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sociedad - DOMINGO, 28 DE JUNIO DE 2009


Rahama Abdeselam. el pueblo.

LEY CONTRA LA VIOLENCIA DE GÉNERO
 

“Mis niñas deben saber
la realidad que he vivido”

Rahama Abdeselam es la segunda mujer
ceutí a la que han retirado la custodia de
sus hijas tras sufrir falsas denuncias por maltrato en el ámbito familiar cuando “es a mí a la que han estrangulado contra la pared”
 

CEUTA
Cristina Marzán

ceuta
@elpueblodeceuta.com

Desde principios de su noviazgo, esa etapa romántica en la que las parejas sueñan y viven por la otra persona, ella comenzaba a padecer los primeros síntomas de malos tratos. Justamente una semana antes de su boda, llegaba la primera bofetada pero las lamentaciones y el arrepentimiento de su pareja la hicieron olvidar un episodio que creía poder olvidar. “Intenté no casarme porque sabía que era un error pero mis padres me convencieron diciéndome que él cambiaría”, explicaba Rahama Abdeselam, la segunda mujer ceutí a la que han retirado la custodia de sus hijas tras pasar por el divorcio y falsas denuncias de maltrato en el ámbito familiar.

Un 22 de septiembre de 1992, la ceutí contrajo matrimonio por el rito coránico en Marruecos y doce años después, un 23 de septiembre de 2006, su ex marido le interpuso una denuncia que se saldó con la separación de sus hijas, a las que quiere hacer llegar el sufrimiento por el que ha pasado todo este tiempo y que prefirió ocultar para no hacerles partícipes de sus discrepancias con su padre. “Me manejaba con su mal carácter pero siempre era más fuerte que yo, convenciéndome de que tenía la culpa y por eso era normal que me maltratase, no sólo físicamente, sino psicológicamente, económicamente y socialmente poniendo al entorno en mi contra”, narraba.

Cuando la familia comenzó a crecer con el nacimiento de las gemelas, y siendo ya tres, las niñas a las que tenía que cuidar sola en Castillejos “ya que mi marido salía y entraba cuando quería sin hacerse cargo de nada”, Rahama decidió trasladarse a la ciudad autónoma, donde residían sus familiares y poco a poco, fue subiendo peldaños para intentar mejorar su calidad de vida. “Tuve muchos conflictos; cuando encontré una casa no había dinero y pedí una serie de préstamos a través de mi familia. Al llegar a la vivienda comenzó mi tortura ya que me diagnosticaron fibromialgia, cáncer de útero y me achacaba que siempre estaba mal, que era una vaga y una floja, sin cumplir como madre y esposa. A todo ello se unió el que volaban los platos por la casa, más de una vez cogió a una de las gemelas y se la llevó a Marruecos para luego chantajearme”, argumentaba.

En diciembre de 2004, Rahama daba el paso de denunciar a su marido por malos tratos “ya que me estranguló contra la pared, repitiéndolo otras veces que siempre me había inventado hasta que no pude más”. Pero la decisión duró pocos meses ya que a través de intermediarios lograron convencerla para que retirase la acusación, dándole una oportunidad a su pareja que poco tiempo duró cuando los ingresos comenzaron a subir “y él me quitaba el dinero dejándome lo mínimo para mantener a la familia”. Pero las circunstancias se fueron endureciendo cuando su pareja, “que nunca se ha hecho cargo de las niñas” le interpuso una denuncia por maltrato en el ámbito familiar “ya que manipuló a mi hija mayor para que mintiese, dándome la razón el juez. Lo que pasó realmente fue que yo le pedí que hablase con ella porque sacaba malas notas y él le pegó; entonces ella me echó la culpa”, aclaraba. Todo esto cambió cuando la ceutí entró en el Plan de Empleo y comenzó a ser independiente queriendo conseguir el divorcio. “Pero me dijo que prefería irse a la cárcel por matarme antes que separarse”. Durante la jornada de trabajo de Rahama, la hija mayor se hacía cargo de las pequeñas “y mi marido aprovechó para manipularlas, diciendo que las abandonaba. Entonces entre él y la mayor inventaron que le había pegado a la niña, que la había arrastrado por el suelo mientras que el forense acreditó que no existieron las lesiones. Pero dictaron sentencia de alejamiento y me quitaron las custodia y las niñas sufren el síndrome de alienación parental. Todo este tiempo él me ha puesto denuncias falsas de maltrato que han sido falsas y demostradas y ahora lo único que quiero es que mis hijas sepan todo o que he vivido porque ellas son mi vida”, concluía.

Rahama Abdeselam ha recurrido al Centro Asesor de la Mujer, a los juzgados, a la Asociación de Padres Separados “pero en las entidades de mujeres me tachan por la denuncia y las de hombres porque mi situación es al revés, pero al final ellos no me han dado la espalda y ahora comprendo la situación que atraviesan en muchos casos cuando son las mujeres las que inventan estos episodios”.
 

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