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OPINIÓN - MARTES, 12 DE AGOSTO DE 2008

 

OPINIÓN / ESPAÑA CAÑÍ

Los creyentes y el deber ético de denunciar
 


Nuria Van Den Berghe
nuriavandenberghe
@elpueblodeceuta.com
 

Somos acaso los judeocristianos unos despreciables cagoncetes? Pues sí. Desde el momento en que existe la manida frase de “Este o esta escribe lo que todos pensamos y no nos atrevemos a decir”, desde ese mismo momento se institucionaliza el acojone y la cobardía más miserable adquiere rango de ley.

¿Qué si n voy a repartir estopa a los islámicos? No. Porque no la merecen, ellos son denunciones por naturaleza y hacen del agravio y de las denuncias una forma de existencia, el nota que ose contradecirles o contrariarles es “islamófobo” y ahí la cosa empieza a ponerse inquietante ¡Que ole, que ole y que ole los cojones de los islámicos! Así se funciona, si señor. A ver, a ver si los gobernantes tienen los huevos de imponerles a los islámicos el laicismo beligerante y montaraz con el que tratan de machacarnos a los católicos. No hay pelotas en Europa. Y eso no lo digo yo, sino que lo dicen todos los filósofos y pensadores neocon, entre quienes me cuento y encuentro, no porque sea ni pensadora ni filósofa, sino porque soy neoconservadora y como buena neocon, más creyente que la madre que me parió .Mejorando la presente y sin ánimos de señalar. Rectifico, con ánimos de señalar con el dedo y si se tercia, meter ese mismo dedo en el ojo, en un descuido y sacar el dedo con el ojo ensartado en la uña, a los acomplejados, los amuermados, los conformistas y a los afeminados jilipollas que van de “nenazas” por el mundo eternamente amedrentados.

Recuerden a Juan Pablo II, cuando llegó a la entonces triste Polonia y sus primeras palabras fueron “No tengáis miedo”. Para los judeocristianos el miedo es anatema y está más mal visto desde el más allá que cagarse en la puerta de un tanatorio y es una imprudencia ética mayor que mearse en el pantalón del picoleto que te saca del coche para hacerte la alcoholemia.

De hecho, nuestros Textos Sagrados y los pergaminos del Mar Muerto, amén de Jesucristo que escupía a los tibios de su boca, prohíben el temor. Y lógicamente no el temor ante un albanokosavar que se te cuela en la casa para destriparte y llevarse el televisor de plasma, sino el temor ante los cabrones que no permiten que vivamos felices y en paz. ¿Qué mascullan con semblantes de popes ortodoxos aquejados por un retortijón de tripas tras un atracón de higos chumbos? ¿Qué la felicidad no existe? Vale. Total no. Pero hay mil pequeñas felicidades y mil diminutas plenitudes, todo en chiquitillo, nada grandioso, humildito, tranquilo, sereno, de respirar hondo y disfrutar haciéndolo. ¿Saben la maravillosa plenitud que se experimenta cuando “se siente” que se supera el miedo? Y se lo digo yo que he pasado más miedo en mi vida que una cobaya dentro de un laboratorio. Ya les contaré otro día y van a alucinar más que si metieran entre pecho y espalda una fabada de peyote.

Pero el miedo ante amenazas externas se supera enfrentándolo. Y me refiero a amenazas contra nuestros valores, nuestra moral, nuestra ética, nuestros principios y nuestro sentido de lo que debe ser y no es la justicia. Hay que denunciar lo que es malvado e injusto y que salga el sol por Antequera y que en lugar de tirar a la cabra desde el campanario tiren al cuñado del concejal de festejos, para que no se diga que se destiñe la genuina España de Buñuel.

¿Qué por los católicos y las gentes de bien, en verdad, nadie da la cara y nos sentimos más solos que un centinela de Regulares haciendo guardia en la garita de la frontera de Melilla? Bueno ¿Y es que ustedes no tienen cara para darla o es que, por un casual van en plan friki y han nacido sin cabeza? Te joden y te ofenden y vas a una comisaría y armas la de Dios es Cristo y que, el policía recoja tus sentires en negro sobre blanco y en letra redondilla y luego mandas el fax de la denuncia a los de la Agencia Efe que son muy cumplidos y en algún sitio saldrá que has ido a una comisaría a denunciar ofensas contra valores, principios y verdades y alguno lo leerá y se crecerá y dirá “Pues ahora voy yo y denuncio ¿O es que me van a matar?” Si denuncias que, la Junta de Andalucía ha regalado dos millones de euros (una miseria en verdad si se tiene en cuenta lo que puede costar uno de los múltiples palacios de Mohamed VI) a los marroquíes para que construyan centros de menores, mientras que, en Andalucía se está pasando hambre, faltan viviendas sociales, familias normales van a Cáritas a pedir alimentos porque la hipoteca se les come el sueldo y en las barriadas marginales que son multitud, los niños juegan con las ratas y piden leche en la parroquia, entonces dices la verdad y nadie te lo puede reprochar. Si denuncias la pobreza, la excarcelación del de Juana que ha matado a veinticinco criaturas y los terribles cojones de los jueces y de los fiscales contra empresarios que pueden trajinar pero nunca matar, entonces llamar “puta mierda” al Sistema y como dices la verdad, porque para eso eres católico, no pasa nada y si pasa es un honor, como creyente, el que traten de joderte por denunciar la mierda y la porquería. Y vuelves a denunciar y a pregonar al lucero del alba.

En nuestra España, que es nuestra realidad, falta valor y los malos viven de la cobardía de los buenos. Aquí hay que demostrar que a nosotros, no nos bajan la cabeza ni a sartenazos y que “ellos” los que nos hacen infelices y tratan de asustarnos, no son para nosotros más que una puta anécdota.
 

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