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OPINIÓN - MIÉRCOLES, 22 DE JULIO DE 2009

 

OPINIÓN / EL OASIS

En una playa de Marbella
 


Manolo De la Torre
manolodelatorre@elpueblodeceuta.com
 

Francisco Márquez, consejero de Hacienda, vivió muchos días con desazón el desarrollo de las conversaciones sobre la Financiación Autonómica. Tan a pecho se tomó el asunto nuestro hombre, lo que no era para menos, que corrieron rumores acerca de que unos nervios alojados en su estómago le traían a mal traer. Pero él, duro como el pedernal, aguantó esa racha sin dar la menor muestra de dolencias tan molestas, porque deseaba estar en su sitio cuando se diera a conocer que a Ceuta le asignaban 15 millones de euros.

En cuanto se supo la buena nueva, el consejero durmió a la pata la llana. Y se levantó al día siguiente con la sensación de que el deber cumplido era la causa que le hacía sentirse ya libre de los trastornos molestos que había padecido su organismo por mor de lo que los médicos suelen llamar distonía neurovegetativa. O sea, una acumulación de nervios y gases que motivan desarreglos que quitan las ganas hasta de respirar.

Tras recoger los aplausos correspondientes en los medios -el mío no lo tuvo, algo que le disgustó, según me dijeron-, Márquez se sintió con ganas de celebrar su éxito político. Y lo hizo como en él ha sido siempre habitual: a lo grande.

Aunque a Paco, con quien nunca hablé, tengo la certeza de que le gustaría más que se hablara de que se divirtió de manera selecta. Puesto que siendo como es persona de buenos modales, y a la que se le atribuye estar en posesión de un gusto exquisito, nadie debe extrañarse de que pase sus ratos de ocio en sitios hechos a la medida de las minorías selectas. Y está en su perfecto derecho.

Como está en su perfecto derecho de vestir con esmero y de acicalarse cuanto le venga en ganas. Y, claro, su modo de ser y de entender la vida casa perfectamente con su cuerpo bronceado y con su imagen de eterna juventud que goza tomando el sol en una playa acotada de un hotel de lujo, en la Marbella donde hasta las horteradas de Jesús Gil se convertían en detalles de buen gusto que habrían causado la envidia de un espíritu tan sensible como era Oscar Wilde.

Por tales razones, lo ilógico hubiera sido que el reportero de Antena 3 Televisión, perteneciente a un programa de los que llaman del ‘corazón’, no se hubiera fijado en Francisco Márquez. Yo creo que a la reportera o al reportero, lo primero que se le vino a la vista fue la figura de nuestro consejero de Hacienda pletórico de felicidad. Cuya soltería, y el sueldo que percibe como consejero, le permiten echarse mano a la faltriquera sin que ésta sufra merma que ponga en peligro su estabilidad económica. Lo cual sí que sería motivo de preocupación. Debido a que cualquier político, empeñado en gastar más de lo que ingresa, es siempre causa de inquietud.

Mas no es el caso que hoy nos ocupa. El caso que hoy nos ocupa es que Francisco Márquez debió ser más precavido cuando las cámaras de Antena 3 Televisión fueron a su encuentro y al de su acompañante. Porque éste, en estado de euforia, presumió de lo que costaban los mojitos. Incluso habló de dinero: trescientos o cuatrocientos euros. Calderilla pura y dura. No más. Y destacarlo fue, desde luego, una horterada. La que Paco debió impedir a toda costa. Pero ese día, sin duda, el consejero estaba en Babia.
 

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