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OPINIÓN - JUEVES, 4 DE JUNIO DE 2009

 

OPINIÓN / SNIPER

Obama, Israel y el Islam
 


José Luis Navazo
yebala06@yahoo.es

 

Ayer y hoy pueden ser días de inflexión, tanto en las relaciones Occidente-Islam como en el conflicto árabe-israelí. El presidente de los Estados Unidos, Barack Hussein Obama, se apresta a pronunciar un estudiado discurso en uno de los corazones intelectuales del Islam, la universidad egipcia de Al Azhar, en la que el mandatario norteamericano lanzará su mensaje en pos de una nueva estrategia de colaboración basada en dos ejes: los intereses comunes y el respeto mutuo, abordando “nuevas áreas de colaboración”. Su breve estancia en El Cairo (histórica capital del califato fatimí, rival ideológico y coetáneo del abasida de Bagdad y el omeya-andalusí de Córdoba), fue precedida de un encuentro de alto nivel en Arabia Saudí, donde mantuvo una entrevista con el rey Abdalá, representante de la rama más rigorista del Islam, el wahabismo y de la que es prematuro sacar conclusiones. Sorpresivamente Jerusalén, capital de Israel (y segunda ciudad santa del Islam tras La Meca), ha quedado fuera de la gira presidencial si bien, ya en Europa, Obama se desplazará al campo de concentración de Buchenwald, eslabón de la política genocida del Tercer Reich. La “Shoá”, el exterminio judío, que líderes regionales como el mandatario islamo-fascista iraní, Ahmadineyad, se niegan todavía a reconocer, mientras amenazan con borrar a Israel del mapa rematando la obra de Hitler.

Tres parecen ser los ejes sobre los que Barack Obama articulará su estrategia, vital para el futuro y proyección de los valores occidentales gracias al músculo, ciertamente fatigado pero aun potente, de los Estados Unidos; Europa, todavía sin proyección estratégica, apenas cuenta. El nuevo modelo de relación con el mundo islámico (en el que los árabes conforman, por cierto, una minoría de ¼ de los mil doscientos millones de musulmanes repartidos por el mundo), la contención de un Irán nuclear y un acuerdo honroso y definitivo para israelíes y palestinos, serían el trío de ases que persigue el joven y animoso presidente de ese gran país, los Estados Unidos. En cuanto al modelo de relaciones con los países musulmanes un apunte, pues Obama no debería de perder de vista el concepto de reciprocidad ni la diferente escala de valores: si Occidente tiene por referente la Carta Universal de Derechos Humanos de las Naciones Unidas (la praxis sería otro asunto), los valores del Islam se contienen en la Carta de Derechos Humanos del mundo islámico, rubricada precisamente en El Cairo y que Obama debería estudiar.

Por otro lado está el enconado conflicto israelí-palestino. Bien haría el premier Netanyahu en retomar el testigo del general Rabin y apostar, de frente y por derecho, por la paz de los valientes. La mejor seguridad para Israel radicaría en su aceptación, como estado, por la Liga Árabe. Obama podría llegar a conseguirlo y si, para ello, hay que renunciar definitivamente a la inmoral política de los asentamientos (con la que nunca estuve de acuerdo) y hacer un hueco en Jerusalén para una segunda capital palestina, hágase ya. Puede que la gira de Obama sea la última oportunidad para la paz o, en caso contrario, la antesala de Armagedón.
 

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