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OPINIÓN - MARTES, 4 DE NOVIEMBRE DE 2008

 

OPINIÓN / MIS COSAS

Mis cosas
 


ADE
ade
@elpueblodeceuta.com
 

Las tradiciones hay que mantenerlas. Un pueblo que olvida sus tradiciones, borra parte de su historia. Por supuesto que hay que respetar las tradiciones de otros países, de otros pueblos, de otras culturas pero, jamás, aceptarlas y hacerlas nuestras porque en realidad, no forman parte de nuestra cultura.

Se ha celebrado en nuestra tierra, incluso en algunos colegios, Halloveen, “los muertos vivientes”, fiesta tomada de otros países que está adquiriendo gran arraigo en el nuestro, sin pertenecer a nuestra cultura.

Partiendo de la base, que cada quiqui puede celebrar lo que le venga en ganas, me quedo con mis tradiciones y prefiero la “mochila” al Halloveen ese que no me dice, absolutamente, nada y que no pertenece a mis tradiciones.

Recuerdo de mi época de niñez, cuando se nos hacía una talega y en ella se introducían varias frutas, castañas, nueces, naranjas, chirimoyas y el consabido membrillo que te hacía cada nudo que las pasabas, en ocasiones, ”canutas” al tratar de traga el bocado que le habías pegado a la mencionada fruta.

Todos los chavales, con nuestra talega a cuestas, íbamos por la calle cantando esos de:”Ay mi mochila no se la come el gallo ni a gallina, que es para mi barriga”. Hasta que terminábamos de comernos las frutas y regresábamos a casa.

Lógicamente el tiempo avanza y ya ningún chaval sale con su talega a cuestas cantando la canción. Pero no es menos cierto, que todo ello, se ha trasladado al campo, donde las familias se reúnen para comerse la “mochila. La tradición se sigue manteniendo auque se hayan cambiado algunas formas, para adaptarse a la época en la que estamos viviendo.

Una de las tradiciones que, poco a poco, se van perdiendo según avanza la vida es la de acudir el día uno noviembre a los cementerios a llevar flores a los difuntos. Tradición que se irá perdiendo cada año más y que terminará por desaparecer, cuando las personas mayores, por ley natural, vayan quedando menos dando paso a la juventud. Una juventud que, por su forma de vivir y ver las cosas, no acudirá a los cementerios a llevar flores a los difuntos. Sin duda alguna esa tradición va a desaparecer. Todo es cuestión de tiempo.

Y que conste, que no soy muy dado a llevar flores a los difuntos, precisamente ese día. El cementerio me impone de tal manera, que mis visitas al mismo, se pueden contar con los dedos de una mano y sobran dedos.

La vida, la época actual que nos ha tocado vivir, está llevando a la juventud por otros caminos, por derroteros, que pueden acabar con nuestras tradiciones, aceptando las de otros países que nada tienen que ver con nuestra cultura.

Ahora estamos a las puertas de la Navidad y seguidamente de los Reyes Magos. La celebración del tío que viene en un trineo y se cuela por a ventana, me la trae al fresco del poniente. Para mí, personalmente y en persona, diga lo que quiera decir el mundo mundial, la única fiesta es la de los Reyes Magos. Aunque, hoy día, como los niños tienen de todo se hay perdido la ilusión.
 

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