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sociedad - MIÉRCOLES, 8 DE ABRIL DE 2009


tradicional encuentro. reduan.

semana santa 2099 / martes santo
 

Madre e Hijo se encuentran
ante miles de ceutíes y al son del ‘Novio de la Muerte’

La Plaza de África volvió a acoger uno de los momentos más especiales de la Semana Santa de nuestra ciudad
 

CEUTA
José Manuel Rincón

ceuta
@elpueblodeceuta.com

El tradicional “Encuentro” que realiza cada año la Fervorosa Cofradía de Penitencia de Nuestro Padre Jesús Nazareno y Sacratísima Virgen de la Esperanza seguramente habrá sido uno de los momentos más bonitos y brillantes de la Semana Santa del 2009. Según fuentes de la Policía Local, más de siete mil devotos presenciaron este ‘Encuentro’.

Cada año que pasa el ‘Encuentro’ entre Jesús Nazareno y la Virgen de la Esperanza congrega un mayor número de personas. Los ciclos anuales renuevan la fuerza del pueblo ceutí para convertir esa noche, la del encuentro en única y, gracias a Dios, en repetible. Se derraman lágrimas y aplausos, miradas y flashes de cámaras ajenas o propias. Son centenares las máquinas que van inmortalizando cada uno de los suspiros de La Legión, Jesús o María; cada movimiento, cada paso y cada mecido.

Después de un día sin procesiones por la plaza de África, después de un silencio doliente en el traslado del Medinaceli y de su Madre por las calles del Príncipe, ayer hacía aparición el ‘Encuentro’ más espectacular y patriótico de toda la Semana Mayor española. Es imposible vivir en otro lugar una mezcla de sabores religiosos y militares tan compatibles, tan al gusto del paladar, de los ojos, el oído y el tacto. Algo que al amante de la Semana Mayor le incita a llegarse a Ceuta cada Martes Santo.

Pasos muy cortos, elegantes con la Señora, acompasado ritmo de paso del Nazareno con la pesada Cruz a cuestas reviraba de izquierdas por la Plaza de Africa en tanto que la Esperanza guapa, afligida de dolor, medio extendía sus brazos con las manos buscando cobijarle.

La Esperanza salió por González Tablas y giró hacia Plaza de Africa tras oler directamente el mar desde la confluencia con Paseo de las Palmeras. El Encuentro se produjo, puntual, a las 21’15 horas. Un gentío espectacular esperaba en los mejores sitios, aguardaba el momento del acercamiento de los pasos, hasta rozar sus maniquetas. Los costaleros, sin dolor, a golpe de trabajadera lograban la magia ayudados por una masa que ovacionaba la impresionante chicotá del Encuentro.

Unidos, pegados los pasos, los respiraderos transmitían el esfuerzo de los de abajo. El Nazareno y la Esperanza, frente a frente. El cornetín de órdenes del Tercio toca las notas mágicas. Dispuestos. Los costaleros ya saben lo que tienen que hacer.

Lástima del tiempo, que desangró la continuidad del ‘Encuentro’ en apenas 10 minutos. Tantas horas de espera para tanta satisfacción comprimida en menos de un cuarto de hora. Un acercamiento entre los pasos, una levantá al unísono, un abrazo entre capataces y un intercambio de “vivas” en la oscuridad, en el interior de los trancaniles de los pasos. “Vivas tú, mi Nazareno”, “viva tú Virgen de la Esperanza”. De fondo el tambor, encendiendo la música con los palillos, pegando en la madera del tambor y fraguando el ambiente a encuentro en las postrimerías del mismo. La emoción recorre el cuerpo de todas y cada una de las miles de personas que coincidieron en el momento más apasionado de esta Semana Santa, aparece un nudo en la garganta, mientras se intenta cantar la letra de un Novio de la Muerte sentido, propio, nuestro. La Asociación Cultural Banda de Ceuta marcando una perfecta sincronización con la de tambores y cornetas del Tercio, lograron un realce magnífico a tan espectacular momento. El Nazareno (izquierda ‘alante’, derecha atrás) giraba sin prisas, pero sin pausas, mientras una eternidad de acordes marciales marcaban el paso.

Finalmente, bajo la mirada de Juan Vivas, presidente de la Ciudad, el comandante general, Enrique Vidal de Loño, el delegado del Gobierno, José Fernández Chacón, y el presidente del Consejo de Hermandades, Juan Carlos Aznar, que se encontraban en el mismo balcón desde donde saludó el Rey, Jesús Nazareno se dio la vuelta para despedir a su madre y hacer la carrera oficial.
 

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