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OPINIÓN - SÁBADO, 4 DE JULIO DE 2009

 

OPINIÓN / ALGO MÁS QUE PALABRAS

El amor en la verdad
 


Víctor Corcoba Herrero
corcoba@telefonica.net
 

Es evidente que cohabita la verdad en el amor cuando el amor es de verdad. No hay matices, o se está con la verdad o se está con la mentira. Es el ser de las cosas y todas las cosasque  son por amor prevalecen en el tiempo. No tienen fecha de caducidad. Lo auténtico enciende una luz, que a más tiempo más resplandece. La verdad florece al fin como el jardín de los poetas que juegan a ser niños, a sabiendas que sólo aquello verdadero nos hará libres y justos. Sin duda, pues, considero muy acertado y fructífero el título de la nueva encíclica social de Benedicto XVI: “Caritas in veritate” (“El amor en la verdad”), en un tiempo de excesivas usuras y de caudalosos desamores.

El nuevo mundo, porque este hábitat ya es viejo y necesita rejuvenecerse, ha de avivar dos fuentes de aire: un desarrollo integral y un progreso sostenible. No podemos seguir eclipsando la vida, bebiéndonos existencias que tampoco nos pertenecen, malgastando la nuestra propia. Por ello, urge transmitir la verdad, educar en la veracidad, lejos de sectarismos, cultivar el corazón para que espigue un desarrollo humano y un progreso humanista. El más níveo poema que puede lanzarse a los cuatro vientos, cuando la asfixia deshumanizadora es tan agobiante como en el momento actual, es el bien del ser humano, el bien de toda persona, que no es otro que vivir en la poesía de los efectos del raciocinio y realizarse en la afectividad. El mundo necesita efectos pacificadores y afectos que abran las puertas del corazón humano.

Vuelva al mundo el reino de la verdad, globalícese el axioma, ámese la prueba de ser lo que se es y socialícese, para que la belleza retorne al planeta y se retuerza la hipocresía de dolor. Hay que tener el valor de sincerarse con uno mismo, lo importante no es la fama y el dinero, sino abrazar la verdad, el naciente del amor, que es lo que nos da vida. Convendría preguntarse: ¿Estamos dispuestos a unirnos para desterrar el alubión de mentiras que nos acechan? ¿Tenemos el coraje suficiente para corregir este desarrollo dominador y esclavizante? Es cierto que nos interesa la promoción del ser humano como tal, en especial del más débil, para que los brotes del amor en la verdad injerten sosiegos y esperanzas. El mundo arde en fuego, llamean las ofensivas antes que el diálogo. No es bueno este clima de desasosiego, de inseguridades, de prisiones que nos alejan de la ansiada libertad.

La verdad en el amor, como el amor en la verdad, jamás daña una causa que es justa, precisa y necesaria. La legión de cómplices de la mentira son los que deberían caer en crisis. No se debe olvidar que el desarrollo integral y la promoción sostenible es mucho más que una expresión de deseos: es un compromiso solemne de persona a persona; donde el derecho internacional ha de vestirse de éticas para hacer mundo antes que patrias excluyentes. Todos los seres humanos se merecen un desarrollo equitativo, no en vías de desarrollo, para ello sólo hace falta que tome el amor la plaza de la vida. Y vivirla de tal suerte, que lo que hacemos cada día, nos ponga en el camino de la hermosura. Al fin y al cabo, la mayor mentira es olvidarse de vivir; mientras la mayor verdad, es quererse uno asimismo para querer a los demás.
 

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