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cultura - DOMINGO, 26 DE JULIO DE 2009


espido freire. reduan.

ESPIDO FREIRE / Escritora
 

«De Ceuta me quedaré con la
luz de su cielo y el brillo de sus ojos»

Para la reconocida escritora, España “le ha dado muchas veces la espalda a la ciudad autónoma” pero confiesa que esta tierra “nos ha ofrecido varias lecciones” por ello “podría ser el escenario de alguna de mis obras”
 

CEUTA
Cristina Marzán

ceuta
@elpueblodeceuta.com

En su fugaz visita a la tierra ceutí motivada por su participación en el Sorteo del Oro de Cruz Roja, la escritora Espido Freire ha podido percibir y guardar en su memoria “la luz del cielo y el brillo de los ojos” de la ciudad autónoma. Desde su propia percepción, Espido reconoce que a Ceuta “le han dado muchas veces la espalda” desde la península pero quizás haya sido eso lo que “nos ha ofrecido varias lecciones”. Ejemplo de convivencia de cuatro culturas, la creadora contempla la ciudad como uno de los escenarios “para cualquiera de sus obras” a lo que se añade su creencia en que “las palabras tienen fuerza suficiente para cambiar el mundo” por ello intenta transmitir que la cultura “no es un tabú”.

Pregunta.- ¿Qué percepción ha tenido de Ceuta en su visita relámpago?


Respuesta.- Conocía Ceuta y también Melilla pero siempre a través del agua. Y de pronto la he conocido a través del aire y de la sangre, con los sorteos y otras ideas. Melilla y Ceuta están siempre fuera y ahora, de pronto, están dentro y nos dan lecciones.

P.- Durante su intervención en el Sorteo del Oro de Cruz Roja hizo referencia a que las palabras podían cambiar el mundo, ¿cuál sería exactamente?

R.- No está mal la que se eligió, la universalidad. Aunque yo me declinaría por otra, la empatía. Sentir que lo que tú sientes es mío y lo que yo siento, es tuyo. Independientemente de edades, naciones o lenguas, tú sientes un dolor o una emoción determinada y lo que yo siento es lo que tú estás viviendo en este momento. Y de ahí nace la literatura, que cree que con la empatía se puede conseguir ser universal y por ello nacen las oenegés, o Cruz Roja o cualquier empresa de solidaridad donde lo importante es que tú y yo seamos el otro y que nosotros seamos lo mismo. Esta es la clave fundamental.

P.- Esta empatía de la que hablas, ¿cómo se traduce en sus escritos?


R.- En novela, yo veo al desfavorecido y en ensayo, que tengo unos cuantos, lo vuelco en artículos que versan de temáticas diferentes y comunes para todos. Problemas como la enfermedad, la falta de nutrición o el desamor.

P.- ¿Podría ser Ceuta y su multiculturalidad un escenario propicio para su siguiente libro?


R.- Con cuatro culturas...claro. El problema está en que la península ha dado muchas veces la espalda a Ceuta y ha sentido que estaba ahí pero como algo incluso dispuesto a borrarlo después de varias guerras o conflictos. Para mí Ceuta es parte de España pero también es parte de una muralla que nos protege de los desconocidos. Si la tiramos, lo desconocido también es nuestro y creo que nos da una lección día a día. La de perder el miedo, perder los prejuicios y empezar a pensar que somos uno y, por lo tanto, vamos a comenzar a pensar en resoluciones, en políticas más unitarias e iguales.

P.- La música y la literatura han sido dos caminos por los que ha andado tanto en su trayectoria personal como profesional, ¿los has separado?

R.- Lo cierto es que la pasión por la música no la tuve; a mi me eligieron como niña prodigio y lo fui, pero yo iba por libre. Lo que siempre quería era escribir, ser escritora y desde los quince años, cuando escribí mi primera novela. En aquella fecha estaba en Viena y coincidió con la institución de los siete conceptos que debían definir a Cruz Roja. Estuve en París, en Edimburgo, y era una vida muy glamurosa y vistosa. Yo venía de una familia obrera y no quería eso; no quería ser un personaje, como en la ópera. Quería ser autora, alguien que dijera algo y en el sorteo me permitieron hablar y para mí ha sido el orgullo mayor. Siempre he querido que lo que yo pensara sirviera para algo y tener un pensamiento que llegase a otra gente.

P.- ¿Y dónde cree que está el secreto de la creación literaria que tanto ama?


R.- En el estudio, no darse por vencido, ser realista, tener los pies en el suelo. He visto a tanta gente con talento, que se les ha ido al universo; por eso, o trabajas, trabajas, o no consigues nada. Y la vida es justa y te consigue resultados.

P.- ¿Hay algo con lo que no se atreva Espido Freire?


R.- Me cuesta el guión porque es un lenguaje muy distinto. Para mí, la historia tiene una parte narrativa y el guión son escenas, más o menos sueltas, que me cuestan mucho entender. Temática creo que no, que he llegado a un punto que puedo hablar casi de todo y me puedo reir de casi de todo, incluso de mí.

P.- ¿Algún proyecto en mente?

R.- Tengo una empresa desde hace tres años en la que intento indicar al mundo que la cultura no es un tabú, que no es para pocos sino para muchos. Ya veremos.

P.- ¿Con qué recuerdo se ha quedado de su visita?


R.- La luz y la sonrisa de algunos niños, que estaban muy nerviosos. Y los pequeños de síndrome de down. Me quedaré con la luz de su cielo y el brillo de sus ojos.
 

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