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OPINIÓN - DOMINGO, 23 DE NOVIEMBRE DE 2008

 

OPINIÓN / EL OASIS

Respuesta clara
 


Manolo De la Torre
manolodelatorre@elpueblodeceuta.com
 

Cuando se escribe en estado de irritación, las ideas y los sentimientos brotan descompuestos y desordenados, hasta caer enmarañados en la página literaria. Es lo primero que uno aprende en cualquier curso de redacción. He aquí por qué es mejor dejar que se aplaque primero el tumulto interior que nos agita. La frase es la más adecuada para que alguien pueda tacharme de cursi. Pero créanme que sólo dejando reposar las pasiones y controlando los nervios es la única manera de decir las cosas dentro de cierto orden y concierto.

Es lo que trataba de explicarle días atrás a alguien que me achacaba el que en muchas ocasiones mis escritos exudan sorna, burla, guasa, cachondeo... Pero capté muy pronto que lo quería decirme es que yo suelo tomarme a bromas cuestiones que él reviste de una seriedad apabullante. Tal vez porque no se ha parado a pensar que, debido a nuestras posiciones, estamos en las antípodas. Lo cual no obstaculiza que a veces tengamos opiniones coincidentes y hasta nuestra manera de actuar, en según qué situaciones, nos parezca elogiable.

Dado que son pocas las veces que hablamos, muy pocas, decidimos aprovechar la oportunidad que se nos había presentado y a fe que no desperdiciamos el tiempo. De modo que repasamos algunos problemas pasados y nos metimos de lleno en los actuales.

En ocasiones, nuestra charla informal se veía interrumpida por quienes se acercaban a saludar a mi interlocutor y ello hacía que la conversación tomara otros derroteros. Guillermo Martínez, por ejemplo, consejero de Economía, Empleo y Turismo, pasó por el sitio y me fue imposible saber si tiene la costumbre de dar las buenas tardes y excusarse cuando decide interrumpir la conversación mantenida por otras personas.

Cuando Martínez creyó conveniente irse por donde había venido, sin obsequiarnos con un mínimo adiós, quien conversaba conmigo me dijo lo siguiente:

-¿Por qué nunca has destacado en tu columna la buena labor que está haciendo este consejero?

-Será porque la tengo tomada con él. Es lo que tú estás deseando oír y lo que, seguramente, te habrán contado, ¿verdad?...

-No, hombre, no; ya estás pensando mal...

Lo ves, en cuanto aparento tomarme las cosas en serio, tú, al igual que otros muchos, inmediatamente crees que estoy pensando de manera torcida, y todo lo que sigue... Por tal motivo, a la hora de escribir procuro por todos los medios poner en cuarentena lo que voy a decir, para no arrepentirme de lo que luego ponga negro sobre blanco.

Mira, en vista de que nuestra charla está transcurriendo por cauces estupendos, no tengo el menor inconveniente en decirte que yo no conozco a Guillermo Martínez de nada. Que jamás he hablado con él. Y, desde luego, a ti, que eres persona muy experimentada en la calle, no se te habrá escapado que al muchacho le falta un hervor para conectar con la gente. Razón más que suficiente para que no se me haya ocurrido interesarme por su labor como político. Creo que Martínez, si es tan listo como estirado parece, lo entenderá. Y hará todo lo posible, por muy consejero de Economía, Empleo y Turismo que sea, en ir adaptando su carácter al empleo publico que tiene. Pues cuesta menos trabajo ser agradable que lo contrario.
 

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