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sociedad - JUEVES, 23 DE JULIO DE 2009


niños de san ildefonso. reduan.

NIÑOS DE SAN ILDEFONSO
 

El canto de un triunfo solidario

Los nueve niños de San Ildefonso, “sin nervios” y preparados para el gran evento, serán los encargados de repartir la suerte en el Sorteo del Oro de Cruz Roja Española a las siete y media de esta tarde
 

CEUTA
Cristina Marzán

ceuta
@elpueblodeceuta.com

Gracias a sus voces consiguen que muchísimas personas lloren de emoción, de ilusión, de alegría. Son protagonistas de grandes eventos donde, acompañados por la suerte, transmiten uno de los mejores recuerdos que podría guardar un ser humano. Y quizás sea eso lo que ellos mismos aún no saben; que en cuestión de minutos le han dado un giro a la vida de cientos de personas que, en los peores casos, sólo podían aspirar a valorar las pequeñas cosas.

Ellos, los nueve niños de San Ildefonso, serán hoy los encargados de repartir los 125 kilos de oro que se convertirán en una gran acción social a través del tradicional Sorteo de Cruz Roja Española. Aunque nunca habían visitado Ceuta, algunos supieron valorar la belleza de la tierra, “es muy bonita”, contestaba Borja, que confesaba que su sorteo preferido era el de Navidad “aunque el año pasado no canté”. Otros como Brian, y debido al cansancio del viaje, preferían “estar en casa con mis padres de vacaciones”. A pesar del esfuerzo, reconocieron su entusiasmo por participar en un evento con un fin diferente, como es el recaudar dinero para quienes más lo necesitan: “es un sorteo que nos gusta porque es la primera vez que lo hacemos”. Claro que eso no significaba que estuvieran nerviosos porque después de tantas clases tenían los impulsos muy controlados: “tenemos que asegurarnos de que no haya errores y si te equivocas alguna vez, pues nada”, aclaraba Borja.

Pese a la espectacularidad que sobre ellos recae por sus intervenciones en la Lotería Nacional o su internamiento en la residencia San Ildefonso, estos niños se sienten “igual que todos”, manteniendo una vida normal “sin mucha diferencia. Cuando vamos a clase nadie nos dice nada, no son distintos y eso me gusta”, se despedía Borja. Algo tímidos ante los focos, los repartidores del oro confesaron que se el trayecto “ha sido un poco largo y casi todos los sorteos son iguales” Pero estas experiencias no pasan desapercibidas por su memorias: “hace dos años canté el Gordo, el 6.381. No vi a la gente a la que di suerte pero llamaron. Son muy rácanos porque nos tenían que regalar algo pero, por lo menos, nos dan ilusión”, bromeaba Raúl. Y aunque son pequeños, también sueñan con que algún día a ellos le canten la suerte. “Si me tocara algo, se lo daría a mi madre porque no me hace falta nada, estoy bien como estoy”, se sinceraba Raúl.

Sin embargo, ser un niño de San Ildefonso también puede ser complejo e incluso cansino. Es el caso de Brian, quién lleva cuatro años cantando lotería siendo este su último. “Le recomiendo esta experiencia a otros niños pero por poco tiempo porque aburre y es repetitivo y lo cierto es que me gustaría estar en casa con mi familia. Al principio es algo nuevo pero luego se convierte en rutina. Y se puede considerar en diversión pero también trabajo. Además de que nadie me ha regalado nada”. Pero, a pesar de todo, “estamos contentos de haber venido”, se despedía Brian.

Vicente Ramos es el educador de la residencia San Ildefonso; durante su trayectoria ha visto pasar a ciento de niños que con su voz han dado triunfo a muchas acciones. “Intentamos normalizar su vida; por la mañana van a clases y por la tarde les ayudamos con los deberes y van con sus familias los fines de semana porque no están tutelados por nosotros. Es un recurso social y si dan el perfil, entran ya que no les pueden atender económica o asistencialmente. Los tenemos desde los 6 hasta los 14 años y una experiencia resulta enriquecedora porque pueden viajar, unos siete u ocho al año. Siempre tratamos de enseñarles lo más interesante porque es cultura”. Y en cuanto a la voz, “hay distintos papeles dependiendo del sorteo. Después de los 14 años regresan con sus familias y si el problema que ha originado su ingreso en el internado no ha sido solucionado, se hace cargo la comunidad”, concluía el profesional de San Ildefonso.
 

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