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OPINIÓN - DOMINGO, 5 DE ABRIL DE 2009

 

OPINIÓN / EL OASIS

Los errores de Escane
 


Manolo De la Torre
manolodelatorre@elpueblodeceuta.com
 

A Felipe Escane lo he tratado yo muy poco. Tan poco que habré hablado con él tres veces a lo sumo. Dos por encuentros casuales en la calle y que nos sirvieron para intercambiar impresiones relacionadas con el fútbol. Y una tercera, fortuita también, pero que nos permitió charlar en su despacho cuando José Enrique Díaz renunció a seguir entrenando a la Asociación Deportiva Ceuta, tras la destitución de Diego Quintero.

De lo poco que yo he hablado con Escane, he sacado la conclusión de que es persona poco expresiva. Más bien reservada. Y hasta me produjo la impresión de que gusta de cubrirse con una pátina de timidez para procurar por todos los medios no destacar mucho en sus funciones. Es decir, que el presidente del primer equipo local intenta a toda costa pasar lo más inadvertido posible, tanto en los momentos malos como en los buenos. En los malos para que no se ensañen con él; y en los buenos, para no quitarle protagonismo a quien no debe quitárselo. Y al buen entendedor...

A pesar de ello, o sea, por más que Escane intente pasar de refilón como presidente, dejándose ver lo mínimo y hablando siempre como si estuviera siendo víctima de la astenia primaveral, sus declaraciones últimas le han servido para hacer un pan como unas hostias.

La primera fue cuando, a los pocos días de contratar los servicios de Carlos Orúe, largó en la prensa de manera que puso al entrenador entre la espada y la pared. De modo que éste tenía dos opciones igual de malas: la primera era darse el bote; la segunda, hacerse el lipendi. Y, claro, el jerezano optó por hacerse el tonto. Pues llegó a decir que no quería oír lo que había dicho Escane.

Escane se había acostumbrado a los halagos. Algo que gusta incluso a quienes van por la vida enarbolando la bandera de la humildad. Pero de pronto se ha visto asediado en el palco por los aficionados descontentos con las malas actuaciones del equipo. Y se nos ha encogido lo suficiente como para decir que no sabe si continuará en el cargo. Que eso depende del presidente de la Ciudad. Y ha cometido un error grave. Porque ha puesto en un brete a Juan Vivas.

Lo que no puedo precisar es si colocar al presidente de la Ciudad en semejante apuro ha sido por ignorancia o porque a lo mejor nuestro Felipe sabe más que Lepe. Me explico: aireando lo que ha aireado todo hemos entendido que quien hace y deshace en el club es Vivas. Y, por tanto, Escane comienza a soltar lastre por lo que pueda pasar.

Lo cierto es que el presidente de la Asociación Deportiva Ceuta conoce muy poco a Vivas. Y mira que ha tenido tiempo para afinar en ese aspecto. Pues de lo contrario, jamás se le habría ocurrido anunciar que su continuidad depende de éste. Y a Vivas, que las coge todas al vuelo, le ha faltado tiempo para devolverle el regalo envenenado con unas declaraciones florentinas, que hubiesen alegrado la vida del mismísimo Maquiavelo.

Vivas: “Quiero que Felipe Escane continúe como presidente”. Y a partir de ahí se ha deshecho en elogios hacia los directivos. Los ha colmado de ditirambos. Y ha rematado la faena a lo grande: “Aunque la continuidad de Escane dependerá de él y no de mí”. Conociendo a Vivas, el presidente de la Asociación Deportiva Ceuta debería pirárselas en cuanto termine la competición.
 

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