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OPINIÓN - VIERNES, 20 DE MARZO DE 2009

 

OPINIÓN / SNIPER

De la Serna al sur de Tarifa, Ceuta y Melilla
 


José Luis Navazo
yebala06@yahoo.es

 

Amigo soy, ya saben, de jugar con las palabras y de escribir, sobre todo, entre líneas. Y el que no se entere, francamente, es que no merece -o no quiere- enterarse. Cada vez más, levanto acta de lo que veo y que salga el Sol por Antequera. Digo. Las reacciones me la traen al pairo porque mi intención no es otra que la de comunicar, informar al lector, darle pautas para la reflexión, el análisis y la toma de posiciones. No escribo para agradar, sino para compartir. Y que cada palo aguante su vela. Digo otra vez. Y digo bien, carajo.

Ayer y al término de un coloquio en Rabat sobre “Marruecos y España, memoria compartida y miradas cruzadas”, organizado al alimón por la Fundación El Legado Andalusí, el Comité Averroes y el Instituto de Estudios Hispano-Lusos (IEHL), en el que participaron entre otros Antonio Reyes por El Legado Andalusí y Dolores López, directora del Instituto Cervantes de Marrakech, en declaraciones a la MAP el director del Centro de los Estudios e Investigaciones en Ciencias Sociales (CERSS), Abdellah Saaf, aprovechó para convocar a Marruecos y España a “compartir mejor la memoria común”. Memoria “compartida”, diría yo. Pero bueno, vale.

Por lo demás, en el encuentro los asistentes homenajearon al diplomático Alfonso de la Serna (1922-2006), embajador de España en Rabat entre 1977 y 1983, además de miembro desde 1984 y hasta su fallecimiento de la Academia del Reino de Marruecos. Ahí es ná. Sobre De la Serna y su amistosa mirada a nuestros vecinos del sur, retengo dos reseñas en mis archivos de “La Mañana del Sáhara y del Maghreb”, de agosto de 2002 y un mes más tarde de “La Gazatte du Maroc”, con fecha 2 de septiembre. En este último semanario, Fouad Kadiri escribía: “(De la Serna) s´est attaché, en fin et à fond, à faire admettre à ses concitoyens ibériques, les valeurs sanctifiées des Marocains quant à leurs principes religieux et sociaux (…)”, añadiendo: “Enfin, l´auteur s´est dit convaincu de l´amitié hispano-marocaine qui est, du reste, la meilleure garantie pour la paix et la convivialité mutuelle”. Kadiri comentaba así una obra clásica de nuestro diplomático, “Al sur de Tarifa. España-Marruecos: un malentendido histórico” (Marcial Pons Ediciones, Madrid, marzo 2001), cuya sugerente y amena lectura me permito recomendar al amable lector. Entresaco tres citas del capítulo XI y último del libro, dedicado a Ceuta y Melilla (págs. 277 a 319), a ver qué opinan encareciéndoles su atenta lectura: “Ceuta y Melilla son, desde hace siglos, dos ciudades españolas, construídas principalmente por españoles, habitadas mayoritariamente por españoles, regidas conforme a las leyes españolas y, en fin, siguiendo su vida cotidiana según los usos y costumbres tradicionales españoles. Pertenecen pues, de hecho, al patrimonio histórico de España” (…) “Sin embargo, desde que Ceuta fue conquistada, en 1415, por los ejércitos de Portugal y desde que Melilla lo fue por los soldados del duque de Medina Sidonia en 1497, ambas ciudades han vivido precariamente, en frecuente zozobra, por los ataques y cercos militares a que les han sometido los combatientes marroquíes a lo largo de los siglos” (…) “Habrá que preguntarse, pues, por qué cinco siglos no han bastado para consolidad la posesión española de ambas ciudades y dejar de ser materia de disputa”. Dos y dos son cuatro. Suma y sigue. Visto.
 

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