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sociedad - LUNES, 23 DE FEBRERO DE 2009


componentes del colegio San Antonio. as.

religion
 

La fe que mueve montañas
y cruza fronteras

Un grupo de jóvenes sevillanos se
involucra en la ayuda humanitaria de Cruz Blanca durante una semana realizando actividades y trabajos con los inmigrantes del centro San Antonio
 

CEUTA
Cristina Marzán

ceuta
@elpueblodeceuta.com

Algunos venían por primera vez, otros repetían, pero lo cierto es que la labor humanitaria, sin precios ni favores, los ha unido a través de la fe cristiana.

Un grupo de jóvenes sevillanos del colegio San Antonio María Claret ha visitado la ciudad autónoma durante una semana para prestar ayuda a los Hermanos Franciscanos de Cruz Blanca, concretamente, para trabajar con los inmigrantes del centro San Antonio. “Pertenecemos a la congregación de los misioneros claretianos y tenemos un espíritu evangelizador. Venimos a Ceuta desde hace algunos años para vivir un experiencia solidaria y aprender de toda esta labor de amor y entrega”, explicaba Manuel Luis Góngora, profesor del centro y responsable del grupo juvenil.

La misión principal es encontrarse con Jesucristo, con el Señor, a través del amor y la tarea que hacen sacerdotes y hermanos de Cruz Blanca, basándose en una palabra principal: “Maestro donde vives. Venid y lo veréis. Y cada vez que venimos, salimos transformados, porque vemos nuestras comodidades, nuestra pobreza de corazón y vemos como los más pobres -los inmigrantes, los discapacitados- son toda generosidad y gratuidad”, añadía Góngora.

Para realizar esta labor guiada por la fe cristiana, de manera voluntaria e individual, el conjunto ha visitado la ciudad seis años consecutivos, colaborando en la casa de El Sardinero, la del Príncipe o el centro San Antonio (todos ellos dependientes de Cruz Blanca), participando de la experiencia con las Carmelitas o todo aquello que se les encomienda. “Es una semana en la que estamos apartados y que tiene dos pilares como son la oración y el trabajo con los hermanos, atendiendo la cocina, a los abuelos, cualquier tarea es buena para encontrarnos con Jesucristo. Somos trastos pero venimos a beber de esa fuente de amor donde hay vida”, agregaba Rosa, esposa de Manuel Luis Góngora y responsable del colectivo.

Unos quince jóvenes, en su mayoría de cursos de Bachillerato, han compartido una experiencia vital con los inmigrantes del centro San Antonio. Algunos venían por primera vez, otros eran veteranos, pero todos coinciden en volver a la ciudad. “Esto no es una labor estrictamente humanitaria; se hace con carisma cristiano y se busca un encuentro con Dios. Es dar una oportunidad afectiva a los inmigrantes, que puedan llegar al primer mundo con dignidad. Se les está abriendo la puerta a vivir la misma vida que nosotros que, políticamente, parece estar cerrada”, argumentaba Álvaro Caraballo, participante.

Han atendido a los abuelos y disminuidos psíquicos de la casa del Príncipe, han cantado y bailado con los inmigrantes, pero de Ceuta se han llevado algo muy valioso: el encuentro con su iglesia. “Es increíble el amor que tienen a las personas que nadie quiere en la sociedad, al atención y el desvivirse por todas las personas que los rodean. Los Hermanos Franciscanos son un reflejo del amor y el cariño que Dios me tiene. Todo esto me ayuda a quererme, a aceptarme, ver cómo Dios me trata y a las personas que pone en mi camino y todo lo que hace por el mundo. Después de muchos años y sacrificio, todas las personas se transforman, mejorando la sociedad”, confesaba Luis Durán, veterano en la expedición.

Tras una semana de alegrías y duro trabajo, compartiendo alma y corazón, estos jóvenes han demostrado y comprobado que la fe mueve montañas y cruza fronteras más allá de las meramente geográficas.
 

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