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OPINIÓN - SÁBADO, 26 DE JULIO DE 2008

 

OPINIÓN / SNIPER

Lengua española y literatura marroquí
 


José Luis Navazo
yebala06@yahoo.es

 

Más vale tarde que nunca y, aunque ya bien avanzado el acto, pude al final acercarme ayer jueves al “Centro Cultural Lerchundi” de Martil donde, patrocinado por el Consulado General de España en Tetuán, tuvo lugar un brillante y animado “Foro de Hispanismo” coordinado por Ricardo Javier Barceló en el que se abordó, desde diferentes ópticas, el presente y futuro de la lengua española en la literatura marroquí. La novedosa sorpresa fue aportada por el Cónsul de Tetuán y Larache, Javier Jiménez-Ugarte, quién no solo inauguró la jornada sino que bajó a la arena coordinando la mesa redonda “Escribir desde otra lengua”, en la que participaron ni más ni menos que Mohamed Lahchiri, Ahmed Mohamed Mgara, Mohamed Sibari y Mohamed Bouissef Rekab. Tras la bienvenida del Cónsul, Mustafá Adila, Jefe del Departamento de Hispánicas de la Universidad “Abdelmalik Essaâdi”, dirigió unas cálidas palabras a los presentes para después coordinar una segunda mesa redonda sobre “Hispanismo, docencia y creación”, contando con la participación de los profesores Abdelkader Benabdelatif y Rachida Gharrafi, el ex Inspector de Enseñanza Media Mohamed Messari y Ahmed Oubali, Profesor de la “Escuela Normal Superior” de Tetuán.

Estoy seguro de que en Ceuta muchos de estos nombres encontrarán resonancia pues, sin ir más lejos, Mohamed Lahchiri es autor de un sugerente libro, en ocasiones crudamente costumbrista y que ya va por varias ediciones (“Una tumbita en Sidi Embarek y otros cuentos ceutíes”), donde podemos bucear en la cercana intrahistoria (la veraz y auténtica) con parrafadas como ésta: “Aunque el utensilio tenía dos ganchos, lo llamaban ‘el gancho’ en las dos lenguas de la ciudad, el español andaluz y el árabe marroquí. Servía para traer agua a casa en aquel Príncipe Alfonso de chabolas sin agua ni retrete de los años 50 y 60”. Mohamed Messari tuvo la gentileza de entregarme, calurosamente dedicada, una traducción al árabe de “El Lazarillo de Tormes” y, en fin, Mohamed Mgara me acerca, “con afecto y amistad”, su última obra: “Presencias”, en la que late como siempre el alma de la Blanca Paloma de la Yebala: “Pero Tetuán no perdió nunca su vocación de ser tierra de unos, de todos y de nadie a la vez. Una ciudad de una cultura multidisciplinaria y sin dimensiones disciplinadas”.

El embajador Jiménez-Ugarte no solo logró impulsar un brillante elenco de reconocidos hispanistas marroquíes, sino que el animado ágape adobado con sabrosas vitaminas de la mar sirvió, a unos y otros, para reencontrarnos y pulsar los profundos lazos que unen a los íberos de uno y otro lado del Estrecho pues ahí está, soterrado pero bien presente, el común substrato histórico prerromano y preislámico que apuntaba, aguantando el tipo con sus más de ochenta años, un lúcido Ibn Azzuz Hakim. Excelente comida, buena gente y mejor ambiente, amenizado por una atractiva… mirada desde la cumbre. Ayer, en una bella noche martileña, cálida y cercana, tan solo parecía faltarnos (porque, quién sabe, ¡meigas haberlas háilas!) la mágica presencia de la popular Aicha Kandicha. La vida nace, pasa rápido y luego vuelve, en un eterno retorno. Me consta que Jiménez-Ugarte cree firmemente en la Divina Providencia; yo, aunque no siempre, también y encuentro, haciendo el camino, más un sinfín de causalidades que el mero azar.
 

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