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sociedad - JUEVES, 27 DE NOVIEMBRE DE 2008


joven musulmana. archivo.

SOCIOLINGÜÍSTICA
 

Lengua y política

La arabista Ángeles Vicente publica ‘Ceuta: una ciudad entre dos lenguas’, un libro en el que aventura que la “confusión” ideológica que rodea la defensa del árabe hace “prácticamente nulas” las posibilidades de una enseñanza bilingüe
 

CEUTA
Gonzalo Testa

ceuta
@elpueblodeceuta.com

Orillada por los especialistas, que no le han dedicado la misma atención que a otras regiones como Cataluña, Galicia, Euskadi e incluso Gibraltar, la doctora en Filogía Árabe por la Universidad de Barcelona Ángeles Vicente, directora de la revista Estudios de Dialectología Norteafricana y Andalusí, ha venido a cubrir ese “vacío” sobre la diversidad lingüística ceutí con un libro titulado ‘Ceuta: una ciudad entre dos lenguas. Formación y evolución del árabe ceutí’ que acaba de editar el Instituto de Estudios Ceutíes (IEC).

En él, además de un profundo análisis lingüístico y de contextualizar la geografía y la historia de la ciudad y la evolución de la comunidad musulmana local en ella, Vicente aborda el “laboratorio lingüístico” ceutí en el que para hablar del árabe y de su presencia en estos 19 kilómetros cuadrados hay que remitirse a dos épocas “muy diferentes”. Primero, al periodo que va desde la Edad Media hasta la llegada de los portugueses en el siglo XV. Después, desde la formación de la actual comunidad musulmana, a finales del siglo XIX, hasta la actualidad.

Superado el análisis histórico, Vicente analiza las actitudes de las dos comunidades mayoritarias en Ceuta hacia el árabe ceutí, al que ambas tratan más como un apaño que como una verdadera lengua. La de sus hablantes, los musulmanes, explica la profesora de la Universidad de Zaragoza “ha evolucionado con el paso del tiempo” propiciando “un proceso de arabización que ha provocado un uso mayor de la lengua árabe, todo ello como consecuencia de la islamización que ha vivido la ciudad en el transcurso de los últimos años”. Dicho proceso no está ligado al árabe clásico sino, al contrario, a “una revitalización de la lengua materna de la mayor parte de los musulmanes nacidos en la ciudad o llegados desde Marruecos”, el dariya.

“En Ceuta es necesario tener en cuenta”, señala Vicente en su libro, “la mínima relación de sus habitantes con el árabe clásico, un vínculo que está condicionado por la ausencia de esta lengua en la enseñanza oficial, en los medios de comunicación escrita y en toda manifestación relacionada con la expresión escrita”.

“El musulmán ceutí considera que la conservación del árabe ceutí es una cuestión de identidad cultural y religiosa que se ha convertido en la salvaguada contra la pérdida de identidad sometida a la presión que ejerce la población cristiana, cuya lengua vernácula y vehicular es el español”, remacha la arabista, para quien a pesar de todo no cabe duda de que la comunidad musulmana local le da “escaso valor” lingüístico a su idioma materno.

Dicha percepción, generalizada en el mundo arabófono, se agudiza en Ceuta por los “problemas” que muchos residentes encuentran para entenderse al otro lado de la frontera en el centro y el sur de Marruecos, “diferencias dialectales” que despierta “un cierto complejo de inferioridad” que los propios ceutíes atribuyen a que hablan, según sus propios testimonios a la autora, “un mal árabe”.

A los musulmanes ceutíes tampoco les ayuda a tener más aprecio a su lengua la actitud de los cristianos hacia ella, que según Vicente “la desprecian” en la mayoría de los casos (además de desconocerla en la práctica totalidad). “El árabe ceutí no supone ningún problema cuando su uso se mantiene restringido al ámbito familiar o en el seno de un grupo reducido, pero la polémica surge cuando se habla en un contexto propio de la lengua dominante como los colegios”, apunta Vicente, quien da cuenta de que muchos profesores “prohíben comunicarse en esa lengua” a los alumnos musulmanes.

El árabe ceutí carga, además, con el peso de ser una de las razones de la elevada tasa de fracaso escolar de los niños y niñas que tienen esta lengua como materna, una opinión que comparten la mitad de los 18 directores de centros educativos que visitó la autora en el marco de una encuesta “personal”. “Casi todos han constatado que los niños musulmanes hablan en árabe mucho más habitualmente ahora que una época anterior”, recoge la doctora, a la que los directores le vincularon dicho fenómeno con “el aumento de los matrimonios entre hombres musulmanes, instalados en la ciudad desde hace tiempo o nacidos en ella, con mujeres marroquíes recién llegadas”.

Bilingüismo y fracaso escolar

Sin embargo, como para la secretaria de Estado de Educación, Eva Almunia, para Vicente el que la lengua materna sea diferente de la oficial no debe ser “necesariamente” causa de fracaso escolar. Así lo constatan, por ejemplo, los resultados de los alumnos marroquíes que estudian en la red de colegios españoles de varias ciudades del país vecino, un contexto donde además no está tan claro que los niños conozcan tan bien como los ceutíes “al menos oralmente” el español.

“Si este conocimiento no es suficiente para estudiar en un centro escolar, la solución consiste entonces en facilitar la integración lingüística de todos los niños arabónos en los colegios, reforzando la enseñanza de la lengua española, pero sin prohibir su lengua materna”, apunta Vicente, quien advierte de que en la ciudad complica las cosas que “en ciertos contextos se confunde la ideología que defiende reconocer el estatus de una lengua y de la cultura que ella vehicula con reivindicaciones de tipo nacionalista”. Esta actitud, cree, “hace fracasar cualquier tentativa de revalorización del árabe dialectal de manera oficial”. “De esta manera”, aventura, “las posibilidades de existencia de una enseñanza bilingüe español-árabe dialectal en Ceuta son prácticamente nulas en un futuro próximo”.

“Así las cosas, podemos afirmar que el fracaso escolar de los estudiantes musulmanes de Ceuta puede deberse a la inexistencia de programas bilingües en los colegios de la ciudad, y no al hecho de hablar otra lengua en sus casas, como afirman algunos maestros de sus escuelas”, termina su razonamiento antes de concluir que “por el contrario, esta última situación debería ser más bien considerada una ventaja que un inconveniente”.
 


El tripartito que forma el ‘árabe ceutí’

Nacida en Madrid, Ángeles Vicente pasó dos años con una beca posdoctoral en París estudiando el ‘code-switching’, la mezcla de dos lenguas que se produce cuando dos idiomas cohabitan como en Francia, Estados Unidos o la propia Ceuta (menos antigua y fluidamente), un fenómeno en el que ella misma cae en la dedicatoria de su libro: ‘A Rafia u n-nas dyala [A Rafia y a su familia]’, un homenaje al hogar que la acogió durante sus investigaciones de campo en la ciudad autónoma. Aquí se vio “sorprendida” por la vitalidad del árabe en la calle, donde ella distingue “lo que se habla en Ceuta del árabe de Marruecos”. “El árabe ceutí”, resumió en julio a este periódico, “es una mezcla del que trajeron los primeros marroquíes que llegaron a Ceuta, del norte rural; del árabe de Tetuán, el más prestigioso del norte de Marruecos, y del español”.
 

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