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OPINIÓN - DOMINGO, 26 DE ABRIL DE 2009

 

OPINIÓN / SNIPER

La Ceuta española y el Campo del Moro
 


José Luis Navazo
yebala06@yahoo.es

 

Volviendo al hilo del pasado domingo en que nos hacíamos eco del 150 aniversario de la Guerra de África, puede que sea útil pararnos un poco en los tópicos nacionales al uso, rayanos en lo mitológico, tanto en España como en el vecino Marruecos. Sin inventarnos nada (para eso están los políticos metiéndose a historiadores), ¿es cierto que Ceuta nunca fue de Marruecos…?. La Ceuta histórica, es decir la Península de Almina y el monte Hacho, ciertamente nunca perteneció al Reino de Marruecos como tal; pero… ¿y el resto, léase del Foso y las Puertas del Campo para allá?. Esa ya es harina de otro costal aunque, sin duda y mediante tratado, el terreno anexo a la Ceuta histórica es español desde tan solo 1860. ¿Entonces, de quién era antes…?. Más “Bled siba” que “Bled Makzhén”, pertenecía a la cabila de Anyera que obedecía, más nominalmente que otra cosa, al Sultán, si bien la diplomacia española (y a las pruebas me remito) entendía que éste ejercía su soberanía.

¿A cuento de qué viene esto…? Buceando en el 150 aniversario de la Guerra de África nos encontramos con algunas sorpresas: primero, podemos entender la misma (por iniciativa española) como un ejemplo de “guerra preventiva” y me explico. Conociendo las autoridades militares lo indefendible de la Plaza sin controlar las alturas circundantes (fundamentalmente la del Otero), a la vez que el afán de revancha del príncipe marroquí derrotado por el ejército francés en la batalla de Isly y Sultán desde agosto de 1859 con el nombre de Mohamed IV, aconsejaron a la diplomacia española solicitar de la marroquí una ampliación de la extensión territorial de Ceuta. De hecho ya en 1844 y por intermedio del Consulado inglés de Tánger, España se había posesionado precariamente (tan solo con derecho a uso) de una zona pastoreada por la cabila de Anyera, aun sin alcanzar los famosos Llanos del Serrallo donde se alzaban las ruinas de una alcazaba.

¿El incidente de la noche del 10 de agosto de 1859, con la destrucción por los cabileños de Anyera de un cuerpo de guardia en construcción y el escudo de España…?. Pues muy a propósito, pero sin base para justificar una declaración de guerra. El mismo Cónsul General de España, Juan Blanco, llega a terciar dirigiéndose telegráficamente al gobierno recriminando los “propósitos belicosos” del Comandante General de Ceuta, que podían enturbiar las negociaciones en curso sobre los límites de Melilla y rogándole “suspenda las obras en la parte exterior del campo del moro”, es decir, reconociendo expresamente la ausencia de soberanía española sobre dichas tierras, en legítima posesión de nuestro país tan solo tras la firma del Tratado correspondiente finalizada la guerra en 1860. ¿Guerra impuesta a Marruecos?. Sin duda. Más aun: los días 22, 23 y 30 de agosto de 1859, las tropas españolas invaden territorio marroquí utilizando la artillería y cargando a la bayoneta, a fin de neutralizar y dispersar ataques a cargo de la cabila de Anyera. En la Península, un hábil militar de fino olfato político, O´Donnell, cazó la ocasión al vuelo… ¿Provocó España los incidentes?. No diría eso pero el sorprendente hecho es que, ya en la primavera de 1859 y antes de desencadenarse los mismos, un Real Decreto llamaba a filas a 35.000 reclutas…
 

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