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OPINIÓN - DOMINGO, 17 DE MAYO DE 2009

 
OPINIÓN / ventana abierta

Carta de un padre socialista

Por Miguel Ángel de la Huerga (Orientador Familiar)


Ha llegado hasta mis manos un documento que por su interés, no me resisto a compartir con Uds. Es una pena que la dimensión de este espacio no permita la reproducción completa; pero al menos voy a leerles lo que considero más interesante.

Es una carta a su hijo de Jean Jaures, diputado del Partido Obrero Francés, que en 1905 consiguió unir bajo su liderazgo a los socialistas franceses. Se publicó en el periódico L´Humanité, hoy órgano del partido comunista, que unos años antes él mismo había fundado.

Dice así:

“Querido hijo: me pides un justificante que te exima de cursar la religión, un poco por tener la gloria de proceder de distinta manera que la mayor parte de los condiscípulos, y temo que también un poco para parecer digno hijo de un hombre que no tiene convicciones religiosas. Este justificante, querido hijo, no te lo envío ni te lo enviaré jamás.

No es porque desee que seas clerical, a pesar de que no hay en esto ningún peligro, ni lo hay tampoco en que profeses las creencias que te expondrá el profesor. Cuando tengas la edad suficiente para juzgar, serás completamente libre; pero tengo empeño decidido en que tu instrucción y tu educación sean completas, no lo serían sin un estudio serio de la religión.

Te parecerá extraño este lenguaje después de haber oído tan bellas declaraciones sobre esta cuestión; son hijo mío, declaraciones buenas para arrastrar a algunos, pero que están en pugna con el más elemental buen sentido.

¿Qué comprenderías de la historia de Europa y del mundo entero después de Jesucristo, sin conocer la religión, que cambió la faz del mundo y produjo una nueva civilización? El arte, las letras y hasta en las ciencias naturales y matemáticas encontrarás la religión.

La religión está íntimamente unida a todas las manifestaciones de la inteligencia humana; es la base de la civilización y es ponerse fuera del mundo intelectual y condenarse a una manifiesta inferioridad el no conocer una ciencia que han estudiado y que poseen en nuestros días tantas inteligencias preclaras.

Te sorprenderá esta carta, pero precisa, hijo mío, que un padre diga siempre la verdad a su hijo. Ningún compromiso podría excusarme de esa obligación”.

El valor de estas manifestaciones cobra un relieve especial por su procedencia y pueden servir para hacer reflexionar a los reacios al estudio de esta asignatura en nuestros colegios.
 

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