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OPINIÓN - VIERNES, 3 DE JULIO DE 2009

 

OPINIÓN / EL OASIS

La Feria del Tapeo
 


Manolo De la Torre
manolodelatorre@elpueblodeceuta.com
 

Los romanos tardaron mucho tiempo en aceptar la ociosidad bien administrada. Cicerón, por ejemplo, en cuanto dejaba la espada colgada en la salita de estar de su casa, corría como un desesperado a coger los aperos de labranza para ponerse a trabajar a destajo.

Los romanos miraban a los griegos con desprecio y recelo. Debido, precisamente, a que éstos gustaban de hacer muy buen uso del tiempo libre. Mas, sin prisas pero sin pausas, los primeros fueron asumiendo que lo que ellos consideraban mariconadas griegas, sentaban muy bien al cuerpo y al espíritu.

Y así llegó un día en el cual griegos y romanos sentaron las bases de la buena vida y del divertimiento. Entendieron a la perfección que en todo trabajo debía haber tiempo para fumar. Y a partir de ahí no dejaron nunca más de aprovechar los tiempos muertos para dedicarse sólo y exclusivamente a darle a sus cuerpos toda clase de gustos.

En Ceuta, por su situación geográfica, sus habitantes carecen de posibilidades de coger el coche y desplazarse a los pueblos más próximos para ir dándole caprichos variados a las horas ociosas. La insularidad cuenta con sus ventajas, pero también exige imaginación a los isleños. A fin de que éstos no terminen por padecer de abrideros de boca continuos.

En esta tierra, se necesitan empresarios con imaginación suficiente para que nos distraigan con sus mariconadas (entiéndase con entretenimientos saludables), de modo que el aburrimiento no cunda entre nosotros de manera generalizada. Puesto que un pueblo aburrido acaba siempre pensando de la misma manera que lo hace Aróstegui. ¡Uf! A quien podríamos agradecerle su empalagoso tedio, si acaso en sus ratos libres hubiera tenido una idea válida y exportable.

Una idea buena es la que he leído en el periódico de hoy –jueves, que es cuando escribo-. Algunos empresarios han decidido que nos vendría muy bien celebrar la Feria del Tapeo. La idea no es original. Si bien conviene, cuanto antes, agradecerles que quieran hacernos pasar unos días agradables, en recintos tan estupendos como pueden ser Las Murallas Reales o el Parque Deportivo Juan Carlos I.

No estaría, pues, nada mal, ni mucho menos, contar con treinta casetas –lo de stand me parece una cursilada- repletas de aperitivos y compitiendo unas con otras. En una feria así, seguro que se daría cita mucha gente. Y el éxito estaría asegurado. El éxito de crítica y público.

Aunque mucho me temo que, dado que la idea no ha salido del caletre de quien aquí maneja todos los hilos de interservicios y cosas de esas tan raras y tan llenas de entresijos, el asunto sea considerado una tontería de tres al cuarto y pase a ocupar las estanterías de las celebraciones tenidas por paletas e improcedentes.

Pero no, en esta ocasión me he equivocado. Y bien que me alegro. Pues antes de entregar la columna me han dicho que quienes mandan en estas cosas han sido benevolentes. ¡Albricias, pues!
 

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