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OPINIÓN - MIÉRCOLES, 30 DE JULIO DE 2008

 

OPINIÓN / EL OASIS

Lo fundamental es descubrir al filtrador
 


Manolo De la Torre
manolodelatorre@elpueblodeceuta.com
 

Filtrar, según el diccionario de Manuel Seco, en su tercera acepción, es dar a conocer subrepticiamente, algo reservado o secreto. Todos sabemos, además, qué tipo de personas se dedican a filtrar documentos. Yo he conocido a periodistas que, metidos a asesores durante un tiempo en centros oficiales, cuando han sido despedidos o han cumplido sus contratos, no han tenido el menor reparo en apropiarse de papeles considerados de índole reservada para ponerlos en almoneda.

No pocas veces hemos oído a los políticos decir, cuando les ha convenido, que con los filtradores no cabe más solución que expulsarlos de sus puestos de trabajo. Aunque, claro, pronto se curan en salud con la siguiente coletilla: si se les pilla –pillar es palabra horrible- ‘in fraganti’. Pues de sobra saben que es difícil sorprender a los prevaricadores con las manos en la masa.

Quienes llevan mucho tiempo gobernando la ciudad, tendrían que ser muy cándidos –y no lo son- como para desconocer a las personas que son dadas a cometer infracciones de tal laya. Y deberían haber tomado ya las medidas oportunas para blindar toda clase de documentos reservados. Así, no hubiera sido posible que se hubiese producido algo tan escandaloso cual ha sido ver copias de los exámenes de unos policías locales, circulando por el habitáculo donde se iban a celebrar las pruebas.

Menudo disgusto se llevaría el presidente del Tribunal y viceconsejero de Recursos Humanos al alertársele del hecho. Lo digo porque, aunque no he tratado mucho a Ángel Javier Díez Nieto, pienso que ha sido lo suficiente para tener de él la mejor de las impresiones. Me parece que es un tipo que da la talla en todos los sentidos para figurar en cargos de responsabilidad. Y creo que, tras el disgusto, lo mejor que hizo es denunciar lo ocurrido en la Fiscalía..

Ahora bien, lo que no es de recibo, bajo ningún concepto, es que una metedura de pata de Inmaculada Ramírez, portavoz socialista, esté sirviendo para tratar de desviar la atención de lo ocurrido. Que es de suma gravedad. Y que obliga a cavilar sobre si esas prácticas delictivas no se han venido produciendo durante años. Y ni es justo ni conveniente que quienes gobiernan hayan salido en tromba contra la señora Ramírez, con aires de ofendidos, y sacando a relucir el nombre del marido de una diputada que está en su perfecto derecho de participar en esos exámenes y aprobarlos si responde a las preguntas requeridas con las notas previstas.

A mí, en este caso, me ha parecido que tan desatinadas han sido las declaraciones de la diputada socialista, al denunciar en la dirección que lo hizo, cómo las iracundas contestaciones del presidente de la Ciudad y de la portavoz del Gobierno. Amén de que nunca el nombre del aspirante a policía local, debió salir a la palestra. Por razones obvias. Porque lo que han hecho con él es lucirlo de manera absurda. Todo un atropello. Y que conste que no sé quién es. Pero sí sé que ha sido perjudicado.

Inmaculada Ramírez haría muy bien en hacer una oposición más meditada, más preparada, más sutil y menos vehemente. Pero pasa el tiempo y le siguen pudiendo las prisas y se deja arrastrar por las emociones. Y Juan Vivas tendría que tomarse un descanso. Ya que lo que le ha dicho a Inmaculada es prueba de que está estresado. Lo fundamental, en este caso, es descubrir y condenar al filtrador.
 

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