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OPINIÓN - SÁBADO, 13 DE SEPTIEMBRE DE 2008

 
OPINIÓN / breve historia de marruecos

38. De Uxda a Fez: el emirato beréber de los Zenatas

Por J. L. Navazo


Azzuz Hakim es, una vez más, una clara referenEn estos años oscuros y de zozobra política, Fez cambia varias veces de mano: así, es asaltada en 959 y 979 por los fatimíes (que años antes, en 973, trasladan su capital desde Ifriquiya a El Cairo), quienes sin embargo se estrellan contra las defensas “andalusíes” en Ceuta y Tánger, reforzadas por contingentes bereberes y una flota omeya al mando de Yaafar Ben Hamrun, enviada por el visir y tutor de Hixam II y auténtico hombre fuerte del Califato, Ibn Abi´Amir (Al-Mansur bi-Allah, “El victorioso por Allah), más conocido en las fuentes cristianas como Almanzor. Superado el peligro fatimí en el Estrecho, las tropas omeyas derrotan a otro aliado de éstos, el último príncipe Idrisi Al-Hassan II, decapitado por orden de Almanzor en 895 (375 de la Hégira).

En cualquier caso los bereberes seguían resistiendo, pactando alternativamente con unos u otros en función de la situación pero intentando preservar, siempre, alguna cuota de independencia. Hasta la llegada del primero imperio bereber, el Almorávide, los Zanata de la región norte-oriental (actual zona de Taza y Oujda) jugaron sus cartas aliándose con los omeyas-andalusíes, llegando a ocupar Fez en 988 al mando del emir Ziri Ben Atia, quien se instaló como “wali” (gobernador) en nombre del califato de Córdoba prosiguiendo su campaña alcanzando las tierras del Marruecos central, así como Tánger. No obstante las relaciones se enfrían y tras fundar Oujda en 994, dos años más tarde decide Ben Atia dejar de invocar el nombre de Almanzor en la “jotba” (plegaria) de los viernes en las mezquitas, si bien mantiene el nombre del débil califa Hixam II.

Rotas las relaciones y tras varios vaivenes, Abdelmalik Al-Mudaffar, hijo de Almanzor, derrota en la cercanías de Tánger (batalla de Wadi Mina) al contingente zenata, poniendo en fuga al emir Ben Atia y recuperando Fez en 997, donde se mantiene tras ser nombrado gobernador del Maghreb durante seis meses, siendo substituido por dos generales. Antes de morir Ziri ben Atia, emir de los zenatas, en el año 1000, se reconcilia con Almanzor recuperando sus posesiones, que siguieron siendo gobernadas por sus descendientes hasta la conquista Almorávide.

Fez, la vieja capital fundada por los Idrisíes, es finalmente develada por los Almorávides en 1065 (el Califato de Córdoba había desaparecido años antes, en 1031, ocupando su lugar los primeros Reinos de Taifas), cambiando todo el Maghreb de ritmo y preparándose para el advenimiento de dos dinastías bereberes, fuertemente islamizadas, que llegarán a reinar en las dos orillas del Mediterráneo: en Marruecos y en la España musulmana, Al-Andalus. Es precisamente en este tiempo cuando puede afirmarse, con propiedad, que Ceuta pasó a integrarse en un reino cuyo nombre derivará, desde entonces, de la ciudad fundada por los guerreros velados de la región del Sáhara y el Senegal, Marrakech. Por primera vez la vieja Ceuta romana, visigoda, bizantina y omeya (Al-Andalus), pasó a gravitar dentro de una esfera de influencia netamente africana, beréber, que abarcaba desde el Sáhara (por el sur, en Marruecos) hasta el Tajo y el Ebro (por el norte y el este, en España); un imperio animado por “la dictadura de los teólogos malikitas (dogmáticos), la intransigencia religiosa y el espíritu de cruzada”, en palabras de las historiadoras Mª.I. Varela y A. Llaneza.
 

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