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OPINIÓN - VIERNES, 19 DE SEPTIEMBRE DE 2008

 
OPINIÓN / TERRORISMO EN EL NORTE DE ÁFRICA

Al Qaeda en el Magreb Islámico: extensión y límites
de la amenaza terrorista en el norte de África (y IV)

Por David Alvarado**

En febrero, la policía marroquí desmanteló una red que preparaba “inminentes atentados terroristas” en territorio marroquí. En una amplia operación desplegada en varias localidades de forma casi simultánea, 23 individuos, incluido el jefe de la trama, el ciudadano belgo-marroquí Abdelkader Belliraj, fueron arrestados y puestos a disposición judicial. Entre los reos se encontraban el corresponsal en Marruecos de la cadena de televisión del Hezbollah (“partido de Alá”) libanés, Hafid Sriti, y un militante saharaui del “islamista moderado” Partido para la Justicia y el Desarrollo. En el marco de esta operación también fueron detenidos los secretarios generales de dos partidos islamistas, la Alianza Civilizacional (legal) y el Partido de la Oumma (tolerado, pero no reconocido legalmente), por sus presuntos lazos con la trama y con el chiismo internacional, a través del Líbano pero con Irán a la cabeza. Con ramificaciones en Europa, aparentemente dedicada a la recaudación de fondos, la desarticulación de esta célula puso de manifiesto la posible implicación del “islamismo político” en el terrorismo, además de sacar a la luz la pista chií, una rama del Islam que cada vez cuenta con más adeptos en Marruecos. En total, 33 presuntos miembros de esta trama deberán comparecer el próximo 16 de octubre ante la Corte Antiterrorista de Salé, localidad contigua a Rabat.

“Marruecos acaba de evitar lo peor”, declaraba ante un grupo de periodistas a principios de julio un alto responsable marroquí en la lucha antiterrorista. “A esta conclusión se ha llegado después de analizar la documentación confiscada a una célula terrorista recientemente desmantelada, con ramificaciones en Europa y que mantendría, según todos los indicios, estrechos vínculos con Al Qaeda”, añadía. Se refería a los mapas y planos confiscados a los 35 individuos arrestados a finales de junio y principios de julio en diversos puntos del país por su presunta implicación en una trama terrorista que pretendía operar atentados, algunos de los cuales se encontraban en avanzado estado de preparación, contra los lugares turísticos que más visitantes acogen durante la época estival, principalmente ciudades como Tánger, Marraquech, Fez, Casablanca e incluso la misma capital, Rabat.

Atendidas las evidencias, en pleno apogeo de la llegada de emigrantes marroquíes residentes en el extranjero y de turistas, el Ministerio de Interior decidió entonces elevar al máximo el nivel de alerta ante la amenaza terrorista, procediendo a una extrema movilización y vigilancia estricta de los cuerpos y fuerzas de seguridad. En el marco de este nuevo dispositivo se previó un importante refuerzo de la vigilancia en puertos y aeropuertos, sobre todo en Tánger, Casablanca y Marraquech, además de en los puestos fronterizos de Ceuta y Melilla. Además, se pusieron en marcha controles suplementarios de carretera, tanto en vías principales como en secundarias, y en los accesos a las grandes urbes. La última vez que Marruecos elevó el estado de alerta había sido durante la primavera de 2007, después de que seis kamikazes se hubieran inmolado en Casablanca.

A finales del mes de agosto, en una amplia operación desplegada en varias capitales marroquíes, los servicios de seguridad desmantelaron una “peligrosa red terrorista” compuesta por quince personas. Bajo el nombre de Fath Al Andalus (“Conquista de Al Andalus”, literalmente) el entramado “planificaba inminentes atentados en Marruecos”, coincidiendo con el comienzo del mes sagrado musulmán del Ramadán. En el marco de esta operación fueron incautados productos químicos y material electrónico “para la fabricación de explosivos”, desvelaron entonces fuentes policiales. Según informó agencia marroquí de prensa, la MAP, al Fath Al Andalus mantenía lazos con extremistas vinculados con AQMI. Otras fuentes desvelaron la inestimable ayuda de la policía española en la desarticulación de la trama y la vocación “hispana” del grupo terrorista en cuanto a la selección de sus objetivos.

Por otra parte, a casi nadie pasó desapercibido el hecho de que varios de los cabecillas de esta célula eran oriundos del Sahara Occidental, creyéndose incluso que el centro de operaciones de la misma se situaba en la localidad de El Aaiún, capital administrativa de la colonia española. Ante tal revelación, después de analizar la biografía de algunos de los implicados, para muchos se corroboraban los rumores según los cuales la nueva estrategia de infiltración de AQMI en Marruecos se efectuaba a través del Sahara y a través de saharauis, nueva punta de lanza de la franquicia magrebí de Ben Laden en el país de Mohamed VI.

En Mauritania, ya por último, las fuerzas de seguridad se mantienen también en estado de máxima alerta terrorista. Ante lo inestable de la situación política y un proceso de transición democrática que no acaba de cuajar, con un golpe de Estado militar como colofón, arrecian las amenazas de AQMI. El 12 de septiembre un dispositivo de seguridad especial se puso en marcha en los principales centros neurálgicos de Nouakchott tras una amenaza de atentado proveniente de medios radicales próximos a la franquicia magrebí de la organización de Ben Laden. Entre otros, fueron desplegados controles de seguridad ante la sede de la Presidencia, el Banco Central, edificios ministeriales y embajadas como la de Israel (Mauritania es uno de los raros países musulmanes que mantienen relaciones diplomáticas con el Estado hebreo), Estados Unidos o España.

Este país ha sido el escenario de numerosos ataques terroristas durante los últimos años. Cabe destacar la incursión de un comando del GSPC compuesto por 150 terroristas asesinaba a 17 militares mauritanos en un cuartel de Lemgheity el 4 de junio de 2005. El 24 de diciembre de 2007, no lejos de la localidad de Aleg, 250 kilómetros al sudeste de Nouakchott, 4 turistas franceses eran asesinados por otro comando ya bajo la égida de AQMI, provocando la suspensión del rally Lisboa-Dakar ante la falta de garantías del gobierno del país magrebí para garantizar la seguridad de los participantes.

En abril de 2008 una cuarentena de presuntos terroristas fueron arrestados “a título preventivo” por su vinculación con este atentado, ya fuera por su participación directa, por su complicidad o como presuntos instigadores de la matanza. Desde entonces, varios tiroteos y enfrentamientos entre militares y yihadistas se han registrado en las calles de Nouakchott.

Conclusión: La amenaza de puertas para adentro y la recuperación de Al Andalus

Algunas operaciones policiales llevadas a cabo por la policía española, francesa e italiana entre 2005 y 2007 revelan la capacidad de captación del antiguo AQMI en territorio europeo. Algunos expertos reconocen incluso que las ya densas redes del GSPC en Europa se habrían visto incluso reforzadas, sobre todo durante el periodo de aplicación de la Carta por la Paz y la Reconciliación Nacional en Argelia. Sin ser exhaustivos, aludiendo únicamente a lo acaecido en territorio español, podemos citar la Operación Tigris, en junio de 2005, la Operación Gamo (noviembre de 2005), la Operación Green (diciembre de 2005), la Operación Chacal (enero de 2006), la Operación Sello II (enero de 2007) o las últimas operaciones llevadas a cabo en Catalunya, en las cuales fueron detenidos varios ciudadanos de origen magrebí dedicados a la captación de reclutas y la consecución de fondos para la Yihad internacional. Sólo en España, el 79% de los detenidos por su implicación en actividades vinculadas con el terrorismo internacional entre 2001 y 2006 son oriundos del norte de África (el 40% de Marruecos y el 31% de Argelia).

En el marco de estas redes yihadistas europeas, juegan un papel destacado los binacionales, es decir, ciudadanos de origen magrebí establecidos desde hace tiempo en Europa y que han llegado a adquirir la nacionalidad de sus países de origen, son uno de los objetivos prioritarios de AQMI. “Sabemos, a partir de algunos casos en los que estamos trabajando, que la tarea del GSPC consiste en reclutar a gente en Marruecos y en Túnez, entrenarles y devolverles a sus países de origen en Europa para perpetrar ataques”, declaró a finales de 2007 el juez antiterrorista francés, Jean-Louis Bruguière, al The New York Times. Especial atención a las nuevas generaciones, a los hijos de emigrantes magrebís, que son reclutados en el marco de colectividades musulmanes para, en algunos casos, trasladarlos a primera línea del combate yihadista (Iraq y Afganistán, principalmente) y, en otros, para conducirlos a los campos de entrenamiento en el Sahel, donde se les instruye en el uso de armas y explosivos.

En el yihadismo internacional, España juega un papel simbólico muy destacado. En febrero de 2007, Ayman Al Zawahiri emitió un mensaje en el que, tras lanzar un llamamiento a la juventud musulmana en orden a asumir el deber de la Yihad, aludía al puesto central que el estado español desempeña en la idiosincrasia islamista. “Pido a Alá que os conceda que mantengáis vuestros pies firmes para obedecerle y que os conceda su ayuda y su victoria, y así liberéis el Magreb Islámico e icéis el estandarte de la Yihad para que ondee victorioso sobre su tierra, y que Alá os conceda el favor de pisar pronto con vuestros pies puros el usurpado Al Andalus”.

Esta idea de recuperar por las armas lo que fue tierra del Islam entre 711 y 1492 parece haber calado en el discurso de las redes terroristas norteafricanas. Tras anunciar su cambio de nomenclatura, el GSPC destacaba en un comunicado: “Abrazamos la Yihad para cumplir con un precepto divino ineludible que se nos impuso desde la caída de Al Andalus y la venta de Palestina, y desde que nos dividieron las frontera que inventaron los invasores”. Desde entonces, la amenaza terrorista contra intereses españoles se antoja real, no sólo en los propios países magrebíes, sino también en la propia Península y, muy especialmente, en las dos ciudades autónomas españolas en el Norte de África. En diciembre de 2006, en otro comunicado, El Zawahiri aludía precisamente a “la ocupación española de Ceuta y Melilla”, aludiendo al deber de expulsar a “los invasores” de la tierra del Islam.

Este argumento de propaganda de Al Qaeda parece ser efectivo como acicate a la “rebeldía anti occidental”, muy en boga entre la opinión pública árabe. La pervivencia del mito de Al Andalus es, efectivamente, un tema rentable para la publicidad político-religiosa de la organización de Ben Laden y un instrumento movilizador de peso a la hora de reclutar nuevos yihadistas. Por esto precisamente, Al Zawahiri parece haber adoptado la recuperación de Al Andalus como uno de los argumentos constantemente repetidos en sus apariciones públicas. Si bien la eventual redención del “territorio despojado” es, sin duda, un argumento interesante, con la finalidad de crear inquietud y miedo en Occidente, este tipo de llamamientos efectuados desde algún punto de la frontera afgano-paquistaní, donde se cree que Al Zawahiri permanece escondido, no sitúa a España, a priori, como un objetivo central de los violentos o, al menos, no más que otros.

Lo que sí justifica la inquietud europea es el advenimiento de AQMI y sus derivas. El recrudecimiento de las acciones terroristas, la multiplicación y coordinación entre las redes yihadistas norteafricanas y la asunción de parte del antiguo GSPC del rol de guía, son elementos amenazantes para la seguridad de Europa, sobre todo de países como España, Italia, Francia, Reino Unido y Holanda. El riesgo de nuevos atentados en territorio europeo es real. En este sentido, algunos expertos han llegado a apuntar que la eventual retirada de tropas norteamericanas de Iraq puede tener consecuencias sobre el incremento de esta amenaza. Si el conflicto iraquí deviene una suerte de guerra civil y no una lucha contra la ocupación estadounidense es probable que muchos de los voluntarios mouyahidines opten por proseguir su particular Yihad en Europa, contra sus “cruzados”, sus regímenes “anti musulmanes” y, cómo no, para “recuperar” Al Andalus y los “territorios ocupados” de Ceuta y Melilla.

** Politólogo y corresponsal de prensa en el Magreb
 

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