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OPINIÓN - DOMINGO, 9 DE NOVIEMBRE DE 2008

 

OPINIÓN / EL OASIS

‘El silbato’
 


Manolo De la Torre
manolodelatorre@elpueblodeceuta.com
 

Cuando yo digo que leo a todos los que escriben en periódicos de la ciudad, incluso a quienes confunden la b con la v y viceversa, estoy diciendo la misma verdad que si proclamo que soy de poner muy poco la televisión. Por lo que me es posible airear que he visto dos veces ‘El silbato’: un programa deportivo que emite Ceuta Radio Televisión, y que el lunes pasado hube de soportarlo haciendo acopios de voluntad y espíritu de sacrificio a raudales.

Antes de seguir me gustaría dar por sentado que nada tengo en contra de los profesionales encargados de conducir el programa, pero es conveniente recordarles que las muchas ganas mostradas en el desempeño de su tarea no les exime de ser capaces de aburrir a los telespectadores. Aunque es bien cierto que le echan un valor digno de encomio al enfrentarse a una audiencia que aún no ha protestado ruidosamente por tener que tragarse semejante bodrio. Hay gente para todo.

El que yo viera ‘El silbato’, el día 3, fue porque el gerente de este periódico me puso al tanto de que sería entrevistado José Enrique Díaz, director técnico de la Asociación Deportiva Ceuta. De modo que me perdí el capítulo de una serie que vengo viendo los lunes y que ha suscitado más que interés en mí. Nunca me lo perdonaré.

José Enrique Díaz, más sabe el diablo por viejo que por diablo, se dio cuenta muy pronto de que estaba ante unos entrevistadores a los que podría chulear de entrada. Y estuvo durante muchos minutos, toda una eternidad en televisión, tomándoles el pelo a unos profesionales que nunca supieron responderles con las respuestas que merecía la insolencia de quien está viviendo del salario que obtiene en esta ciudad.

Grima, pues, me daba cada vez que el técnico sevillano les decía a los periodistas, con una insistencia rayana en la pesadez, que si no se habían acordado de él en los momentos de la euforia desatada cuando lo de Pontevedra y Gerona, a cuento de qué venía citarlo esa noche en los estudios de la televisión pública. Y todo ello, claro que sí, sin que los profesionales del medio se percataran de que Díaz estaba practicando un filibusterismo descarado.

En román paladino: estaba obstruyendo descaradamente el programa con sus incesantes preguntas acerca de por qué en los días de gloria se le ignoró y ahora se le sentaba en el banquillo de los acusados. El lamento del director técnico era evidente: reclamaba, a toro pasado, otro escudo de oro de la Ciudad; como el que los políticos impusieron a Benigno Sánchez. Lo que traducido venía a decir lo siguiente: si entonces fue Benigno el triunfador, ahora debe ser, también, el único culpable por no sacarle más rendimiento a una plantilla confeccionada por mí y que considero mejor aún que la que logré reunir la temporada anterior.

Pero el momento cumbre de la entrevista llegó cuando, tras decirnos repetidas veces lo mucho que trabaja a favor de la ADC, todos los días y fiestas de guardar, y de aclararnos las razones tenidas en su día para eludir la responsabilidad de entrenar al equipo cuando la destitución de Diego Quintero, nos aclaró el director técnico que él había decido no venir a Ceuta a ver el partido del Jaén porque era más importante su misión de ojeador.

Un directivo muy destacado del equipo, y cuyo nombre voy a silenciar, de momento, me ha dicho que el director técnico no estuvo en el Murube porque tenía canguelo. O sea, un miedo atroz.
 

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