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OPINIÓN - MIÉRCOLES, 28 DE ENERO DE 2009

 

OPINIÓN / EL ESQUINAZO

Isla del Perejil
 


Jesús Carretero
jesuscarretero@elpueblodeceuta.com

 

Es un lugar del que yo, en mi primera etapa aquí en Ceuta entre 1978 y 1986, no había oído hablar nunca. Por supuesto que, una parte considerable de ceutíes, especialmente aquellos que, por afición o por profesión, salen a diario a la mar, la conocían.

Otro buen porcentaje de la población de aquí, en aquella época, tenían un conocimiento de ese islote similar al mío, esto es, no sabían ni donde estaba, ni tampoco les importaría mucho cómo era o qué podían encontrar allí.

Así las cosas, hace ya seis o siete años, en pleno verano, esta isla, sin habitantes, ni nada especial que pudiera interesar a cualquier forastero, tuvo a medio país en vilo, cuando un buen día apareció “ocupada” y no precisamente por habitantes de Guadalajara o de Cuenca.

En una situación absurda, las relaciones con el país vecino estuvieron tensas y en las altas esferas españolas, como no podía ser de otra forma, la serenidad y la seguridad en la defensa de lo propio hizo que las cosas volvieran a su justo sitio, sin más.

Así pues, se firmó un “status quo” que se ha seguido manteniendo rigurosamente por los dos países, y la isla ha seguido tal y como era antes de aquel problema que provocó una crisis, de corta duración, pero crisis, en definitiva, con los vecinos de Marruecos.

Sin embargo, la situación de este islote, su aparente soledad y su vigilancia no constante, parece que la ha podido hacer centro de operaciones, o cruce de caminos, en los “viajes” de algunos productos y contrabandos hacia la Península.

Hace tres semanas escasas, ese “status quo” parecía haberse resquebrajado en el Perejil y la Guardia Civil pudo decomisar allí un alijo de nada más y nada menos que por encima de 6oo kilos de hachís, en fardos.

Esto no debía ser nuevo, la Guardia Civil, que recorre esa parte del mar, en más de una ocasión ha tenido la impresión o incluso constancia, de ciertas maniobras, desde el continente africano, para servir de “salto” hasta la Península.

Ese día, el pasado 9 de enero, se detuvo allí por parte de la Guardia Civil a dos personas de Marruecos. Los detenidos debían custodiar los fardos de hachís que esperarían la llegada de sus próximos destinatarios y a los que la vigilancia de la benemérita, naturalmente, se anticipó.

No vamos a entrar aquí en si ese contrabando era controlado por una macro organización y protegido desde el norte de África o no, lo cierto es que los dos detenidos están , ahora mismo, en Los Rosales y a partir de esta detención podría llegar a desatarse todo el “ovillo” ese que parece que tiene muchas ramificaciones raras y que está “enredando” esta situación.

El “ovillo”, si un día se llega a desenrollar en su totalidad, podría desvelar ciertas sospechas que hay de que en esos movimientos del hachís podría estar más de un “pájaro de altos vuelos” que desde la sombra esté protegiendo, desde su atalaya, los movimientos de estos otros que son los que hacen el trabajo duro y peligroso.

Es curioso que un islote poco más grande que la plaza de mi pueblo, dé material para tanto y pueda servir de elemento de discordia entre dos territorios que deben tender a llevarse bien.

Un islote, roca y poco más, que se utiliza más de la cuenta, por los narcotraficantes, como base de lanzadera operacional del hachís para cruzar el Estrecho.
 

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