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OPINIÓN - MIÉRCOLES, 17 DE SEPTIEMBRE DE 2008

 

OPINIÓN / EL OASIS

Carlos García Bernardo
 


Manolo De la Torre
manolodelatorre@elpueblodeceuta.com
 

Paseo por la Avenida de Sánchez-Prados (de quien lamento no haber escrito nada cuando se han cumplido 72 años de su asesinato) y diviso a Carlos García Bernardo, tiempo sin verle, que camina por la acera opuesta. Y allá que cruzo la calle para saludarle y hablar con él los minutos que siempre hemos compartido cuando nuestros encuentros eran casi a diario, en el mismo sitio y a la misma hora, más o menos.

A Carlos lo conocí yo a principios de los años 80. Fue precisamente en el Puerto de Santa María, en el hotel Puerto Bahía, donde la Agrupación Deportiva Ceuta estaba alojada para participar en el torneo veraniego, José del Cuvillo. Iba acompañado por Emilio Lamorena; dos aficionados que se bebían, y seguirán en la misma línea, los vientos por el equipo de su ciudad.

Recuerdo que me abordaron en la sala de estar del hotel portuense, cuando me encontraba rodeado de amistades locales, e inmediatamente me puse a disposición de ellos, con quienes nunca antes había tenido la oportunidad de conversar. Y los dos, sobre todo, García Bernardo, me hacían ver la necesidad que tenía de dotar al equipo de un estilo ofensivo, adecuado a las aspiraciones del club.

Créanme que les escuché atentamente y hasta evité cualquier respuesta de las que yo solía dar a quienes se atrevían a aconsejarme acerca de cómo debía hacer mi trabajo. Y mucho más si eran personas desconocidas para mí. Pero supe frenar mis impulsos. Por una razón bien sencilla: Carlos y Emilio me cayeron bien al primer golpe de vista.

Desde entonces, mi relación con García Bernardo ha sido siempre de amistad y respeto. Un respeto considerable que nos ha mantenido a los dos en condiciones de hablar con sosiego de todo, aunque ambos no estuviésemos ocupando las mismas trincheras. Jamás, a partir de aquella charla en el establecimiento situado en la playa de Valdelagrana, ningún contratiempo, en forma de malentendido, pudo enturbiar nuestra amistad.

La que nos ha servido a los dos, durante casi treinta años, para disfrutar en la calle, en la cual nos hemos hallado infinidad de veces, de nuestros comentarios futbolísticos, sociales y políticos. Aunque han primado siempre los primeros. Sin que su ser azulgrana haya tropezado nunca con mi acendrado madridismo.

El lunes pasado, que fue el día en el cual abordé a Carlos en la Avenida de Sánchez-Prados, tuve la ocasión de darle ese abrazo al amigo y la satisfacción de verle personalmente. Pues antes sólo me había sido posible en las fotografías de las Fiestas Patronales, publicadas en este medio, dada su condición de viceconsejero de Festejos.

Y, por primera vez, en muchos años, no hablamos de fútbol. Es decir, ni de Guardiola ni de Casillas ni tan siquiera de la Asociación Deportiva Ceuta. Simple y llanamente nos dijimos muchas cosas con la mirada. Nos abrazamos y nos dimos la mano con fuerza. Y quedamos en que él me dejaría algo que quería regalarme en la recepción de ‘El Pueblo de Ceuta’.

Carlos está pasando una mala racha. Pero la va superando. Y conseguirá superarla. Seguro que sí. Porque en su cartilla de la vida consta que, entre otras muchas cualidades, es tan afanoso como buen tipo. Seguiremos hablando de todo, amigo...
 

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