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OPINIÓN - VIERNES, 24 DE ABRIL DE 2009

 

OPINIÓN / MIS COSAS

Mis cosas
 


ADE
ade
@elpueblodeceuta.com
 

Hay diferencia en ser gracioso y dárselas de gracioso sin serlo. El gracioso es el personaje que tiene su aquel y que te hace reír con sus ocurrencias, mientas el que quiere dársela de gracioso, es ese personaje que con tal de hacerle la pelota al político de turno, se dedica a hacer el ridículo para que este y sus acompañantes se lo pasen bien a su costa. ¡Pobre hombre!.

Aunque algunos de ustedes lo pueda dudar, esta clase de “graciosos” o sea los que hacen el ridículo para divertimiento del político de turno, existen y en gran abundancia. Los he visto con estos pedazos de ojos que se han de comer los asquerosos de los gusanos.

No pertenezco a ninguno de los dos bandos, ni soy gracioso ni trato de dármelas de gracioso. Ninguna de las dos formas entra dentro de mi manera de ser o entender la vida. Por supuesto, mucho menos hacer el ridículo, dándomela de gracioso para que se divierta el político o politiquillo de turno. Bueno, esto último, es que no me lo perdonaría en mi vida.

No soy ningún humorista sólo trato, por todos los medios a mi alcance escribir con algo del sentido del humor, para hacer a mis lectores la vida más agradable, que bastantes penas tenemos en la vida para no tratar de endulzarla un poco.

Mi forma de ser o mi personalidad están bastante alejadas de aquel otro yo, aun siendo el mismo, que se sube a un escenario a presentar un espectáculo o realizar un programa de televisión. Es otro yo, que como bien dijo un gran maestro del espectáculo, cuando me subo a un escenario me transformo en otra persona.

Y llevaba toda la razón, al hacer ese comentario sobre mi persona, pues en cuanto me bajo del “madero” o se acaba el programa de la tele que estoy presentado vuelvo a ser ese otro yo, un hombre serio que sólo tira del humor, en caso de que lo tenga, cuando estoy a gusto con mis amigos.

Se, positivamente, que algunos me tachan de serio y antipático, cosa que asumo perfectamente y que, por supuesto, no me molesta lo más mínimo que se tenga ese concepto de mi persona porque, precisamente, ese concepto es el que se tenía de Álvaro de la Iglesia o Tono, dos genios del humor, a los que desde luego no le llego ni a la suela de los zapatos.

Ninguno de los dos genios del humor, a los que añadiría una lista interminable de humoristas amigos míos pertenecientes al mundo del espectáculo que se hayan caracterizados por ir contando chistes por las calles haciéndose los graciosos.

Todo lo contrario, son personas serias que sólo tiran del humor a la hora de escribir, caso de Álvaro de la Iglesia o Tono y todos esos amigos humoristas cuando tienen que actuar encima de un escenario.

Claro que ninguno de ellos, tantos los escritores de humor como los humoristas, han tenido que dárselas de “graciosos” para hacer reír fuera de sus artículos, novelas o escenario, haciendo el ridículo para divertir a ningún político o politiquillo de medio pelo.

Lo dijo el maestro Tono: “el humor es cosa seria, y los que nos dedicamos a él”, somos gente seria. Adiós, tú.
 

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