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OPINIÓN - MIÉRCOLES, 30 DE SEPTIEMBRE DE 2009

 

OPINIÓN / EL OASIS

Inauguración del Hospital Universitario
 


Manolo De la Torre
manolodelatorre@elpueblodeceuta.com
 

Llegó Trinidad Jiménez a su cita cuando el reloj que presidía el espectáculo de la inauguración del Hospital Universitario, marcaba las diez y media de la mañana. La hora anunciada en las invitaciones para que, oficialmente, el recinto hospitalario echara a andar sin prisas pero sin pausas.

Apareció puntual la Ministra de Sanidad y Política Social para darle solemnidad a un acto de una trascendencia enorme. Ahí es nada poder disponer desde ahora de unas instalaciones hospitalarias de las que hablan y no acaban quienes han tenido la oportunidad de visitar sus interiores.

Asistí a la inauguración como invitado por parte de la Delegación del Gobierno y así me fue posible oír el discurso sencillo y breve de una ministra a la que pude ver muy de cerca. Y debo decir que Trinidad Jiménez sigue conservando ese sex-appeal del cual hablaba yo la víspera de su llegada. Ese atractivo que seguramente provocará aún tortícolis entre los funcionarios que se crucen con la señora ministra por los pasillos de su ministerio. Seguro que sí.

Ahora bien, a mí me gusta seguir recordándola como aquella mujer que vistiendo una cazadora de cuero llenó de pensamientos saludables a cuantos la vimos en aquellos carteles cual candidata a la alcaldía de Madrid. Parece mentira que, habiendo pasado siete años mal contados, una minucia de tiempo, el esplendor corporal de Trinidad haya bajado de manera sensible.

Yo tengo la impresión de que TJ ha perdido parte de su enorme tirón físico, por más que aún tenga reservas más que suficientes, porque habiendo conseguido ya ser ministra de la cosa, que tanto se le resistía, se ha descuidado un poco. Ha visto culminadas sus máximas aspiraciones políticas y se ha relajado. Y cuando una mujer se relaja, principia a olvidarse de que su elegancia va de fuera a dentro. Y comienza a comer como una desesperada.

Pese a ello, o sea, aunque yo le notara a la ministra que su cintura ya no es tan breve como cuando trataba por todos los medios de derrotar electoralmente a Ruiz-Gallardón, su primo, debo decirle que viéndola en televisión junto a Pepe Blanco, ministro de Fomento, descansando durante un mitin, un conocido mío me ha confesado que se le fue la comida por otro sitio.

Y todo porque, según él, usted estuvo a punto de hacer una fotografía insuperable.

Nada que ver, no se me asuste, con la de Sharon Stone en la escena de la película tan recordada; pero sí es prueba que responde a mi teoría acerca de que usted, ministra, se ha relajado muchísimo. Espero que la tensión que viene produciendo la gripe A, le sirva para volver a recuperar ese tono tan peculiar suyo en todos los aspectos.

Por lo demás, amén de gritar albricias, cuantas más veces mejor, por la inauguración de tan extraordinario hospital, debo decir que no entendí el motivo por el cual al portavoz de la UDCE-IU, y jefe de la oposición municipal, no se le incluyó en la comitiva que acompañó a la ministra cuando ésta decidió recorrer las instalaciones.

Pregunté y me dijeron que los elegidos lo habían sido en Madrid. Aun así, y habiendo oído varias versiones al respecto, sigo pensando que lo de Alí, aunque hubiesen enmendado el yerro a última hora, que no lo sé, es una pifia imperdonable. Una tremenda falta de tacto. Un modo de alimentar la suspicacia y susceptibilidad.
 

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