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OPINIÓN - JUEVES, 4 DE JUNIO DE 2009

 

OPINIÓN / EL OASIS

Carmen Romero
 


Manolo De la Torre
manolodelatorre@elpueblodeceuta.com
 

María del Carmen Cerdeira había sido nombrada Delegada del Gobierno en Ceuta. Corría el año de 1994. Y debo decir que hasta entonces apenas si habíamos hablado tres o cuatro veces. No obstante, hacía todo lo posible para que yo entrevistara a los dirigentes socialistas que visitaban la ciudad.

Me recuerdo que María del Carmen se las apañaba siempre para que sus compañeros me concedieran más minutos de entrevista de los que en principio solían conceder. Y además les adelantaba, haciéndome el artículo, con qué clase de inquisidor se iban a enfrentar. Con lo cual me facilitaba la incómoda tarea de romper el hielo de la conversación.

De aquellas entrevistas, con ministros y cargos destacados del Gobierno presidido por Felipe González, hubo una en la cual nos lo pasamos bomba los tres. Carmen Romero, cual entrevistada; Carmen Cerdeira, como testigo; y servidor. Y es que quien escribe nunca ha olvidado lo mucho que disfrutó ante aquellas dos señoras estupendas y que estaban en sazón.

La entrevista transcurrió en una salita de la sede socialista. Y se conoce que a Carmen Romero, pese a lo bien que de mí le había hablado su amiga, la Delegada del Gobierno, se le había olvidado decirle al guardaespaldas que ese día no tocaba interrumpir la conversación poniendo como excusa, en este caso, que se aproximaba la hora de embarcar.

Así que en cuanto el hombre encargado de protegerla, calculando el tiempo previsto, cumplió con su papel, se encontró con la respuesta de la esposa de Felipe González: “Gracias... Pero si perdemos el próximo barco, ya cogeremos el siguiente”. Y así zanjó la cuestión. Que me imagino era un pacto entre ambos, a fin de salvar a la señora de los inevitables tostones que tendría que soportar.

De cómo me gané la voluntad de aquella mujer que había conseguido enamorar a tantos españoles, y a cuya cabeza estaba Francisco Umbral, diré que siempre se lo he achacado a la primera pregunta que le hice: “Carmen, ¿qué supone su padre en su vida?”.

Y Carmen Romero, sin cortarse lo más mínimo, me soltó un “coño” convencional, para decirme a continuación que ya era hora de que alguien no empezara una entrevista preguntándole por Felipe González. Porque me tienen de Felipe hasta las... Lo cual me supo a gloria. Porque se decía, en esos años, que los socialistas ya no usaban tacos.

Deliciosa Carmen Romero; la diputada que adoraba a su padre -dedicado a obras sociales- Vicente Romero Pérez de León, médico del arma de Aviación, y del que podía hablar bien poco porque a ella los periodistas la asaeteaban sólo a preguntas acerca de su marido: el presidente del Gobierno.

Ni que decir tiene que aproveché su buena predisposición para preguntarle si Felipe le había puesto los cuernos en muchas ocasiones. Y ella, aquella Carmen briosa y espectacular, no dudó en expresarse así: “Felipe es un torero... y los toreros suelen poner cuernos”.

Carmen Romero llegará el viernes para participar en el fin de campaña electoral, junto a la candidata Izaskun Bernal. Y yo la miraré con los mismos ojos que en 1994. Bienvenida usted a Ceuta, señora.
 

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