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OPINIÓN - DOMINGO, 1 DE FEBRERO DE 2009

 
ANALISIS

Miscelánea semanal

Por Manuel de la Torre


LUNES. 26

Las miradas estaban centradas en dos cosas: primero en el juicio que se iba a celebrar por la supuesta agresión de Luis María Fernández, subdirector del área de Menores, a Juan Antonio Alonso, responsable de Comercio de Comisiones Obreras. Y en la posibilidad de que se anunciara por parte del Gobierno de la Ciudad la destitución del ya reseñado subdirector. El juicio ha sido aplazado hasta marzo. Pero una vez más me ha permitido comprobar cómo los de Comisiones Obreras acuden al juzgado en tropel. Con el fin de imponer respeto en la sala. Por no decir algo más grave. Es una situación que a mí me toco vivir un día y de la que cada vez que me acuerdo me produce náuseas. Y, desde luego, aún no he olvidado la cara de algunos individuos a cuyo frente iba José Antonio Alarcón, más conocido por El Cristiano. Un destacado seguidor de Aróstegui y cuya labor ha consistido hasta hace nada en lamerle el orto al presidente de la Ciudad y en hacer de correveidile entre éste y el secretario general de CCOO. Y en lo tocante a la destitución del subdirector del área de Menores, Pedro Gordillo ha dicho que nones. Y además, como debe ser, denunciará a CCOO.

MARTES. 27


Paso por el Centro Gallego para ver a Antonio Barceló. Y lo primero que hace es salir a mi encuentro y darme un abrazo. Es, según he podido apreciar, un hombre nuevo. Alguien dispuesto a gastar todas sus energías al frente de su restaurante. Le brillan los ojos por la alegría que le ha producido la decisión tomada por la consejera de Medio Ambiente, Yolanda Bel, en relación con el cierre del aparcamiento. En principio, le había sido comunicado a Antonio que debería acostumbrarse a prescindir de él. Lo cual le causó un descenso en las ventas que le puso al borde de una crisis angustiosa. De modo que cuando yo lo hallé un día por la calle era ya un hombre sumido en un profundo bache. Lógico: pues estaba en juego el pan de los suyos y el de cuatro familias más. Por ello, cuando la consejera ha rectificado su primera decisión, al comprender que había maneras de entenderse, todos hemos podido respirar tranquilos. Pero más que nadie, sin duda, Antonio y los trabajadores del restaurante del Centro Gallego. Por lo tanto, de justicia es destacar la rapidez con que Yolanda Bel ha actuado en un asunto que exigía una resolución sin la menor demora.

MIÉRCOLES. 28

A Mohamed Haddu, ‘Musa’, me lo encuentro muchas veces por los alrededores de mi barrio. Y, en vista de que es persona muy agradable y con la que da gusto charlar, no tengo el menor inconveniente en conversar con él cada vez que se encarta. Hoy, a esa hora vaga de mediodía, hemos participado los dos en una improvisada tertulia en una cafetería céntrica, compuesta por dos políticos del Partido Popular y a fe que nos hemos reído de lo lindo. Y todo porque han surgido las anécdotas y ellas han propiciado intervenciones estupendas a cargo de Ángel Díez Nieto, viceconsejero de Recursos Humanos, mientras a la consejera de Sanidad, Adela Nieto, se le reían las muelas. Y qué decir de Musa y de mí. Aun así, al coordinador general de IU-Ceuta se le nota a la legua que ha perdido la fe en Mohamed Alí. Y, sobre todo, no ha digerido todavía cómo es posible que éste haya entablado relaciones con el PSPC. Y, mucho menos, que el líder de este partido se haya atrevido a insultarle, porque sí. En fin, que Musa rumia la decisión que habrá de tomar cuanto antes.

JUEVES. 29


Llevaba ya bastantes días sin cruzar una palabra con Javier Arnáiz. Y ayer se acercó a una mesa en la cual estaba yo charlando con un periodista que tiene muchas horas de vuelo. Y, como siempre, fue muy bien acogido el arquitecto municipal. Pronto me di cuenta de que Javier tenía ganas de hablar, de contar ciertas cosas, en suma: quería desahogarse. Algo que a todos nos suele ocurrir a cada paso. Y mucho más en una ciudad donde se hace de la calle ágora. Javier, lo he dicho repetidas veces, es un magnífico contertulio y grande es su capacidad para amenizar cualquier reunión con su cultura y sus conocimientos de la profesión que ejerce. Aun así, pude darme cuenta de que no está atravesando su mejor momento. Que su manía, virtud para mí, de adelantarse a los acontecimientos le causan más problemas que satisfacciones. Lo cual hace que se gane, además, la inquina de quienes sólo ven lo que tienen delante. Y a veces ni eso. Con Javier he discutido más de una vez porque estaba en desacuerdo con su manera de ver ciertas cosas, pero jamás ningún contratiempo momentáneo, ha sido capaz de privarme de frecuentarle para disfrutar de su conversación. Quede claro.

VIERNES. 30


Me topo con Ángel Gómez y Mohamed Chaib en la Avenida de Sánchez-Prados. Y no tenemos el menor inconveniente en ponernos a charlar durante buen rato. Tiempo suficiente para que salgan a relucir situaciones que nos causan risas. Lo cual no deja de ser una terapia beneficiosa. No puedo negar que me llevo la mar de bien con el poderoso superintendente de la Policía Local. Y es que con el paso de los años hemos ido forjando unas relaciones donde la amabilidad prevalece por encima de cualesquiera otras cosas. Aunque sería injusto no destacar que con AG se puede dialogar y obtener de él respuestas que a veces permiten, al menos en mi caso, saber con quién se juega uno los cuartos. Y eso es siempre motivo de agradecimiento. Hoy nos ha tocado conducir la conversación por los recovecos de las trifulcas ocurridas recientemente. Y ha habido motivos suficientes para analizarlas con cierto sentido del humor. Luego, como ya es costumbre en mí, le he pedido a don Ángel que no me olvide cuando reciba vino del Duero Y nos hemos despedido, ante la mirada atenta de Chaib, que me ha acompañado hasta mi siguiente destino.

SÁBADO. 31


Leo las declaraciones de Pedro Gordillo en relación con el bochornoso espectáculo dado por Ramón María del Valle-Inclán, ‘el Gran Queco’, en los alrededores del Centro de Menores, y me parecen correctas. También leo las hechas por CCOO en la Policía Local. Y lo primero que descubro es que el representante de la policía se oculta tras las siglas. Ya no se atreve a dar la cara para decirle al secretario de Acción Sindical que dimita por insultar gravemente a unos policías locales cuando estaban desempeñando la misión de proteger el edificio de Punta Blanca. Y, preguntado acerca de la actitud de Moreda, se atreve a decir que no se puede mezclar a la central sindical con la reacción de éste. Porque, desde el punto de vista de quienes han hecho la nota, es una actuación absolutamente personal. Y, por si fuera poca metedura de pata, alegan también que desconocen las razones que tuvo el Gran Queco para identificarse como militante del sindicato, por ser una equivocación. La nota no tiene desperdicio. Es, como hubiera dicho don Ramón del Valle-Inclán, pariente de Moreda, esperpéntica. Toda una explicación caracterizada por la deformación de la realidad.
 

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