PortadaCorreoForoChatMultimediaServiciosBuscarCeuta



PORTADA DE HOY

Actualidad
Política
Sucesos
Economia
Sociedad
Cultura
Melilla

Opinión
Archivo
Especiales  

 

 

OPINIÓN - DOMINGO, 5 DE ABRIL DE 2009

 
OPINIÓN / COLABORACIÓN

Acoso laboral o mobbing

Por J. Espartaco


El acoso laboral, es un fenómeno que se viene produciendo con bastante frecuencia desde hace años. Solo ha tenido eco, y tan solo se le ha prestado atención en los últimos tiempos, fundamentalmente por la sensibilidad social existente, es un tema de candente actualidad en el resto de España.

En España hay más de un millón de personas, víctimas del acoso laboral. Situación de acoso psicológico que se vive en el medio laboral y que causa graves trastornos a los trabajadores que lo sufren, y hay más de un caso en nuestro país, en donde se ha llegado, lamentable y tristemente, al suicidio de alguno de esos trabajadores por la tremenda persecución de que son objeto los que lo sufren y la falta de humanidad de esos acosadores en serie.

El acoso laboral es un deliberado y continuado maltrato modal y verbal, que recibe un trabajador por parte de uno o varios compañeros, incluidos los superiores jerárquicos, que buscan una desestabilización emocional para disminuir la capacidad laboral del trabajador que lo sufre y poder eliminarle con facilidad del puesto, del lugar de trabajo que ocupa. Son comportamientos causales e intencionales, no casuales.

El acoso comienza cuando un trabajador reacciona ante el autoritarismo, contra la voluntad de dominar, contra el abuso de poder, y ese trabajador no se deja avasallar, en el sentido amplio de la palabra.

El acoso psicológico en el trabajo, tiene como objetivo destruir la estabilidad psicológica del trabajador, a través del descrédito y la rumorología. Se practica acosando grupalmente, de tal manera que la víctima no puede defenderse, no puede hablar o que su palabra no tenga ningún valor. La víctima comienza a ser una molestia, una amenaza para la persona o grupo de personas que le someten a tan indeseable e indigna forma de actuar, y porque, a veces, hay “cosas” que es necesario preservar, proteger. El acoso comporta una comunicación hostil y desprovista de ética, que es administrada de manera sistemática por uno o varios individuos, sobre todo contra una única persona.

El trabajador acosado recibe ataques sistemáticos, periódicos, constantes, y las técnicas más frecuentes de ese acoso son: elevar la voz con exceso, llegando incluso al grito; avasallar verbalmente, sobrecargar al trabajador con tareas excesivas distribuyendo injustamente las esas tareas, hacer correr rumores interesados, calumniar a la víctima, humillarla, vejarla, desacreditar su rendimiento y difundir sus fallos, reales o aparentes, comprometiendo su salud física y mental, al mantenerlo en constante tensión, hacerle el “vacío”, establecer agravios comparativos en el traro, discriminarle, hacerle realizar tareas por debajo de su categoría y cualificación profesional, acusar a la víctima injustificadamente o de forma falsa de incumplimientos, errores o fallos difusos, criticarle en todo lo que hace, controlar su trabajo para poderle encontrar en algún renuncio.

El acosador es un perseguidor, investido de la suficiente autoridad o carisma, narcisista, que cree justo ejercer un papel destructor con determinados individuos de su entorno laboral, personas que no son de su agrado, es un rechazo frontal a lo que es diferente. A su vez, esta actitud esta apoyada por unos indignos compañeros que justifican, ignoran o apoyan esta situación, de forma explícita o implícita, por acción u omisión. El acosador es un megalómano que se cree punto de referencia del bien y el mal. Puede ser moralizdor, exhibe valores morales irreprochables, mientras describe la maldad de otros. Se podría catalogar al acosador como un maltratador racional que elige a su víctima y valora el riesgo y los beneficios, costes nulos y beneficios altos, porque además, se sabe amparado por la permisividad explícita o implícita del indigno entorno. El acosador no admite serlo, camufla sus verdaderas intenciones, elimina a quien le molesta, presenta a la víctima como causante de sus propios males, incompetente para el trabajo. El acosador es un cobarde que causa un daño sin obtener a cambio un beneficio propio, o incluso, a veces, es perjudicial para él mismo. El acosador es un superior narcisista, que combina su actividad persecutoria con una rara habilidad carismática para atraer a otros a su juego, encantador cuando le conviene, e injusto y cruel cuando trata de destruir a su víctima. El acosador es frío y perverso, pero no de forma ostensible que pudiera acarrearle algún problema, sino que hace pequeños retoques desestabilizadores, difíciles de identificar, suele utilizar técnicas desestabilizadoras como insinuaciones, alusiones malintencionadas, humillaciones, vejaciones. Ese acosador suele engrandecerse a costa de rebajar a los demás para adquirir autoestima y por este medio procurarse admiración y aprobación, rebaja a los demás para evitar cualquier conflicto interior, al descargar sobre su víctima la responsabilidad de que no funciona. El acosador es dueño de una personalidad psicopática con alteración del sentido moral y ausencia de culpabilidad, es cobarde, mentiroso, mediocre y con un complejo de inferioridad.

Es una conducta inadmisible, un riesgo laboral psicosocial que produce un daño evidente, a medio o largo plazo y genera pérdidas para le empresa.

Los compañeros que colaboran con el acosador “aislando” al trabajador acosado, tienen la misma categoría y participan de las mismas indignidades que el acosador, esos, mal llamados, compañeros se transforman en cooperadores necesarios, tácitos consentidores o testigos mudos de lo que escuchan o presencian, y apoyarán con sus mentiras y falacias al acosador.

Objetivo del instigador del acoso, es que la víctima desaparezca del ámbito laboral, como represalia final a su falta de sometimiento. Los mecanismos de desaparición, están calculados por el acosador y pueden ser, que la víctima solicite un cambio de destino o lugar de trabajo o que se vaya de la empresa.

El acoso laboral o mobbing, vulnera Derechos Fundamentales de las Personas, regulados y recogidos en la Constitución Española de 1978, que se interpreta de acuerdo con la Declaración Universal de los Derechos Humanos; el acoso laboral puede vulnerar Derechos Fundamentales de la Constitución Española contra el honor, e infringe un trato que menoscaba la integridad moral de la persona, recogido en el Código Penal. La Reforma del vigente Código Penal, de 21 de noviembre del 2008, crea la figura del delito de Acoso Laboral, mediante inserción de un nuevo párrafo al Art. 173.1. Asimismo el acoso laboral viene tipificado como falta grave en el Estatuto Básico del Empleado Público, en el ámbito de la Administración Española. A todo esto se le une la jurisprudencia del Tribunal Supremo 30/01/2008, Rº 2534/2006, por el cual el trabajador que demande a un empresario por acoso, también deberá, obligatoriamente, sentar en el banco de los demandados al causante o causantes del mismo. Así, cada día se cierra más el cerco a estos acosadores, para que no puedan salir impunes de sus actos y sean juzgados por los mismos. Quizás sea la manera de reducir estos casos, y la angustia que generan en aquellos que padecen situaciones de acoso laboral.

Ceuta, tiene la, triste, estadística de tener los índices de más altos de España en casos de acoso laboral. Estos casos de acoso psicológico o laboral, se dan con mas frecuencia en las Administraciones Públicas, donde suele predominar el mutismo. Ceuta, es una población que, por sus peculiaridades y características, se presta, tiene un buen “caldo de cultivo” para que algunos de esos acosadores, que lo son en serie la mayoría de las veces, establezcan sus “Reinos de Taifas”. En Ceuta, hay constancia real, de que existen funcionarios en la Administración de Justicia, que están en vía de dar pasos por medio de la denuncia pública, en esos casos de acoso laboral.

Y tan solo por medio de esa denuncia pública, se pueden erradicar estas situaciones y abocar al acosador o acosadores, a abandonar sus indeseables e indignas prácticas. Aunque son tímidas, son importantes estas iniciativas de denuncia, que pueden empezar a romper el cerco a los acosadores, a veces establecidos durante largo tiempo.
 

Imprimir noticia 

Volver
 

 

Portada | Mapa del web | Redacción | Publicidad | Contacto