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OPINIÓN - LUNES, 22 DE JUNIO DE 2009

 
OPINIÓN / COLABORACIÓN

Las relaciones hispano-marroquíes vistas
a través de los medios de comunicación

Por Samis Amis Bennis, Doctor en ciencias políticas


No cabe la menor duda de que, en los últimos 50 años, las relaciones entre España y Marruecos han estado marcadas por la ausencia de diálogo y de comprensión. Los factores que han intervenido en la definición de la relación que hoy día mantienen ambos países son muchos. Las cuestiones del Sáhara, Ceuta y Melilla, la pesca, la inmigración y la delimitación de las fronteras marítimas en el espacio que comparten España y Marruecos en el mediterráneo y en las aguas del Atlántico, forman parte de los temas que han acaparado la atención de sus responsables y que se encuentran en el origen de todas las fricciones cíclicas que han ido surgiendo entre los dos países vecinos en la última mitad del siglo XX.

La persistencia de estos conflictos conforma el principal escollo que ha impedido la convergencia de los intereses de los dos países y cualquier acercamiento entre sus sociedades civiles. Basta con hacer un simple repaso a las relaciones Hispano-marroquíes, sobre todo durante los últimos años, para tener una idea clara del impacto que estos contenciosos han tenido en el estancamiento y el enfriamiento de estas relaciones.

Marruecos en los medios de comunicación españoles

Pese al acercamiento que se ha fomentado entre los dos países desde la vuelta del PSOE al gobierno español, la persistencia de estos conflictos continúa. La incompatibilidad de la posiciones de cada uno de los países junto a la poca determinación que muestran los responsables marroquíes y españoles para superar estas divergencias y encontrar soluciones equitativas y respetuosas a los intereses estratégicos de cada país, arrojan mucha incertidumbre sobre el futuro de las relaciones Hispano-marroquíes. Esta situación nos lleva a pensar que, una mejora real y duradera de estas relaciones, no estará garantizada mientras no se consiga un avance sustancial en el acercamiento de las posiciones en aquellos asuntos que crean más crispación entre ambos países.

En España existe una parte nada desdeñable de la opinión pública, de los intelectuales, de los empresarios y de los políticos que abogan por un verdadero acercamiento de su país con Marruecos. Sin embargo, sigue existiendo otro sector social más mayoritario que concibe dichas relaciones desde el prisma de la confrontación y el antagonismo y que ve a Marruecos como un enemigo para los intereses y la seguridad españoles. Aunque en menor medida, esta última idea es aplicable al pensamiento de una parte de los expertos marroquíes. Hoy por hoy, la elite gobernante marroquí no ha conseguido que las relaciones con España se asemejen a las que mantiene con Francia desde la independencia de Marruecos. Parece que los estereotipos y la desconfianza, afianzados a uno y otro lado del Mediterráneo, siguen teniendo una gran incidencia en la orientación de la política exterior de cada país respecto al otro.

Todo aquel que desee ver un salto cualitativo y una mejora notable en las relaciones entre los dos países vecinos, no puede sino rechazar que un sector importante de la sociedad española siga mirando a los marroquíes con condescendencia, rechazo y desprecio. Es este sentimiento de condescendencia el que sigue imposibilitando un verdadero acercamiento entre los dos países.

Además, esta visión que los españoles tienen de los marroquíes, se consolida con el tratamiento, cargado de tópicos y estereotipos, que los medios de comunicación españoles hacen de la sociedad marroquí. En efecto, cuando uno observa las informaciones que las cadenas de televisión o los diarios españoles ofrecen a la opinión pública española sobre Marruecos, se da cuenta de que este país es noticia sólo cuando se trata de asuntos conflictivos, en los que la posición de ambos países es opuesta.

Los principales asuntos marroquíes que tratan los medios españoles se refieren a la inmigración ilegal, el tráfico de drogas, la cuestión de la pesca, los conflictos de Ceuta, Melilla y el Sáhara, o el tratamiento de problemas sociales como la situación de la mujer en Marruecos, la falta de libertades y de derechos humanos o el aumento del peso de los partidos islamistas en el escenario político marroquí. De acuerdo con Francis Ghiles, experto en relaciones internaciones, este tratamiento selectivo de los temas relacionados con Marruecos hace que en España no se tenga conocimiento sobre los profundos cambios, tanto a nivel económico como político o social, que están teniendo lugar en este país, además de consolidar en los españoles la imagen de Marruecos como un vecino problemático e incómodo: “A excepción de los asuntos políticos, debe subrayarse que tanto los principales periódicos como las cadenas de televisión españolas, rara vez cubren noticias sobre el norte de África en general y Marruecos en particular. Temas como el comercio, las inversiones o las finanzas brillan por su ausencia, privando así a la opinión pública española de una imagen más realista de los cambios que se están dando en el flanco sur. Esta escasa cobertura sobre asuntos económicos supone una traba para España, ya que el dicho de «moros en la costa» es síndrome de un perjuicio muy asentado, resultado de la historia Sin embargo, una correcta información sobre los cambios que están ocurriendo en la actualidad en la economía marroquí y en sus instituciones políticas podría ayudar a dar una visión más benévola y realista de los acontecimientos que tienen lugar en el reino más antiguo del mundo árabe”.

Esta falta de objetividad en el tratamiento de los acontecimientos relacionados con Marruecos ha sido denunciada también por la Profesora Amina Bouayach. Así, refiriéndose a la crisis de Perejil en 2002, Amina Bouayach subraya el tono bélico y denigrante que la prensa española utilizó para denunciar la «agresión» marroquí, haciendo hincapié en el hecho de que Marruecos sigue siendo un enemigo de los intereses estratégicos que España tiene en el Mediterráneo: “Los diferentes medios de comunicación se interesaban en hechos diversos, en acontecimientos sin importancia, en todo aquello que podía suscitar críticas en relación al estado marroquí, pero rara vez en los debates políticos, económicos y sociales, a veces encarnizados sin lugar a dudas, pero de gran importancia en la vida de una nación. Se ha leído pocas veces en la prensa española, o visto en las cadenas de televisión, reportajes, entrevistas o testimonios de personalidades marroquíes o españolas, que explicaran las transformaciones que vive Marruecos. La prensa española se ha «distinguido desde 1999 hasta finales del año 2002 por sus artículos agresivos y por sus juicios de valor».

Por su parte, José Miguel Zaldo ha realizado una comparación entre el tratamiento respetuoso y afectuoso que los medios de comunicación españoles reservan a los países latinoamericanos y el tratamiento negativo que hacen de los asuntos marroquíes. Zaldo, lamenta esta tendencia sistemática de los responsables de los medios españoles, que aprovechan la más mínima oportunidad que se les presente o el menor incidente que ocurra en la compleja agenda bilateral hispano-marroquí, para cargar sus tintas contra este país: “Pero siendo Marruecos un país con menos problemas y más potencial para nosotros que otros, el tratamiento que recibe en muchos de nuestros medios de comunicación no es, ni mucho menos, lo afectuoso y respetuoso que es con Latinoamérica.

Muy al contrario, yo que quiero y respeto a Marruecos, siento vergüenza al escuchar y leer lo que algunos medios dicen y escriben: la mayor parte no es cierto y, aunque lo fuera, deberían tratarlo con más cariño y respeto como hacen con otros. Creo que este problema del tratamiento de nuestros medios a Marruecos es grave porque fomenta los estereotipos negativos, el racismo y las malas relaciones con el vecino, con el que necesariamente tenderemos que entendernos […]”.

Marruecos es uno de los escasos países del área árabo-musulmana en el que existe un sistema político pluralista, por muy defectuoso y mejorable que sea, y cuya población goza, hasta cierto punto, de libertad de expresión, sindicación o de manifestación. Por este motivo, cabe preguntarse por qué los periodistas españoles, sobre todo en los periodos de más crispación, centran sus esfuerzos en la crítica mordaz a la vida política marroquí. Además, el tratamiento mediático que reciben otros países situados no muy lejos de España como Argelia, Túnez o Libia, en los que los derechos humanos son vulnerados frecuentemente y cuyos ciudadanos gozan de muchas menos libertades fundamentales que los marroquíes, es más benévolo que el que se hace de los temas que afectan a Marruecos. Este fenómeno pone de manifiesto que la intención de los responsables de los medios españoles no es la de difundir una información objetiva acerca de los cambios que está experimentando la clase política marroquí sino desprestigiar y desacreditar a los máximos representantes del régimen marroquí.

La otra cara de la moneda

No obstante, cabe señalar que la imagen que los marroquíes tienen de los españoles no es mejor que la que éstos tienen de ellos, ya que, en el imaginario colectivo marroquí, se ha forjado una visión de España sustancialmente menos indulgente que la que se tiene del resto de países occidentales.

Al igual que los españoles, los marroquíes siempre han contemplado a su país vecino desde una perspectiva condicionada por el antagonismo religioso que enfrenta a estas dos sociedades desde finales del siglo XVI. Esta circunstancia ha hecho que los marroquíes se hayan forjado una imagen distorsionada de los españoles convirtiéndolos en los representantes de una religión «falsa», «intolerante» y «sectaria». Todos los aspectos de la vida de los españoles han sido contemplados desde la religión musulmana y, por tanto, demonizados, despreciados, denunciados y denigrados.

La «intolerancia», la «cerrazón» y la «traición» forman parte de los atributos negativos que los marroquíes atribuyen a los españoles. No son pocos los marroquíes que todavía guardan un cierto resentimiento hacia los españoles por la forma en la que fueron tratados los últimos musulmanes de Al-Andalus y por su incumplimiento de los pactos que firmaron para garantizarles la práctica de su religión sin ser perseguidos o expulsados por ello de España. En el imaginario marroquí, la mayor evidencia de la «intolerancia» religiosa de los españoles lo constituyó el trato deparado a los musulmanes que se quedaron en España después de la caída de Granada en 1492, y las injusticias cometidas en su contra por los tribunales de la Inquisición.

A esta imagen del español como representante de una religión «intolerante» y de una civilización «agresora» se añade a mediados del siglo XX la de España como el país más atrasado y pobre de Europa.

Para un sector considerable de la sociedad marroquí por mucho que los españoles se esfuercen, nunca podrán alcanzar el nivel cultural de los demás europeos. En el imaginario colectivo de los marroquíes, España sigue siendo el país de la fiesta y el divertimento y los españoles son considerados menos cultos, menos abiertos y menos trabajadores que sus vecinos europeos. “En general, cuando se habla de los españoles en Marruecos, siempre se refiere a ellos como gente maligna, racista e incluso avara. Mis amigos que trabajan en el sector turístico suelen hablar, en general, bien de todos los occidentales, menos de los españoles. Son gente cerrada, tienen poca confianza en los extranjeros. Los españoles en Marruecos tienen la fama de no conocer otras lenguas a parte de la suya. Incluso los que las conocen se aferran a hablar la suya con los extranjeros, conociéndola éstos o no […]”.

Durante los últimos años estamos asistiendo a una mejora de la imagen de España en Marruecos. Así se pone de manifiesto en una reciente encuesta realizada en Marruecos en las que dos tercios de la población dice tener una imagen positiva de este país. Sin embargo, cuando las relaciones entre Marruecos y España atraviesan un periodo de tensión y de crisis, la imagen negativa de los españoles aflora entre un sector nada desdeñable de la opinión pública marroquí. Es en esos momentos de incomunicación entre los dos países, cuando una parte de los marroquíes expresa su sentimiento de rechazo y de hostilidad hacia todo lo español y reactualiza todos los estereotipos que los marroquíes se han forjado de sus vecinos del norte.

A este respecto, no hay que pasar por el alto el papel extremadamente negativo desempeñado por los responsables de los medios de comunicación marroquíes quienes hablan frecuentemente de España en términos problemáticos y conflictivos. Los medios de comunicación marroquíes tienden a presentar a España como un adversario para los intereses estratégicos de Marruecos, raramente hablan de este país como su socio económico o su aliado político y a los responsables españoles suelen describirlos como personas engreídas y arrogantes.

Un país “irritante”


El último ejemplo que pone de manifiesto el tono agresivo que suelen adoptar los medios de comunicación marroquíes al hablar de España lo constituye la crisis en las relaciones bilaterales que estuvo vigente entre 2001 y 2003. De hecho los responsables mediáticos marroquíes no desaprovecharon ninguna ocasión para expresar su frustración y condena de la posición española, arremetiendo contra el gobierno español resaltando su arrogancia, su mentalidad tardofranquista, su connivencia con los enemigos de Marruecos y su voluntad de atentar contra sus intereses sagrados.

El profesor Salah Eddine Ennaji resume perfectamente la imagen que dan generalmente los medios de comunicación marroquíes sobre España: “La imagen de España que aparece en nuestros medios de comunicación es la de un país «irritante» a diario, que nos causa problemas, que no para de darnos, sin razón aparente, una de cal y otra de arena, que nos humilla de forma regular al mismo tiempo que nos tranquiliza diplomáticamente, que nos coge a menudo de improviso, nos sorprende con cambios, con […]. Nuestra prensa, partidaria de esta imagen a la que alimenta, extrae encantada y abundantemente del léxico de nuestros políticos y miembros de la elite […] para hacer titulares: «sorprendentemente», «sorpresa», «incomprensible cambio», «declaración no amigable», «injusta medida».

Del análisis de la prensa de una y otra parte del Mediterráneo, se llega a la conclusión de que los medios de ambos países tienden más a fomentar el alejamiento y la incomunicación que a promover el acercamiento y el conocimiento entre sus sociedades civiles. Teniendo en cuenta el gran foso cultural que separa a españoles y marroquíes, para que podamos asistir a un acercamiento entre los dos pueblos, es necesario que los medios de comunicación adopten un enfoque más objetivo, más sereno y más constructivo en su tratamiento de los temas relativos a las relaciones entre sus respectivos gobiernos.

En cuanto a la posición española, creemos que es primordial que los responsables de los medios de comunicación replanteen y repiensen su manera de tratar cuestiones relacionadas con Marruecos y dejen de contemplarlo desde un prisma siempre negativo, problemático y simplista. De hecho, del análisis del tratamiento mediático de Marruecos en los medios españoles, se desprende que los responsables de éstos se apartan de su principal cometido: tratar los acontecimientos de manera neutral y sin ánimo de manipular las noticias, influyendo, por tanto, en la orientación del comportamiento de los ciudadanos españoles hacia los marroquíes. Estos esfuerzos deben focalizarse tanto en el tratamiento de los asuntos internos de Marruecos que, salvo raras excepciones, suelen ser presentadas de una manera simplista y caricaturesca que no se corresponde con la realidad del país, así como en el tratamiento del tema de la inmigración y del colectivo marroquí afincado en España.

Estos mismos cambios también han de llevarse a cabo del lado marroquí. Como ya hemos mencionado, los medios de comunicación marroquíes no suelen ser ni benevolentes ni objetivos en su tratamiento de los temas relativos a las relaciones entre España y Marruecos. Basta con analizar algunos de los artículos que fueron publicados sobre este asunto durante la crisis bilateral hispano- marroquí de 2001-2003, para ver hasta qué punto los medios de comunicación marroquíes ofrecen una imagen distorsionada de España, que suele aparecer como un obstáculo para los intereses estratégicos de Marruecos.

En definitiva, creemos que todavía queda un largo camino por recorrer para que los responsables mediáticos marroquíes dejen de alinearse con las posiciones oficiales presentando a España como una potencia colonial y a sus dirigentes como adversarios de los intereses de este país. Por el contrario, los temas que suelen crear más crispación, deben abordarse con serenidad y con el objetivo de aportar a la opinión pública un conocimiento verdadero de la realidad de los problemas que aquejan a sus relaciones bilaterales. Sólo una toma de conciencia por parte de los medios de comunicación, que acabe con la forma tendenciosa de abordar las relaciones mantenidas por los gobiernos de ambos países, podrá convertirse en un instrumento de acercamiento y de estrechamiento de los lazos entre sus sociedades civiles. Sólo así se podrá crear un espacio de entendimiento y de comprensión que ayude a superar los diferentes obstáculos que aparezcan en el futuro y que afecten a las relaciones bilaterales de estos dos países.
 

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