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OPINIÓN - LUNES, 20 DE ABRIL DE 2009

 
OPINIÓN / ANÁLISIS

Vida sí, hipocresía no

Por Nuevas Generaciones del PP


Hace unos días la ministra de igualdad presentó las conclusiones de un comité de expertos, claramente proabortistas, reunido para asesorar al gobierno sobre el contenido una nueva Ley del aborto. En la rueda de prensa la ministra expuso cómo el Comité de Expertos había concluido que la solución más recomendable para el aborto es combinar un sistema de plazos con otro de indicaciones. El aborto sería libre hasta las primeras 14 semanas, y se permitiría hasta las 22 en caso de riesgo para la vida, la salud de la madre o graves anomalías en el feto. Para aquellos casos de diagnósticos tardíos de malformaciones, los especialistas han recomendado al Gobierno que no establezca ningún límite.

Pero lo que pensamos desde NNGG es que es totalmente hipócrita presentar la nueva ley del aborto como una apuesta por la seguridad de la mujer y del niño pues ambos quedan desprotegidos legalmente y con menos valor que la flora, la fauna o el patrimonio histórico.

Los expertos, y la propia ministra, han defendido también que las adolescentes de 16 a 18 años puedan interrumpir su embarazo de manera voluntaria sin necesidad de contar con el consentimiento paterno, o en su caso del tutor legal.

Las razones dadas para esta última afirmación es que las adolescentes ya que pueden mantener libremente relaciones sexuales también tienen la madurez y sensatez necesarias para adoptar la decisión de poder abortar, aunque no la de poder votar, o sacarse el carnet de conducir, !¿Qué dilema?!, los MENORES podrán ir al hospital a abortar, pero no podrán desplazarse al centro hospitalario en su propio coche, y por su puesto también irán al hospital a quitar la vida, sin el consentimiento paterno, al ser vivo que lleva en su vientre, eso sí podrán ponerse un piercing en el ombligo para el cuál papá o mamá si tuvieron que darle permiso.

La reflexión sobre esta propuesta es en primer lugar afirmar que el aborto es un asesinato de los más débiles, de aquellos que no tienen voz para defenderse. Por otro lado, el aborto libre incide en el fomento de una mentalidad de permisivismo sexual y de menosprecio de la maternidad.

Una maternidad que parece ser una carga gravosa de la que la mujer se tiene que liberar para poder ser esclavizada por el mercado.

Esta futura ley se ha defendido, por parte del gobierno, como necesaria fundamentándose en dos mentiras: la existencia de un derecho inexistente (el derecho a abortar) y la seguridad de la madre y del no nacido. Lo primero que hay que indicar es que una de las principales obligaciones del estado es garantizar el derecho de la vida y su defensa, y especialmente de la de los más débiles. Hay que hablar con claridad para denunciar que el estado no cumple su cometido, no garantiza la vida del ciudadano más débil, el no nacido. Los científicos afirman rotundamente que desde la fecundación existe un nuevo ser humano que comienza su vida. En el plano genético su dotación es la de un ser individualizado que se encuentra en la primera etapa de su existencia: la concepción. La única diferencia entre el nacido y el no nacido es que al primero le vemos y le tocamos, al segundo no. Ambos son ciudadanos y ambos necesitan de importantes cuidados para su supervivencia.

En cuanto a la segunda mentira, que es el de la seguridad de la madre y el niño no nacido no se puede decir más que es una burla.

Es hipócrita presentar la nueva ley del aborto como una apuesta por la seguridad de la mujer y del niño pues ambos quedan desprotegidos legalmente y con menos valor que la flora, la fauna o el patrimonio histórico.

El aborto tiene dos víctimas la madre y el niño. Por otro lado, el hecho de rebajar a 16 años la práctica del aborto supone un giro de tuerca más. Ello implica privar a las chicas adolescentes de la posibilidad del asesoramiento y apoyo de sus padres aumentando su abandono ante la iniquidad del aborto.

Recordemos que esta ley viene tras un periodo largo en el que la percepción de la gravedad del aborto se ha ido debilitando progresivamente en la conciencia social. La aceptación del aborto en la mentalidad, en las costumbres y en la misma ley es señal evidente de una peligrosísima crisis del sentido moral, que es cada vez más incapaz de distinguir entre el bien y el mal, incluso cuando está en juego el derecho fundamental a la vida.

Ante una situación tan grave, se requiere más que nunca el valor de mirar de frente a la verdad y de llamar a las cosas por su nombre, sin ceder a compromisos de conveniencia o a la tentación de autoengaño.

Por tanto la actual propuesta de una ley de plazos va encaminada a considerar el aborto como un método más de contracepción, hecho que ya es aceptado en la práctica.

Al margen de la situación de absoluto desamparo en la que queda el niño que será no nacido hay que destacar el desamparo legal y médico en el que quedarían las adolescentes españolas en esta situación. Tal ley vulneraría el derecho a la salud para las mismas e incapacitaría a los padres a ejercer la función de acompañamiento y tutoría que le son propios.

Este interés manifiesto por el segmento de edad comprendido entre los 16 y 18 años no tiene otro fundamento que las propias estadísticas: de cada siete abortos practicados en España uno es de adolescentes menores de 19 años. Además en la última década hemos experimentado un crecimiento continuado pasando de apenas el 5 por ciento al 12,5 por ciento de mujeres de menos de 20 años que recurren a la práctica del aborto. Este crecimiento en las tasas de aborto de menores unido al deseo de las adolescentes a que sus padres desconozcan su situación –movidas por vergüenza y angustia- es el escenario idóneo para un gobierno que pretende favorecer la práctica indiscriminada del aborto incluso contra la voluntad de los padres.

Por este motivo es necesario que también éstos se pronuncien adecuadamente antes que dicha ley vea la luz. En ese momento quedarán indefensos en su derecho a la educación de los hijos. Nuevas víctimas de la legislación de Zapatero, una legislación que genera un violento atentando contra el no nacido, contra la propia mujer y contra los padres y la familia en último término.
 

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