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OPINIÓN - DOMINGO, 2 DE AGOSTO DE 2009

 

OPINIÓN / MIS COSAS

Mis cosas
 


ADE
ade
@elpueblodeceuta.com
 

Todo el mundo pendiente de que se encendiese el alumbrado extraordinario, con el que daban comienzo las fiestas patronales, en honor de nuestra patrona y alcaldesa perpetua, Santísima Virgen de África.

Y como al principio del mundo, al luz fue hecha entre los aplausos de todos los asistentes a la ceremonia. En esos momentos nuestras fiestas patronales echaban a andar un año más.

Mientras esto sucedía, se me vino a la memoria, aquellos años de mi juventud y como eran las ferias de entonces. Por supuesto la entrada no tenía la prestancia ni la categoría que tiene hoy. Una portada, que es una auténtica obra de arte y que luce más, en cuanto está iluminada.

Hay cosas que se siguen manteniendo con el paso del tiempo y que jamás, fallan en una feria, los puestos de turrón y las tómbolas aunque, lógicamente, existe una variedad en el asunto de las tómbolas y en los puestos de turrón. Todo cambia para que nada sea igual, aunque siempre será lo mismo. Las tómbolas seguirían siendo tómbolas y los puestos de turrón, puestos de turrón.

Lo único que realmente ha cambiado son los cacharritos donde, hoy día, existe una gran variedad, con atracciones modernas, que han dejado aparcadas algunas de las atracciones de mi juventud.

El Látigo sigue viniendo puntualmente a su cita, parece como si fuese algo imprescindible en una feria, pero lo que desapareció, como por encanto, es el “carro de las patas”, el Teatro Circo Chino, al frente del cual venía Manolita Chen, algún que otro circo que siempre nos llegaba en nuestras fiestas patronales y la caseta de Sandeman donde era parada obligatoria para comerse un pollo y beberse una botella de aquel vino fresquito que entraba de maravilla, pero que no tenía la misma salida.

Los jóvenes, entonces también había jovenas pero no las llamábamos así, nos cargábamos nuestra botella de aquel vino, en vasito de plástico pequeños, no nos comíamos el pollo, no por imitar a Andreita la de Belén Esteban, sino porque era un lujo para nuestros escuálidos bolsillos, salíamos pitando al carro de las patas, par de vueltas, y a sacar la entrada del Teatro Circo Chino para ver a Manolita Chen, que estaba de toma pan y moja.

Asistir a una de las funciones del mencionado teatro y ver a Manolita Chen con lo que enseñaba y los que nos imaginábamos era, para todos nosotros, un trozo de gloria pura. ¡Que pedazo de mujer!.

Terminada la función, todos comentábamos sobre la actuación de algunos de los componentes de aquel cuadro artístico que los había muy buenos, como era el genial humorista Kelo o la pareja formada por Emy Bonilla. Pero con todo, al final, la conversación se centraba en Manolita Chen y en la envidia que le teníamos al chino que era el propietario del teatro y, a al vez, el marido de Manolita.

Y hablando de estas cosas, lo único que nos quedaba era dar vueltas y más vueltas al recinto ferial, tratando de ver a la niña de nuestros sueños. Y así un día y otro día hasta la traca final, donde le decíamos adiós a nuestra feria, esperando la del próximo año y que viniese Manolita Chen.
 

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