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OPINIÓN - VIERNES, 21 DE NOVIEMBRE DE 2008

 

OPINIÓN / EL OASIS

Beatriz Corredor
 


Manolo De la Torre
manolodelatorre@elpueblodeceuta.com
 

La ministra de la Vivienda vino el miércoles pasado para firmar convenios e intercambiar impresiones sobre asuntos correspondientes a su ministerio con las autoridades locales, y lo que es más importante para ella: ya puede decir que conoce Ceuta.

La ministra, al igual que todos los ministros y cargos del Gobierno que han venido a Ceuta, se ha llevado una muy grata impresión del presidente de la Ciudad. Y podrá contar que es verdad cuanto le habían dicho acerca de la amabilidad de Juan Vivas y de las buenas relaciones que éste mantiene con José Fernández Chacón, delegado del Gobierno.

Beatriz Corredor había pasado antes por Melilla. Y allí se encontró con lo que suelen encontrarse todos los ministros socialistas que acuden a entrevistarse con Juan José Imbroda: con un presidente de gesto avinagrado y que los mira por encima del hombro. Una actitud que hace que los visitantes se sientan más que incómodos y con todas las ganas del mundo de irse cuanto antes de allí.

Luego, si los ministros desean hablar del viaje entre familiares, amistades, funcionarios o compañeros de gobierno, seguro que dejarán caer que el presidente de Melilla les ha parecido una persona áspera, adusta y dispuesta a demostrar que nunca se dejará embaucar por unos socialistas de los que sigue sin fiarse. Y hasta puede que alguien les pregunte si no les ha echado en cara el que ZP no tenga con Melilla el extraordinario comportamiento que tuvo Aznar.

Juan José Imbroda sigue dando pruebas evidentes de no haberse percatado todavía de que es ZP quien reside en La Moncloa. Y que un buen político ha de saber sortear los momentos en los cuales los suyos no están subidos en el machito del poder principal.

Pero él, el alcalde de Melilla, ha apostado por sacar a relucir, a cada paso, el orgullo de sentirse no sólo del Partido Popular sino de exhibirlo, con dureza en el rostro, ante sus adversarios con cargos importantes en el Gobierno de España. Y así le va... Amén de que se haya ganado fama de ser un malage en toda regla.

Todo lo contrario a la forma de actuar que tiene Juan Vivas. Éste, en cuanto las urnas dictaminaron que tenía que gobernar con un delegado del Gobierno socialista, supo aceptar los hechos con la naturalidad de quien está convencido de que es el presidente de todos los ceutíes. Y que jamás la cohabitación iba a ser un obstáculo que le impidiera entenderse con los socialistas por el bien de Ceuta. Y salvo raras excepciones, y nunca sin salirse de madre al mostrar sus discrepancias con los cargos de la Administración General, está actuando de manera plausible y encomiable.

Cierto es que hay personas en el PP que no ven con buenos ojos que yo compare a Vivas con Imbroda. A fin de cuentas, ellas en el fondo harían, de estar en el sitio del segundo, lo mismo que viene haciendo él. Pero la Verdad es la verdad, dígala Agamenón o su porquero.

Y esta verdad conviene resaltarla. Por razones de mucho peso: porque el buen comportamiento de Vivas con los ministros socialistas y demás cargos del Estado, redunda en beneficio de la ciudad. Y el bien de Ceuta ha de estar por encima de simpatías o antipatías.

Lo cual no se consigue asistiendo a las reuniones de trabajo con la jeró de cancerbero de discoteca con tripas por estrenar.
 

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