PortadaCorreoForoChatMultimediaServiciosBuscarCeuta



PORTADA DE HOY

Actualidad
Política
Sucesos
Economia
Sociedad
Cultura
Melilla

Opinión
Archivo
Especiales  

 

 

OPINIÓN - MIÉRCOLES, 28 DE ENERO DE 2009

 

OPINIÓN / EL OASIS

Menudo niñato
 


Manolo De la Torre
manolodelatorre@elpueblodeceuta.com
 

Hace ya un año que escribí cómo José Antonio Alarcón, ‘El Cristiano’, bibliotecario que estuvo liberado trece años para poder ocuparse de la Secretaría Política y Relaciones Institucionales de Comisiones Obreras, volvía al trabajo. Es decir, nuestro hombre se pasó gran parte de su vida profesional cuidando su físico. Evitando cualquier esfuerzo temerario en la Biblioteca Municipal. Y, desde luego, se preocupó muchísimo de no transitar por ella, ni siquiera de visita, a fin de eludir cualquier accidente entre tantos anaqueles.

Sí, ya sé que liberarse del currelo es legítimo para cualquier sindicalista. Y por ello Alarcón hubiera estado trece años más sin volver al tajo de no haber sido porque una mañana fue a ver a Juan Vivas, como era costumbre en él desde hacía mucho tiempo, y se encontró con que le dieron con la puerta en las narices.

Me contaron, entonces, que al bibliotecario le dio un soponcio. Que aquel desprecio lo confundió de tal forma que salió de la antesala presidencial arrasado por las lágrimas y hubo quien lo oyó exclamar: “¡Así me paga, mi amigo del alma, los servicios que le he venido prestando desde que asumió la presidencia de la Ciudad!”.

Porque sepan ustedes que El Cristiano llegó a creerse que cumplía una función primordial entre el PP y el PSPC. Que era nexo indiscutible para acercar posturas entre el presidente de la Ciudad y el presidente del partido localista. En realidad, nunca dejó de ser un correveidile convencido de que se había convertido en un asesor de altos vuelos. Y para colmo, engañado. Puesto que cada vez que se oponía a cualquier decisión de los sindicatos, en asuntos que pudieran perjudicar al presidente, no sólo se le echaban encima los de la UGT, sino que provocaba la ira del secretario general de Comisiones Obreras.

Así, José Antonio Alarcón comenzó a perder la alegría, si es que la tuvo alguna vez; y cuando barzoneaba se le veía a la legua que era ya una persona alicaída; una sombra de tristeza; un muchacho venido a menos y que había perdido la oportunidad de su vida: ser nombrado asesor del Presidente de la Ciudad. Un cargo por el cual suspiraba desde que Vivas fue investido presidente. Y, por supuesto, su fracaso le dejó tocado de un ala y con él impidió que Aróstegui siguiera metiendo baza en el gobierno. Y, habiendo quedado peor que Cagancho en Almagro, optó por regresar a su empleo.

Todo lo reseñado viene a cuento porque desde hace unos días está colgado en un panfleto digital un artículo del PSPC -bochornoso, mal escrito y a cuyo redactor le recuerdo que “alago” es con hache-, donde los dirigentes del partido se quejan de cómo ellos asesoraban a Vivas e incluso le trabajaban la mente una vez a la semana.

Pero Vivas, según los del PSPC, les traicionó al despreciar su asesoramiento y, cómo no, el lavado de cerebro semanal que tan bien le venía al presidente para llevar por el mejor de los caminos a Ceuta, con las ideas de Aróstegui y compañía. Y andan los pobres que se suben por las paredes. Y, dado que están ya en las últimas, han decidido contarnos la trayectoria de Vivas. Por medio de un escrito nauseabundo, cuyo autor tiene todas las trazas de ser un “mileurista” que quería ser subvencionado por el Gobierno de la Ciudad para poner de vuelta y media a mi estimada Mabel Deu. Menudo niñato.
 

Imprimir noticia 

Volver
 

 

Portada | Mapa del web | Redacción | Publicidad | Contacto