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sociedad - LUNES, 9 DE FEBRERO DE 2009


isaac spencer. a. samiñán

inmigracion
 

Del asilo político a la sangre caballa

Isaac Spencer llegó a Ceuta en los 90 huyendo de la guerrra civil de su país y, desde entonces, esta ciudad se ha convertido en su tierra prometida, la cual no abandona
 

CEUTA
Cristina Marzán

ceuta
@elpueblodeceuta.com

Afinales de 1989 empezó la Primera Guerra Civil en Liberia, un país de la costa oeste de África ubicado junto a Sierra Leona, al norte, y Costa de Marfil, al sur. Un estallido provocado por la formación de los rebeldes que se manifestaron en contra del gobierno de Samuel Doe, el primer jefe de estado de Liberia que no provenía de la élite américo-liberiana.

El conflicto bélico, la tragedia y unas condiciones de vida precarias llevaron a gran parte de la población africana a emigrar a otros países o continentes, dejando atrás un legado cultural, religioso y social para encontrar una tierra prometida donde construir los cimientos de una nueva etapa. A principios de los años noventa y por caprichos del azar, Isaac Spencer Smith llegó a la ciudad autónoma solicitando asilo político; una circunstancia que, después de casi dos décadas, se ha prolongado a lo largo del tiempo hasta conseguir la nacionalidad española.

“Tenía unos 20 años cuando decidí dejar mi país, mi familia, mis amigos. Precisamente mi padre estaba vinculado a uno de los partidos políticos que se manifestaron a favor de la guerra y yo no estaba de acuerdo. Entonces viajé hasta Sierra Leona ya que allí había barco para desplazarme hasta las Islas Canarias; iba de polizón. Y luego cogí otro barco hasta llegar a Ceuta. Deambulé por las calles unos días hasta que me intervino la policía y les expliqué mi situación. Fueron los Hermanos Franciscanos de Cruz Blanca los que me acogieron en la casa de El Príncipe donde estuve casi doce años”, narraba Isaac.

Cuando sólo le quedaban dos asignaturas para ingresar en la universidad, estalló la guerra en su país y no pudo concluir sus estudios, aunque gracias a sus conocimientos de idiomas como el inglés y el fránces, este ciudadano adquirió muy pronto las primeras nociones del español. Leía libros y se formaba de manera autodidacta hasta que comenzó a trabajar descargando camiones en el puerto.

“Me contrataron en la agencia Partida y ya en aquella época había renunciado al asilo político, quería ser independiente. Me arreglaron los papeles y conseguí mi documentación y la nacionalidad española. Luego me especialicé en la construcción, estuve en cuatro empresas, y en la estación de trenes, por eso conozco la historia de esta ciudad”, argumentaba Isaac, con bastante entusiasmo en su rostro.

La buena suerte o el gran corazón de muchas personas facilitaron a este liberiano el asentamiento en la ciudad autónoma, uno de los principales motivos que han impedido que Isaac abandone esta tierra conviertiéndola en su propio hogar. “Me han tratado siempre como un ciudadano más, nunca he sentido discriminación, hasta el presidente de la Ciudad me saluda. Yo no me puedo quejar de Ceuta, me ha tratado muy bien, y me siento privilegiado a pesar de que he tenido una vida dura”, confesaba.

Para completar su felicidad, Isaac encontró el amor en una musulmana con la que actualmente está casado, siendo padres de cuatro niños. Él mismo manifestaba: “Tengo trabajo, tengo mujer, tengo casa y mis niños. No sé que tendría que pensar para irme porque considero que Ceuta me lo ha dado todo”.

A pesar de los duras vivencias que ha tenido que soportar, Isaac no ha cambiado: mantiene sus convicciones políticas y religiosas, y aconseja luchar “por lo que realmente se quiere”.
 

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