PortadaCorreoForoChatMultimediaServiciosBuscarCeuta



PORTADA DE HOY

Actualidad
Política
Sucesos
Economia
Sociedad
Cultura
Melilla

Opinión
Archivo
Especiales

 

 

sociedad - DOMINGO, 28 DE JUNIO DE 2009


Álvaro Siza. fidel raso.

Trayectoria del autor de La Manzana del Revellín
 

Álvaro Siza: arquitectura
para los sentidos y el espíritu

Ceuta quedará impregnada para siempre, a través del complejo de La Manzana, de la esencia de este arquitecto, cuyas obras, algunas consideradas maestras, han merecido los premios más importantes
 

CEUTA
Tamara Crespo

ceuta
@elpueblodeceuta.com

La arquitectura de Álvaro Siza es alegría para los sentidos y un estímulo para el espíritu. Cada línea, cada curva están colocadas con habilidad y seguridad”. Así lo declaró el jurado del premio Pritzker, el ‘Nobel’ de la arquitectura, en 1992, al seleccionar al más famoso arquitecto de Portugal para otorgarle el prestigioso galardón, que concede la Hyatt Foundation de Chicago. Álvaro Joaquim Melo Siza Vieira (Matosinhos, 1933), que vio construida su primera obra en 1954, ha acumulado a lo largo de medio siglo de actividad los más importantes galardones y se ha ganado el respeto de muchos colegas que lo consideran el último de una estirpe de “elefantes blancos”, un arquitecto que comenzó su carrera en las filas del modernismo, heredero de celebérrimas figuras como Mies Van der Rohe o Le Corbusier, y ha terminado por considerarse incalificable, pues ni a él mismo le parece que pueda hablarse de un “estilo” general en su obra. Rafael Moneo, uno de los grandes que reconoce la deuda con Siza, al que ha seguido -dice en las ‘Conversaciones con Siza’, del periodista Valdemar Cruz-, “con admiración y respeto”, que entre las principales virtudes del portugués están la comprensión del lugar, la capacidad de trabajar “con una extraordinaria economía de medios y con extrema sensibilidad”, y que “domina la escala, es preciso en el diseño, se recrea en los espacios y, además, es capaz de hacer de su arquitectura un ejercicio poético”.

Su obra en Ceuta

Entre los cientos de lugares del mundo en los que Siza dejará su impronta se encuentra Ceuta, que en su Manzana del Revellín verá reflejada parte de esa poesía, pues, a pesar de los cambios experimentados respecto a su proyecto original, el arquitecto no ha abandonado a su hijo y, a pesar también de que como él mismo cuenta, cada vez le cuesta más viajar, acude a la ciudad de forma periódica para seguir el desarrollo de la obra. La próxima vez será, de cumplirse sus previsiones, mañana. No son pocas las veces en que ha declarado que el arquitecto no es más importante que sus edificios y quizá por ello no parecen afectarle los vaivenes que factores externos causan a veces en proyectos arquitectónicos de autor. Él persevera, como ha hecho con la Manzana y porque la inteligencia y obstinación son, según su propia familia, dos de los rasgos de su carácter.

Siza no parece sufrir los envites de la soberbia o la vanidad y, de hecho, no le gustan las entrevistas, y es de los pocos arquitectos de su nivel que no tiene una página web que difunda su trabajo en el medio de información más utilizado de nuestros días. “La mayoría preferimos el anonimato a la fama” -dice convencido en un pequeño reportaje del ‘Biography Chanel’, precisamente en internet’-, para explicar que no obstante “algunas profesiones llevan implícita esa notoriedad pública, como la de un actor de cine, un artista o un político”. “Pero no creo que haya muchos datos biográficos míos, ni que mi vida sea demasiado interesante, porque se restringe a mi vida profesional”, asevera.

En su obra figuran algunas que han dejado marca en compañeros de profesión como Frank O. Gehry, que sobre su Iglesia de Marco de Canaveses, situada a 40 kilómetros de Oporto, asegura que es “extraordinaria, una pieza de arquitectura serena y poderosa que no se inspira en nada ni en nadie”. Él, por su parte, afirma inspirarse en el entorno sobre el que trabaja y, según testigos directos de su llegada a la ciudad, el 12 de diciembre de 1997, eso hizo precisamente entonces, impregnarse de la luz, el paisaje y las formas arquitectónicas de Ceuta, observar a sus gentes, interesarse por su historia, su patrimonio. Algunas de las primeras fotografías que se le hicieron en la ciudad lo muestran lápiz en mano, dibujando, algo que según sus biógrafos, ha hecho desde niño y que aún hoy continúa siendo una de sus costumbres más “compulsivas”, parecida a la que le lleva a encender un cigarrillo tras otro. “Su mano mide y dibuja con una sugestiva combinación de sencillez y plasticidad”, dice Javier Arnáiz, arquitecto de la Ciudad y, por tanto, seguidor de todos sus pasos desde su desembarco a este lado del Estrecho. Este compañero de profesión y de punto de vista, explica en su trabajo ‘Visiones para el Revellín’, realizado para las Jornadas de Arquitectura y Urbanismo del Instituto de Estudios Ceutíes (IEC), que la aproximación de Siza al terreno “atravesando las calles”, le permite diversos acercamientos al papel activo de la luz”. “Calcula distancias, capta la proporción áurea de la vida ciudadana y el sudor del pasado con su tupida red de relaciones internas, resonancias y reflejos”, relata Arnáiz, para concluir que es el dibujo “su instrumento clave para el desvelamiento y para clasificar y plasmar el equilibrio de fuerzas con el entorno”.

Ese proceso le llevó a crear la ‘Manzana’ ceutí y, antes y después, una interminable y apabullante lista de edificios algunos de los cuales, como la ya citada iglesia de Marco de Canaveses, son consideradas obras maestras de la arquitectura contemporánea.

En su largo haber, una relación de unos 200 edificios y proyectos de todo tipo, desde museos a pabellones, casas... y reformas urbanísticas completas, como la reconstrucción del barrio lisboeta del Chiado o la del Paseo del Prado-Recoletos (Primer Premio del concurso de ideas), figuran también las viviendas sociales de la Quinta da Malagueira, en Évora (Portugal); la Escuela de Arquitectura de Oporto; la Recuperación del campo di Marte, en Venecia (1er Premio); el Museo de Arte Moderno de Galicia, en Santiago de Compostela; el Rectorado y Biblioteca de la Universidad de Valencia; la Facultad de Periodismo de Santiago de Compostela; el Museo J. Paul Getty. (1er premio), en Malibú, EEUU; el plan de rehabilitación del centro histórico de Palma di Montechiaro, Italia; el Pabellón de Portugal en la Expo ‘98, en Lisboa; el Rectorado de la Universidad de Alicante; el Hospital de Toledo (1er premio); el Museo Mimesis, de Paju Book City, en Corea del Sur; el Vitra International furniture factory, de Weil am Rhein, Alemania...

Siza, el arquitecto que quiso ser escultor, el dibujante que levanta edificios y reconstruye la epidermis de una ciudad, el poeta de la luz, el gran hombre con maneras humildes, desea sobre todas las cosas, como dejó dicho en Ceuta, que después de meses, de años de trabajo, quienes entren en un espacio por él creado se sientan “bien”, que ese vacío que él llenó o esa claridad que domeñó pasen a formar parte de la vida cotidiana de las personas que los habitan. Sólo falta una recta final para que los ceutíes puedan saber qué sensación es esa que a un genio tanto estimula.
 

Imprimir noticia 

Volver
 

 

Portada | Mapa del web | Redacción | Publicidad | Contacto