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sociedad - DOMINGO, 26 DE OCTUBRE DE 2008


estellés, guisado y martínez. reduan.

Reportaje / Asociación de Pilotos-Aviadores Veteranos
 

La fascinación por la
soledad en el cielo

La Asociación de Pilotos-Aviadores Veteranos organizó uno de sus encuentros anuales
en Ceuta este fin de semana, varios de sus miembros se reunieron para contar anécdotas y experiencias de toda una vida en el aire

CEUTA
Fernando M. Caracena

ceuta
@elpueblodeceuta.com

Es muy difícil expresar lo que se siente la primera vez que uno empieza un vuelo. Supongo que hay que ser poeta para poder hacerlo.

En el hall del Hotel Tryp se reúnen el presidente de la Asociación de Pilotos-Aviadores Veteranos de España (APAVE), Manuel Estellés Moreno; el vicepresidente de la Junta, Manuel Guisado, y el tesorero, Juan José Martínez. Un piloto militar, uno deportivo y uno comercial. Entre los tres suman innumerables horas de vuelo. La, en principio, entrevista se desarrolla como un coloquio bajo el humeante café de Estellés. Cinco preguntas y ciencuenta minutos de charla. “Un piloto siempre puede hablar con otro piloto aunque no tengan el mismo idioma” dice Martínez. “Es cierto, nos comunicamos con las manos” dice Estellés. “Recuerdo un encuentro mundial con los búlgaros y un compañero tuvo una conversación larguísima e intensa con uno de allí” continúa Martínez. Hay un espíritu aéreo que se intenta encauzar desde una asociación que recoge pilotos de todos los ramos: “Creo que es una de las pocas profesiones con una verdadera vocación. Si no en la primera acrobazia cuando te viene tu primera arcada, lo dejas”. Los pilotos no dicen acrobacia, sino acrobazia. Los italianos fueron durante la Guerra Civil los primeros que trajeron aparatos que permitían hacer piruetas y dejaron aquí el término: “Puedes distinguir perfectamente a alguien que no es piloto viendo cómo lo pronuncia” señala Martínez.

El ceutí Guisado cuenta sus comienzos cuando tenía sólo 14 años en vuelo sin motor, Pedían 15 para empezar; “en aquella época echaba una firma tu padre y entrabas, era menos concreto eso de la cartilla de nacimiento”. En el 48 comenzó con aparatos de motor y acumula 1.800 horas de vuelo. “Muchísimas- dice Estellés- para un piloto deportivo”. El más mayor de los tres hace un breve repaso de la escasa historia en aviación de Ceuta: “Había varios hidroaviones que llegaban a la bahía. Los quitaron cuando ganaron los terrenos al mar. Recuerdo que se proyectó hacer una pista de aterrizaje pero el diseño exigía que no hiciese nada de viento y entraras sin cruzarte nada. En seguida podías irte al agua. Estuvo el helipuerto militar, que se dejaba de vez en cuando para el uso civil, y ahora el nuevo helipuerto. También están los parapentes que organizan de vez en cuando algunas cosas”.

La aviación ha cambiado bastante. El GPS de antes era una brújula, un mapa y un reloj: “Las cosas han variado mucho pero en los 100 años de aviación siempre ha sido necesario el reloj para saber cuando llegas a un destino para poder ir marcando tu rumbo”. Antes no se podía volar por encima de las nubes. No por las limitaciones técnicas, sino porque la forma de orientarse los aviadores era con los hitos del suelo: un río, una iglesia,un almacen. “Para los aterrizajes te fijabas en el movimiento de las banderas para comprobar el viento”.

Una de las curiosidades de la aviación de combate es la tensión que soportan debido a la aceleración en donde se recibe varias veces la fuerza de la gravedad: “Cuando estás a seis ges y medio o siete puedes perder la visión durante un instante. Es como si se te fuera yendo” dice Estellés haciendo con las manos un encuadre cada vez más pequeño. A veces se puede llegar a perder la conciencia: “Te pasa mucho cuando vas atrás, de acompañante. No te la esperas y no te preparas para no caer. En alguna ocasión cuando yo iba de piloto he mirado atrás y me he dicho, mira, ya está éste frito”. “También es curioso la mano, no puedes moverla. Si la tienes pegada al reposabrazos se queda ahí”, añade Martínez.

Pero cuál es la sensación cuando estás pilotando por primera vez- les reitero algo insatisfecho con la respuesta del poeta. “Yo sentí una sensación de soledad. Miraba por el retrovisor y no encontraba a mi instructor. Estaba separado del mundo y de todo y con la sensación de libertad de no tener ningún frontera”, terminó por responder Estellés.
 

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