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OPINIÓN - VIERNES, 14 DE NOVIEMBRE DE 2008

 

OPINIÓN / MIS COSAS

Mis cosas
 


ADE
ade
@elpueblodeceuta.com
 

No me gustan los juegos de azar, lo que no quiere decir que, como cada hijo de vecina, me juegue a la primitiva y los viernes el cupón de los ciegos. Lo hago porque según dicen la esperanza es lo último que se pierde. A pesar de que, todo hay que decirlo, tengo la misma esperanza en los juegos de azar, como que se me conceda el Nobel de Literatura aunque, por supuesto, no esté en la lista de los personajes más influyentes de esta tierra. Una lista, que según que nombres aparecen en ella, me recuerda algún que otro chiste de ”La Codorniz”.

Dejemos esto que, al fin de cuentas, ni me ocupa ni me preocupa y vayamos a lo que vamos, que me he desviado del asunto. Les decía que no me gustan los juegos de azar pero que, a pesar de ello pues también invierto en los mismos, aunque teniendo la seguridad que quien siempre gana es Hacienda. Con lo cual, esto hay que reconocerlo, ganamos todos porque, diga usted lo que diga, Hacienda somos todos. ¡Que detalle, colega!

La verdad no estoy muy de acuerdo de que Hacienda somos todos. Un día me quise llevar un ordenador de Hacienda y se negaron a dejármelo llevar, incluso me amenazaron que de insistir en mi propósito llamarían a la policía. O sea que tengo mis dudas más que razonables.

Otra vez me he ido por los cerros de Ubeda. Volvamos a lo que les quería decir y que ya les he dicho. Y si ya se lo he dicho, para qué lo voy a repetir, si ustedes se han enterado. Me estoy haciendo un lío, que no sé cómo salir de él.

Lo que les quiero decir, que lo que no me gustan de los juegos son las apuestas. Esa costumbre, tan española de apostar por cualquier cosa, no va conmigo. Yo no apuesto ni porque tengo la obligación de escribir cada día.

Pero mire usted, amigo guardia, lo que son las cosas. Hace más de un año, me hice una apuesta con un amigo que me dijo que un hecho se iba a producir en un par de meses. Y me la hice ante, la insistencia de mi amigo y, por supuesto, contra mi voluntad, porque la iba a ganar sin duda alguna, conociendo a uno de los personajes que intervendrían en el asunto

Le aconsejé, por activa y por pasiva, que no hiciese apuesta alguna a favor del asunto donde iba a intervenir ese personaje, que mentía más que parpadeaba a sus ojitos no paraban ni una décima de segundo. Insistió, a pesar de mis buenos consejos en hacer la apuesta, y fue tal su insistencia que no tuve más remedio que aceptarla. Nos jugamos una cena.

La cena, por supuesto, la he ganado sin esforzarme lo más mínimo, pues lo que iba a solucionar ese engaña tontos con balcón a la calle en un par de meses, ha pasado cerca de año y medio y el asunto sigue sin solución alguna. Lógico, en cuanto el encargado de solucionarlo es ese patético personajillo, al que nadie conoce mejor que el menda lerenda. O sea que diga lo que diga el mundo mundial los jóvenes y las jovenas, al único que no puede engañar es al menda.

Cena a base de mariscada y aunque me suba el colesterol, lo doy por bien empleado. A mi no me engañas, colega. Gracias
 

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