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OPINIÓN - MARTES, 14 DE ABRIL DE 2009

 

OPINIÓN / ESPAÑA CAÑÍ

Y ustedes ¿Qué están tomando?
 


Nuria Van Den Berghe
nuriavandenberghe
@elpueblodeceuta.com
 

Las estadísticas señalan un espectacular incremento de pacientes en las consultas de Salud Mental. Por todo. Por la crisis, por el amargamiento, porque el personal está muy agotado y no tiene muelle para tirar p´alante.

¡Con buen tinglado se va a encontrar la recién estrenada Ministra de Sanidad, Trinidad Jiménez cuando se aposente en el sillón ministerial! Y sabiendo de medicina y políticas médicas tanto como una de esas chufas que nacen predestinadas a ser horchata. Menos que nada. Aunque se nota, se siente, que la tecnocracia no está presente. ¿O es que existe un auténtico “técnico” entre los recientes nombramientos? Tampoco el tema me crea más zozobra que la normal en una persona que tiene su segunda residencia en la cutre sala de espera (un pasillo con sillas de plástico) del área de Salud Mental del centro de salud de El Limonar. Y cuento esto porque, antes o después, por la Seguridad Social para ahorrar o en psiquiatra de pago los pudientes, es normal que todos los que ojeen estas frases acaben teniendo que pedir la ayuda de un profesional. Pero no por “locos” esos son los menos y van controlados y alelados por la medicación. Ayuda por pena, cansancio y agotamiento, por descubrir un día que no se puede más, decir con cierta incredulidad “No puedo más” y arrastrar los pies hasta la quedar sentado ante un tipo con bata blanca que “a lo mejor” acierta y da con la pócima mágica capaz de doblegar a las hormonas hijaputas por antonomasia: cortisol y adrenalina y neutralizar el pellizco en el pecho y el cansancio en la mente.

¿Nunca han estado en una sala de espera de Salud Mental? No me refiero a las elegancias de la discreta clínica privada donde te recauchutan la mente con idénticos remedios químicos que a los pobretones, pero con finura y deferencia, todo lo que es “al dinero” es mejor porque es más fino. Pero para que te garrapateen en una receta el nombre de unos cuantos antibálsamos de fierabrás tampoco hace falta gastarse los dineros.

Mejor nos los gastamos en dar una limosna al cepillo del padre Tiburcio Arnaiz, ese santo de la Compañía de Jesús a cuya sepultura acudimos los malagueños arrastrando dolencias, con más fe muchas veces en los buenos haceres y en la mano del curita ante el Altísimo que en la caja de pastillejas que acabamos de comprar con una mezcla de esperanza y de amargura.

En la sala de espera se habla poco o nada, alguna frese suelta “Y usted ¿Qué está tomando?” Lo dices y se alzan algunas miradas “Eso lo he tomado yo y es una mierda” o “Pues ese no me lo han dado a mí, porque será más caro que el que me están mandando y mi médico es un malaje” Se cruzan opiniones con voz queda. Todos detestan los antidepresivos tricíclicos porque engordan y embotan, están anticuados y lo que curan por la cabeza lo enferman por la barriga. La fluoxetina también quedó demodé y no porque el personal lea más a Platón y pase del prozac, sino porque no, porque vino la venlafaxina que parecía suavizar más las penas. No sé yo si quedará el medicamento en los laboratorios, para mía que yo me la tomé enterita a dosis máximas, mezclando con liberalidad retard y rápida. Y vas tirando. Pero no sanas. ¿Ustedes creen que Trinidad Jiménez imitará a los americaninis y creará una especie de Dirección de Salud Mental en cada ciudad donde el director sea el psiquiatra más cualificado?.

Rojas Marcos es Director de Salud Mental de Nueva York, el que manda en los locos, los tristes y los desesperados. Aquí se manda poco y la psiquiatría infantil y juvenil es el inmenso reto pendiente. Y no digamos los psiquiátricos especializados en ese público en especial : no hay. Aquí, eso sí, mucho mamoneo políticamente correcto con el tabaco, pero faltan cinco mil especialistas desperdigados por escuelas, centros de menores, institutos y cárceles porque sabemos que, en esta helada Expaña, se suele plantear poco el tema de si, ese menor, excepcionalmente cabrón, no es un psicópata que requiere control urgente en un lugar mucho más adecuado a sus instintos que un instituto de enseñanza media, rodado de potenciales víctimas. ¿Ahora por qué protestan golpeando con los pies sobre el parqué? ¿Qué a todos los delincuentes habrían de someterles a exploración forense exhaustiva para determinar si presentan patologías y de ser así enviarles a psiquiátricos penitenciarios? De acuerdo. Pero no se construyen psiquiátricos penitenciarios, conozco el de Fontcalent en Alicante y uno en Sevilla. También sé que, cuando el Caudillo y la Oprobiosa Dictadura, la cárcel de Segovia era “Centro de Templanza” y metían allí a todos los delincuentes que eran borrachos. Ahora están los centros para drogadictos, pero allí raramente van los presos a cumplir, hacen falta muchas pamplinas y se requieren prisiones especiales para “engancháos y hechos polvo” y no mezclarles con los presos comunes en los patios porque, los comunes que no se ponen, se intranquilizan ante el trapicheo, ante los colocones con revuelto en una esquina del patio, ante el mono tembloroso de vómito agrio del compañero de chabolo. Pero echarles un cable a los usuarios de Salud Mental, a los drogotas y a los engancháos parece que no vende a nivel electoral, hacerse “la foto” con un despojo sin dientes o con un tipo de expresión tontuna queda fatal ¡Y no digamos con una depresiva crónica con ramalazos de trastornos alimentarios!. Digo yo que pensarán que, antes que posar con esa mierda se alargan al Congo y hacen ademán de inaugurar una escuela para negritos, se dejan allí los dineros de los españoles, los dineros de la escuela acaban en la cuenta suiza del dictadorzuelo de turno y las fotos quedan solidarias, humanitarias, antirracistas,pro derechos humanos y de lo más lucidas. Lo exótico vende. Los agotados enfermos mentales dan repelús, se les ve demasiado desesperados y encima, como tienen crisis, pueden empezar a largar verdades prohibidas y joderla.

Y ustedes ¿Qué están tomando para aguantar? A mí me han pasado a la sertralina bajo el nombre comercial de Vestirán que rima con “regulín-regulán” y fluctúo entre alapriles (no me gustan, tumban) diazepanes (no los quiero, obnubilan) lexatines (demasiado popularizados) y trankimazines (eficaces al momento pero peligrosos porque enganchan). ¿Nos traerá Trinidad de las Américas los novísimos avances farmacológicos en psiquiatría? ¿Qué dicen? ¿Qué sería mejor que pusieran en cuarentena y vacunaran ipso facto a cualquier extranjero que entrara en España procedente de un país de riesgo? Eso también, eso es de cajón. Porque, si cada vez hay más españoles malos “de los nervios” lo que sería jodido es que, encimas, los de fuera, nos brindaran gentilmente la preocupación añadida de la sarna, la tiña, la tuberculosis, rebrotes de sida, sífilis, venéreas casi olvidadas, hepatitis varias, dengues y virus variopintos. Los españoles estamos fatal y más flojos que un muelle de guita y, por cierto, Trinidad Jiménez ¿Qué tomará o acabará tomando?
 

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