complico...

P.- ¿De qué salud goza la escultura hoy en día?


R.- Bien. Estaba muy abandonada, pero yo creo que se están poniendo muchas esculturas hoy en día. Se suele hacer siempre un poco antes de las elecciones y luego se pará la demanda -risas-, pero por lo menos se pone la escultura, que antes era considerada la pariente pobre del arte. La escultura es para el exterior, por supuesto, que juegue mucho la luz con ella.

P.- Luego realiza el camino hacia París. ¿Es la Ciudad de la Luz tan bohemia como dicen? ¿Se relacionó con muchos artistas?


R.- Recibí una beca del Gobierno francés para asistir al Instituto Aristide Maillol, donde daban unos premios que gané. Tenía mucho prestigio porque era lo único no politizado, que no dependía de Madrid. A los menores de 20 años nos daban una beca, a los otros dinero. La beca era para cuatro años, pero no me llegó ni para tres meses. París era en aquella época la meca del arte, antes de que pasase a serlo Nueva York. Todo el mundo quería ir a París. Yo fui a una academia muy bohemia. Tenía mucho nombre por el escultor que la llevaba, Ossip Zadquine, que le daba mucho prestigio. Lo que pasa es que era una persona ya muy mayor y no enseñaba. Fui unos días y no volví. A mí me gustaba mucho Zadquine, pero la gente que iba allí era muy bohemia, mucho niño de papá, que iba a jugar a ser artista. No sabían modelar y entonces cómo iban a hacer nada. Recuerdo que llegué el primer día y a la modelo, en cuclillas, no la movían. Yo comencé a girar alrededor con el caballete, hice el encaje y terminé cuando los otros todavía no habían ni empezado con los hierros. Yo llevaba ya cinco años modelando diariamente con yeso, del natural, del natural al movimiento. El oficio lo tenía. Lo terminé. Me dijeron que Zadquine sólo venía los sábados y que enseñaba abstracto. Yo les dije que cómo iba a enseñar abstracto a personas que no sabían modelar, que no saben la base. Creo que la escuela superior de Bellas Artes era más seria y la gente trabajaba. Me vino bien, porque estaba harta de academias, así que me dediqué a ver París, exposiciones y con otro compañero becado alquilamos un estudio y pintamos.

P.- ¿Estaba muy politizado el arte con el franquismo?


R.- Los premios estaban muy politizados. No obstante, todavía ahora cada Gobierno tiene sus artistas del régimen, que son los que se llevan los premios. En todas partes cuecen habas, no sólo con el franquismo.

P.- ¿Llegó a vender sus pinturas por las calles de París?


R.- No. Yo eso lo he hecho en Barcelona. He vendido mi obra por la calle.En París me dijeron que siguiese en la escuela, pero yo no le encontraba sentido. Lo que quería era irme a mi casa en Barcelona, tener mi estudio y hacer mis obras. Una vez conocido París quería volver. Eso sí, era una ciudad muy impresionante. Había muchas exposiciones y museos que en España no había.

P.- Ya en la década de los sesenta en Barcelona, ¿su carrera tuvo un punto de inflexión y comienza a exponer por todo el país?


R.- Sí. Empiezo a hacer exposiciones y luego me invitaron a una especie de festivales que se movían por toda España llevando conciertos, teatro y exposiciones. En 1963 expuse en la Sala del Prado del Ateneo de Madrid, que era la más importante que había entonces en España. Luego me casé y marché a Alemania. Me iba muy bien; luego me fue peor. Esto del arte es una lotería.

P.- Su traslado a Alemania, donde estuvo tres años ¿qué supone para su carrera artística?


R.- Fue conocer otra forma de vida, de otra cultura. Me gustó la seriedad y el trato que te daban en la galerías. Había galerías muy buenas que se siguen manteniendo hoy en día y con las que todavía tengo muy buen trato. Me vino muy bien la estancia en Alemania. Vendí bastante.

P.- Y en los 80 su obra salta a América y comienza a ser conocida en Nueva York.

R.- Me invitaron a exponer obra grande en Nueva York. Expuse también en una galería de Washington y en Atlanta. También en el Guggenheim hice una exposición con una obra pequeña de 50 centímetros. Eso me ayudó mucho también para que la parte privada demandase mi obra. Los coleccionistas americanos todavía me siguen comprando.

P.- De todas sus exposiciones, ¿cuál es de la que ha quedado más satisfecha?


R.- De bien montada, la penúltima que hice en Benálmadena hace un año y pico. Estaba muy bien hecha. El comisario de la exposición, Antonio Abad, lo hizo muy bien y no tuve que decirle nada, porque normalmente yo me peleo siempre con los comisarios de las exposiciones.

P.- De los premios, ¿cuáles han sido de los que más orgullosa se ha sentido?

R.- Todos me han hecho mucha ilusión... y el Premio de las Artes y la Cultura de Ceuta también. No me lo esperaba; y estoy encantada de que me dén un premio tan importante.

P.- ¿Cómo ve el panorama artístico en la actualidad?


R.- Lo veo muy raro. Me parece que se confunden mucho las cosas, porque está muy mercantilizado por un grupo de gente que son los que dicen lo que se tiene que hacer. Supongo que esto habrá pasado en todas las épocas, pero ahora mucho más, porque el arte mueve más dinero que nunca. Son cuatro señores o cuatro galerías los que dictan lo que se tiene que hacer, que precisamente es siempre lo que hacen los artistas que ellos promocionan y con los que ganan dinero. No es político decir esto, pero lo he dicho siempre y lo seguiré haciendo hasta que esto no cambie. Ahora hay un arte oficial. Antes había unos jurados que seleccionaban la gente que acudía a una bienal. En la actualidad sólamente los pueden mandar los países. Están promocionando gente con mi dinero, porque si lo hacen galerías privadas no me parece tan mal, pero lo peor es que se hace a nivel institucional. Yo prefiero ir por mi cuenta. Me duele porque hay muchos artistas que no se pueden mover como yo y a los que rechazan simplemente porque no son de la cuadra.

P.- ¿Qué escultores han marcado la carrera de Elena Laverón?


R.- A veces me han influido culturas enteras, como el arte negro, el prehistórico, la escultura precolombina, la azteca... Creo que la inspiración de uno es levadura para la creación de otro.
 

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