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OPINIÓN - DOMINGO, 31 DE MAYO DE 2009

 
OPINIÓN / ventana abierta

Dificultades de los padres

Por Miguel Ángel de la Huerga. Orientador Familiar


Con motivo de las movidas, botellones y otras lindezas, se aprecia una tendencia a cargar sobre los padres el peso de toda la culpabilidad de estas situaciones límites a la que se ha llegado, por aquellos que debían haber actuado de otra manera, para tratar de evitarlas.

Me gusta comparar a los jóvenes con el agua, que está dispuesta siempre a ocupar todo el espacio que encuentra y a derramarse por todas las grietas y oquedades que se le van presentando. En este símil, la educación sería como la acequia que detenga y canalice ese flujo hacia la consecución del importante objetivo de hacer personas maduras. Esta es la actividad de los educadores y, sobre todo, de los padres, máximos responsables de la educación de sus hijos menores. Con frecuencia las acequias presentan irregularidades que provocan torbellinos en sus aguas mansas; pero pasado algún tiempo, el transcurrir de ellas se vuelve nuevamente sosegado.

El problema se presenta cuando las acequias tienen grietas, roturas y sumideros por un mal cuido de quien tiene la obligación de mantenerlas en buen estado, incluso provocando en ocasiones, averías maliciosas con intenciones aviesas. Entonces, las acequias, los padres en este caso, no podrán ejercer su cometido o lo harán con mucha dificultad.

Los jóvenes son proclives a intentar el placer inmediato, lo que ellos llaman pasárselo bien, por ello están siempre prestos a aprovechar cualquier resquicio que se le vaya presentando. La educación consiste, precisamente, en tratar de canalizar sus comportamientos.

Con el pretexto de proteger al niño de algunos padres maltratadores, que los medios de comunicación se encargan de airear hasta la saciedad, se crean unas leyes del menor que socavan la autoridad de los padres, en su inmensa mayoría dedicados totalmente a sus hijos, limitándoles así, su capacidad de maniobra. Con un concepto erróneo de libertad, libertad que debe estar siempre subordinada a la autoridad de los padres, se promulgan leyes de educación que incapacitan a los profesores a desarrollar su profesión. Estas son las averías y las grietas provocadas por los que deberían realizar el mantenimiento de las acequias, ayudando a los padres y educadores a canalizar la formación de los menores.

No son los padres, sino la progresía, la causante de la lamentable situación actual, por su concepción de la juventud y la familia; y por su inhibición, en unos casos, y la promulgación de leyes inadecuadas, en otros.
 

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