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OPINIÓN - LUNES, 1 DE SEPTIEMBRE DE 2008

 

OPINIÓN / EL ESQUINAZO

Olite
 


Jesús Carretero
jesuscarretero@elpueblodeceuta.com

 

No conocía yo esta bonita localidad navarra, pegada a Tafalla, y como pienso que cualquier ocasión es buena para conocer todo lo bueno que hay en nuestro país, en vez de quedarme en Pamplona, al tener que asistir a la boda de un sobrino, decidí pernoctar un par de noches en el Parador Nacional que con sumo gusto y en un lugar de ensueño hay en esta localidad..

Antes de llegar a Olite, y por aquello de que es bueno siempre que uno pueda recorrer un poco del Camino de Santiago, desde Burgos y dejando de lado las autopistas, que sirven para ir más deprisa, pero en las que no ves nada más que carretera, me pasé por Santo Domingo de la Calzada, otra de las joyas de España que se conoce mucho menos de lo que debiera conocerse.

También me quedé una noche en el parador de Santo Domingo de la Calzada y me he dado cuenta de que cada Parador, allí donde se ha instalado, representa un punto histórico en la geografía de nuestro país. Si alguien no ha pasado por este parador en pleno corazón de la Rioja que busque una de esas vacaciones de un par de días y verá lo que es un lugar que nunca va a olvidar.

Pero vuelvo a Olite porque para mí ha sido una auténtica sorpresa. La localidad no es demasiado grande, pero es accesible desde una autopista, con lo que se llega con demasiada rapidez desde Zaragoza, desde Pamplona, desde Vitoria..., esto es, no hay que perder mucho tiempo para llegar a ella.

Su parte antigua es un constante monumento, y como además coincidí con la celebración de la fiesta de la vendimia, pues el ambiente era totalmente festivo y festivo de verdad.

Yo no pude ver en su totalidad la fiesta, por aquello de tener que marcharme a Pamplona, como he dicho, a la boda de un sobrino, pero aún así sí que pude degustar el ambiente sano, la tradición de una ruta de los vinos de Navarra, y las atenciones de la buena gente de esta zona. Tengo que repetirlo, es un lugar desconocido para muchos españoles, especialmente de Madrid hacia el sur y creo que es un ultraje tratar de conocer lugares exóticos de países que se han puesto de moda últimamente y no conocer lo nuestro propio, porque Navarra también es parte y parte muy importante de la geografía española.

Al llegar a esta pequeña localidad, repito, de Olite lo primero que me encuentro es que la mayor parte del centro no es utilizada por la circulación pesada y ligera de los coches o camiones. Yo pude llegar hasta el parador pero sabiendo que podía detener allí el vehículo un máximo de quince minutos y luego buscar aparcamiento, que lo hay, pero fuera del recinto histórico. Es lo más cómodo para uno que llega nuevo.

El parador está instalado en lo que fue un castillo medieval y a su lado hay una iglesia de transición del románico al gótico, con lo que al meterte aquí has pasado de todo el estrés de nuestros días a la más clara tranquilidad de otros tiempos que nosotros, obviamente, no hemos vivido.

Y para que nada falte, en la dirección de este parador de Olite, un hombre de la vieja escuela de paradores, Ángel Aliste López, que no sé como se las arregla, pero está siempre al tanto de todo lo que está ocurriendo allí y con una amabilidad difícil de encontrar en ningún centro hotelero, Así se explica, pues, que su equipo de trabajo, marche como un reloj.

Una estancia corta, pero sabrosa. Desde luego volveré a Olite y a ustedes se lo recomiendo.
 

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